El blog del gacetillero

Pensares y sentires de un gacetillero por el mundo, tratando de decir lo que es como es —y no como interesa que sea—, para aupar lo humano, noble y bueno que aún queda esparcido por las esquinas del vivir.

  • El Rey Felipe VI, durante una visita a Segovia (Foto: Nacho Valverde / ICAL)
    El Rey Felipe VI, durante una visita a Segovia (Foto: Nacho Valverde / ICAL)

Ejemplo de Rey

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Sobre el autor

Jesús Fonseca

Periodista, delegado de LA RAZÓN en Castilla y León. Llevo más de cuarenta años viajando por el mundo como corresponsal de prensa, radio y televisión, dedicado a contar noticias, a la crónica, la entrevista, el columnismo y también a la poesía.

La inmensa mayoría se confiesa satisfecha con su rey. Los españoles lo quieren cada día más. Durante estos cinco años de reinado, Don Felipe ha tenido incontables aciertos. Pero no todo han sido aplausos. Sus palabras se analizan cuidadosamente. Sus gestos son mirados con lupa. Se cuestiona lo que hace, o lo que no hace.

¿Qué ha sucedido, entonces, para que casi el setenta por ciento de los ciudadanos —que se dice pronto—, se sienta satisfecho con su Rey? Pues ocurre que la soberana paciencia de Su Majestad se ha metido a unos y otros en el bolsillo. Don Felipe se lleva bien con todo bicho viviente. Y con los que no, lo disimula hasta tal punto, que ni nos enteramos.

Me quedo con esa concordia y neutralidad de las que hace su santo y seña. Pero no sólo. Nadie como él acrecienta, la confianza en nuestro destino colectivo. Infunde entusiasmo. Tiene bondad personal y sentido ético y moral de la vida. A la vista está.

La pregunta es: ¿por qué la popularidad del Rey ha ido en aumento, en estos cinco años ensombrecidos con escándalos y agriedades que parecían imposibles de remontar? La respuesta tal vez sea esta: tenemos un rey que nos es útil; trabajador y muy cercano. Hasta los que se emperran en crucificarlo sin piedad, haga lo que haga, se ven obligados cada dos por tres a guardar silencio. Si hay alguien capaz de mirar a lo sustancial, es el Don Felipe. El Rey no es un problema. Es la solución.

Cuando el 19 de junio de 2014 asumió la Corona, el joven Felipe VI manifestó su compromiso con una España en la que cabemos todos. Así ha sido. Se está comportando de manera seria e impecable. La calle le quiere. Valora su proximidad, su escucha permanente.

Es un rey popular, en el mejor de los sentidos. Serio y firme, cuando hace falta. Posee esa prudencia, sin la que cualquier monarca se estrella en cuatro días. Prensa, radio y televisión jalean estos días sus méritos y cualidades. Algo que está bien se haga de vez en cuando, pero sin caer en una excesiva complacencia. Y siempre desde la humildad de lo que la vida nos muestra: lo efímera que es la gloria. Lo más permanente en este mundo es lo impermanente.

No nos engañemos: algunos matarían por una república y el día esté lejano. Felizmente, este Rey ha demostrado en cinco años que puede con lo que le echen, con esa simpatía y buen hacer que marcan su día a día. Con la que es su principal preocupación: la felicidad de los españoles.

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