La Cata de Katy

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Las estrellas de KBK

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Sobre el autor

Katy Mikhailova

Armenia de nacimiento, madrileña de sentimiento. Casada con el periodismo de moda, mi amante es el vino. Desde ahora, divulgadora de este arte llamado enología en este blog para hablar del vino desde las emociones y las experiencias. Antes he dirigido programas como esModa en esRadio, Por MisSantos Tacones en Radio Intereconomía, Conversaciones y Excelentia Clasica en Gestiona Radio. He escrito para Gente y Qué! Presenté El Taconazo de Katy en ‘Punto Pelota’ y he colaborado en LD TV en Es La Noche de César y en Punto de Encuentro. En la actualidad, soy columnista en libertaddigital.com y colaboro en Redacción en Abierto de Intereconomía TV y en LA RAZÓN

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En KBK (Calle Pico del Nevero, 4, Pozuelo de Alarcón) las estrellas son los clientes. Así de segura y feliz lo afirma Patricia, la fundadora de uno de los restaurantes japoneses más cotizados de Madrid. Ubicado en Aravaca o Pozuelo (depende de por dónde quiera uno mirar al local), este templo del sashimi y la cocina de fusión, basada en la calidad, sin abandonar la esencia auténtica de Japón, lejos queda de todos esos nuevos restaurantes que dicen hacer ‘cocina japonesa’ cuando, en la práctica, caen en la vulgaridad empalagosa de sumar calorías y consumir grasas saturadas. En KBK no. La cocina healthy está muy de moda, pero la realidad es que los españoles seguimos alimentándonos mal, al padecer una absoluta anestesia de la voluntad y el criterio a la hora de elegir dónde y qué comer. KBK, quizás (a mi modo de ver), sí es un rincón saludable, sin caer en el aburrimiento y extrañas tendencias culinarias.

Las estrellas de KBK

Con una estética moderna pero con ciertos guiños a elementos peculiares (desde la moto, hasta los pulpos de las mesas), KABUTOKAJI (el nombre completo de las siglas KBK) se ha convertido en el templo de numerosas caras conocidas que acuden al local para rendirle culto a la gastronomía y disfrutar del silencio (y la discreción) que caracteriza al restaurante fundado por esta madrileña.

Ella, sola, ha levantado al empresa. Y sigue trabajando por y para ello a diario. En estos momentos, de hecho, está en Suiza negociando una segunda apertura, además de llevar otro KBK hasta Qatar.

Durante la comida, degustamos el gunKan de erizo (los preferidos de Patricia), unos riquísimos nigiris de salmón con salsa tzatziki, un satay de atún a la brasa, y otros tantos platos que ya se me escapan de mi memoria, pero cuya sensación es imborrable y me apetece repetir.

Destacaría en especial la vajilla, diseñada, ad hoc, para el restaurante: un estilo a caballo entre la estética minimal y el animal print. En especial, ¡adoro el plato del leopardo! Una estética que entra en armonía con el diseño de los platos. Resulta original, además, el que haya palillos nominativos, para esos clientes habituales. Cristiano Ronaldo cuenta con unos, en los que está grabado su nombre.

En realidad mi historia con el restaurante KBK no es otra que la de haber ido un día a comer, un domingo, invitada por mi amigo inseparable. Tanto fue que me gustó la cocina, que no tardé nada en escribir del restaurante en Instagram. Así fue cómo “di”con Patty (como se llama en Instagram y como la denominan sus amigos). Así que quedamos para comer. Y aquí estoy yo divulgándolo.

Durante esa comida, maridada con un verdejo (Perro Verde) de Rueda, Lorenzo Sanz (el que fue presidente del Real Madrid), al que además conozco y he entrevistado, accedió al local para quedarse en la barra degustando alguno de sus exóticos y originales platos.

Cinco años son el fruto del éxito, el trabajo, la disciplina. También, sobre todo, el saber adaptarse a todas las adversidades. ¿La base? Un equipo humano de profesionales, que tienen por filosofía marcar la diferencia: buscar ese valor añadido, sin enterrar la calidad, en un momento en el que la gastronomía vive un paradójico auge. Paradójico porque parece que cada vez comemos “mejor” pero seguimos optando por comer en aquellos sitios que “están de moda” pero que no necesariamente son los más “beneficiosos” para nuestra salud.

El chef ejecutivo, Diego Benito, cual artista, crea una interesante alianza para el paladar (aunque también el olfato y la vista) entre la cocina mediterránea y la japonesa. Matrimonio de ambas cocinas, cuyo visto bueno pasa por el criterio de Patricia, y que los clientes de KBK no tardan en aplaudir en las redes sociales.

El que acuda a KBK, repite. Es así. Para mí (ya que además me queda a 10 minutos de casa andando) KABUTOKAJI se ha convertido en un lugar obligatorio para disfrutar, en lenguaje de emociones, “del silencio, la calidad, la pasión y la vida”.

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