«Amnistía animal»: ¿Qué pueblos ya no maltratan a los animales en honor a su patrón?

Se cuentan con los dedos de la mano los pueblos que han cambiado sus fiestas para evitar que se produzca el maltrato

Tordesillas «No me aportas», «Tengo derecho a mi fiesta» o «No al aborto de la gallina» fueron algunos de los mensajes que llevaban escrito los vecinos de Tordesillas
Tordesillas «No me aportas», «Tengo derecho a mi fiesta» o «No al aborto de la gallina» fueron algunos de los mensajes que llevaban escrito los vecinos de Tordesillas

«Tengo derecho a mi fiesta». Eso es lo que reivindicaban esta semana los vecinos de Tordesillas, donde, a pesar de la polémica, se celebra año tras año el Torneo del Toro de la Vega. Y eso es lo que piden desde diferentes pueblos donde como denuncian las asociaciones en defensa de los derechos de los animales se produce maltrato animal. Pero ¿y si se celebrara la misma fiesta pero sin muerte? ¿Se acabaría esta fiesta tradicional? Esa reflexión no es de un defensor, sino de una vecina de Tordesillas que el día anterior a la celebración del festejo explicaba que a ella le gusta este torneo, «es nuestra tradición, pero seguramente en unos años se acabará haciendo sin dar la puntilla al toro, es una opción... pero no hay derecho a que año tras años haya esta tensión», afirmaba. No se trata de prohibir, sino de que los ciudadanos de la localidad se pongan en la piel del toro, y de que los manifestantes se pongan en la piel de los vecinos con el fin de poder alcanzar algún tipo de acercamiento. Quizá no sea pronto, pero en un futuro se podría llegar a un consenso. Hoy muchos pensarán que no, pero es lo mismo que pensaban años atrás los vecinos de otras localidades en las que en la actualidad su fiesta no hay maltrato animal. Y es que Tordesillas no sería la primera localidad que cambia no la fiesta, sino el modo de llevarla acabo.

El pueblo de Manganeses de la Polvorosa, en Zamora, se dio a conocer internacionalmente en los años 90 por «el salto de la cabra», que consistía en arrojar a este animal desde el campanario de la Iglesia para que cayera sobre una lona. Este festejo no se hace desde 2002, según el Ayuntamiento. Hubo que hacer un bando municipal con la prohibición expresa, porque de hecho se prohibió dos años antes al constatarse que la cabra sufría estrés, sin embargo unos quintos decidieron arrojar la cabra mientras los vecinos estaban haciendo una carrera de cintas, con la consiguiente multa. Al final, pensaron en otras alternativas, y aunque al principio no gustaron, hoy los vecinos tiran una cabra de cartón o un peluche con forma de cabra seguido de un desfile y del baile de la cabra. El tiempo dirá si esta tradición continúa. Pero al menos, hoy por hoy, sí lo hace.

Otro ejemplo es Matalpino. En esta localidad madrileña celebran unos divertidos encierros sin toros. Los vecinos, en vez de enfrentarse a los astados, han de escapar de unas bolas gigantes de 120 kilos de peso y a bolas de 70 kilos para los de niños. «El ‘‘Boloencierro’’ cada vez tiene más adeptos, aunque continúa habiendo encierros de toros. Va un 20% más de gente al ‘‘boloencierro’’ que a los encierros con toros», aseguran desde festejos del Ayuntamiento de Boalo-Cerdeda y Matalpino.

También los hay que han ido evolucionando, como es el del Día del Ganso en Lekeitio (Vizcaya), que se celebra normalmente el 5 de septiembre. Esta costumbre de correr los gansos cerca del puerto tiene una tradición documentada de tres siglos y medio, según el ayuntamiento. Y desde entonces ha sufrido dos cambios importantes. Los participantes tienen que intentar llevarse el cuerpo del animal que está atado en una especie de cuerda (maroma). Hasta 1986, los gansos estaban sedados pero vivos, pero desde entonces están muertos. La celebración consiste en aguantar sin caer al agua, a pesar de que al participante le sumergirán una y otra vez, y gana quien se lleva la cabeza del ganso. Y no ha sido el único cambio. En los festejos de 2014, pusieron, además de ejemplares muertos, gansos de goma. Y la expectación fue máxima, porque lo divertido es ver las zambullidas de los participantes, no cómo parten en dos a un ejemplar para la diversión de unos. Por cierto, que no eran unos gansos de plástico cualquiera. Tal y como explicó en su día la alcaldesa, fueron creados por el centro tecnológico Gaiker, ante el temor de la propagación de la gripe aviar y cumplen con un requisito esencial para este día: la cabeza del ganso de goma se separa del cuerpo si el participante lo coge fuertemente. Ahora bien, «no son sólo de plástico. Los participantes son los que eligen si poner gansos de goma o muertos», precisan desde el Ayuntamiento de Lekeitio.

