Asunción y Liberto, drama en familia

Cuándo: Desde mañana hasta el 2 de marzo.. lDónde: Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid.. Cuánto: 18 euros Tel.: 91.436.25.40.

Rabal, Balaguer y Álvarez Novoa, en la obra

La familia es un núcleo vital para el desarrollo del individuo. Pero, ¿qué pasa cuando no sabes quiénes son tus padres o quiénes son tus hijos? «Una vida robada» –antes «La mala memoria»– es una obra de Antonio Muñoz de Mesa que presenta una situación familiar dentro de la trama real de los bebés robados que sucedió en España entre los años 60 y 90. Rodada por algunas ciudades españolas, se presenta ahora en Madrid. Un drama en el que los nombres de los protagonistas están cargados de simbología: Luz (Ruth Gabriel), personaje edípico, busca una verdad difícil de asimilar. Olvido (Asunción Balaguer) es la guardiana del misterioso archivo del doctor Nieto (Carlos Álvarez-Novoa) y protectora de su hijo Julio (Liberto Rabal). Éste es el reparto que tiene como novedad el debut de Liberto Rabal en el teatro de manos de su abuela, Asunción Balaguer.

La química y el cariño entre ellos se palpa. Para Liberto, «es una suerte tenerla como madrina en mi primera obra, aunque hicimos recitales de poesía juntos. Debo agradecer a Juanjo Seoane que me haya permitido hacer el casting y pasarlo». Para Asunción, la huella familiar de Paco Rabal está presente en su nieto: «En lo dramático es dramático, en eso tiene las mismas dotes de su abuelo, lo lleva dentro y le sale solo». Por otro lado, «para aprender es bueno empezar con buenos profesionales y es una suerte tener en su debut compañeros tan serios y con tanto talento». Y continua Liberto: «El mundo es misterioso. Es curioso cómo han sucedido las cosas para trabajar juntos. Yo la admiro como actriz que, con una humildad fuera de toda medida, hace las cosas de forma magistral. Es una maestra de la que se aprende con sólo verla. Me da consejos, pero todo el equipo está siendo muy solidario». A lo que apostilla Asunción: «Es que lo vivo. Paco estaba muy ilusionado en que él fuera actor y se alegró mucho cuando mostró su vocación». «Mis padres se disgustaron –continúa Liberto– porque dejé la carrera, pero los abuelos me apoyaron siempre. Del teatro valoro la experiencia del público. Es algo único, hay una comunicación que se nota, que se transmite».

En cuanto a la obra, coinciden en que «es capaz de mantener el interés de principio a fin. Es una historia familiar con relaciones intensas, emociones y suspense en torno a un gran secreto en el contexto de los niños robados, pero éste no es el motivo principal. Es el conflicto que se produce con el choque de dos generaciones, la de los mayores, más hipócrita, y la joven, más limpia y natural. Una tragedia moderna en la que al final se produce una catarsis que les hace cambiar a todos. La verdad y el amor pueden curarlo todo», concluyen.

VÍCTIMAS Y VERDUGOS

Liberto Rabal tiene claras sus ideas: «Hay que posicionarse del lado de las víctimas –los padres biológicos– y señalar a los verdugos, aunque los

hijos consideren que sus verdaderos padres son

quienes los han criado. Es moralmente reprobable robar y vender niños».