Prevención

La prevención reduce un 70% el cáncer de cérvix

Las campañas de detección temprana y la sensibilización de la población femenina han conseguido disminuir el número de casos

La prevención reduce un 70% el cáncer de cérvix
La prevención reduce un 70% el cáncer de cérvixlarazon

Las campañas de detección temprana y la sensibilización de la población femenina han conseguido disminuir el número de casos

El tumor femenino más fácil de prevenir es el de cérvix, que ocupa el tercer puesto en frecuencia. Lucas Minig, jefe del Servicio de Ginecología de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología explica que «las mujeres entre 30 y 50 años de edad deben someterse a una citología al menos cada uno o tres años. Así podremos controlar y diagnosticar lesiones premalignas en el cuello del útero antes de que éstas progresen a cáncer».

Con este tipo de rutinas, el cáncer de cérvix ha visto reducida su incidencia hasta en un 70%. Así en España aparecen unos 2.500 casos al año, «con una mortalidad muy escasa, sólo un 2,2%», puntualiza María Jesús Rubio, del Servicio de Oncología del Hospital Reina Sofía de Córdoba. «La prevención también pasa por conocer los factores de riesgo. Uno de los principales es el virus del papiloma humano (VPH), junto a los anticonceptivos orales, el consumo de tabaco, alcohol, una dieta irregular...», subraya Rubio.

En este sentido, Charo Hierro, presidenta de la Asociación Española de Afectados por el Cáncer de Ovario y Ginecológico (Asaco), asegura que «resulta posible erradicar este tumor, pero para ello es necesario que todos nos impliquemos en ello, desde la sociedad hasta los responsables políticos».

Dado que los hábitos saludables se han de mantener siempre y las revisiones ginecológicas están ya más que instauradas en la mayoría de las mujeres, otra forma de prevención es la inmunización frente al VPH. «Hoy día se vacuna a las niñas frente al virus para evitar que cojan dos tipos, el 16 y el 18, ya que los ensayos clínicos han demostrado su utilidad preventiva de forma clara», apunta Minig. En este sentido, Rubio indica que una vez que se ha detectado el tumor, «la paciente tiene que ser tratada en una unidad multidisciplinar en la que distintas ópticas, como la del ginecólogo, los especialistas en oncología radioterápica y médica, el patólogo y el radiólogo. Todos ellos han de formar parte de un comité multidisciplinar que ayude a la toma de decisiones que afectan al proceso de nuestras pacientes».

Terapéutica

Diagnosticada la paciente, las opciones terapéuticas existentes permiten augurar una tasa de supervivencia optimista. «La cirugía es una de las opciones más comunes cuando la lesión está localizada. Tenemos en cuenta la edad de la mujer y sus intenciones reproductivas para saber si podemos ofrecer opciones para conservar la fertilidad y el útero en mayor o menor medida», apunta Minig. Este punto resulta clave ya que muchas pacientes son diagnosticadas cuando aún no han decidido si van a ser o no madres en un futuro.

Si la displasia se ha extendido a otros órganos cercanos se opta por la quimioterapia y la radioterapia localizada. «A pesar de que hemos mejorado mucho el tratamiento inicial de las pacientes, hay casos en los que la enfermedad resiste, entonces es cuando lo combatimos con las opciones biológicas», concluye Rubio.