Bajo la lupa

También hay fiestas prohibidas, pero que se siguen haciendo, o que han variado algo pero sin eliminar el daño. Así, la pava de Cazalilla, en Jaén, es una tradición que consiste en tirar a una pava desde el campanario de la Iglesia de Santa María de la Magdalena del pueblo. Esta práctica está prohibida, sin embargo, este mismo año ha vuelto a repetirse. Los 2.001 euros de multa que ha puesto en los últimos años la Junta de Andalucía siguen sin evitar la celebración de este «festejo». Otro ejemplo es el caso del Toro de Coria, en Cáceres, que continúa bajo la lupa de los defensores de los derechos de los animales. El toro ya no es acribillado a dardos por el público desde el año 2009. Sin embargo, lo cierto es que recibe un disparo ante el público (este mismo año murió así «Guapetón») , aunque haya niños presentes, y con el consiguiente peligro.

Y es que el problema continúa siendo que no entendemos que no se puede maltratar a un animal por diversión. Ahora bien, dicho esto, también hay que resaltar que determinadas medidas políticas de poco ayudan. Así en 2010, el Parlamento catalán decidió prohibir las corridas de toros, sin embargo, permitió que continuasen los correbous. Es decir, toros a los que se les queman los ojos, toros al mar... De hecho, el pasado miércoles, la ONG AnimaNaturalis comunicaba que había interpuesto tres denuncias ante el Departamento de Interior por la celebración de los correbous en l’Ampolla, Sant Jaume d’Enveja y Santa Bàrbara en junio y julio pasados, donde, según aseguran, se incumplió la ley que regula las fiestas con toros.

Y es que los vecinos tienen derecho a celebrar sus fiestas, pero algo han de cambiar para que su tradición en honor a la virgen o al santo patrón no siga siendo en el siglo XXI una celebración del maltrato animal.

Tocando en fiestas con toros

Ofrecerse a tocar gratis a cambio de que no se celebre el Torneo del Toro de laVega es una iniciativa más que respetable. Eso es lo que han hecho un gran número de artistas al unirse a la iniciativa Rock in Vega organizada por la plataforma La Tortura No es Cultura, ANIMAL y la Red Internacional Antitauromaquia. Sin embargo, llama la atención que muchos de los artistas que se han sumado a ella han tocado en las fiestas populares de los pueblos que incluyen corridas de toros. Y no hace cinco o diez años, sino este mismo 2015. Es el caso de Antonio Orozco, que tocó en las Fiestas de San Sebastián de los Reyes, de MClan, en las de Butarque, Alejo Estivel en San Fermín, Siniestro Total, en las de la Vaquilla, Toreros Muertos en las de San Isidro, Álex O’Dogherty, también en las de San Isidro, y Celtas Cortos en las de Valladolid, entre otros muchos.

Toros sin subvención

Aunque muchas de las fiestas denunciadas por los grupos en defensa de los derechos de los animales continúan, lo cierto es que cada vez son más los municipios que están eliminando las ayudas económicas a la tauromaquia. Desde plataforma la Tortura No es Cultura explican que «Madrid, Valladolid y Valencia capital van a quitar las subvenciones a la tauromaquia». Y en San Lorenzo del Escorial, «ya se aprobó en agosto la eliminación de estas subveciones», añaden. Otro ejemplo es Baleares, que se ha comprometido a prohibir las corridas de toros, según el Ayuntamiento de Palma. En cambio, San Sebastián rompe esta tendencia al permitir, casi tres años después, que se celebren las corridas de toros. Ahora bien, guste o no es lo que decidieron los vecinos con sus votos.