Borrando Europa, llega La Nada

La insistencia de unos pocos por debilitar este proyecto común que nos ha permitido compartir historia y valores, y el mayor periodo de paz y progreso del continente europeo, ha terminado calando como consecuencia de la inacción y el conformismo de quienes pronto hemos olvidado nuestra historia y el alto precio que se tuvo que pagar por la confrontación política y la lucha de ideas fuera del respeto al Derecho, único instrumento garantista de libertad y justicia.

Carmen Serrano

Con el fin de marzo se pone fin también a uno de los capítulos más rocambolescos y espinosos de la historia de la Unión Europea: la salida del Reino Unido del proyecto común europeo. Se cierra este capítulo en falso, intentando alargar de forma agónica lo que nunca debió ocurrir, buscando un acuerdo que nadie quiere firmar porque no convence a nadie y perjudica a todos. Se cierra este capítulo de forma abrupta, entre intercambios de reproches de unos y otros, y con la más absoluta y preocupante indefinición de cómo se articulará el post-Brexit.

Será que la primavera la sangre altera, porque los ánimos están caldeados en Londres y en Bruselas, mientras las empresas y la ciudadanía esperamos que se ponga fin a tanta indefinición e inseguridad, víctimas de una de las mayores irresponsabilidades políticas de los últimos años por la que todos pagaremos un alto precio.

No es momento de buscar responsabilidades ni excusas, sino soluciones. No podemos ser meros espectadores mientras La Nada lo va ocupando todo y, como le ocurría a Fantasía y a su Emperatriz Infantil a pesar de los esfuerzos de Atreyu en aquella novela juvenil que tantas veces releí, Europa languidece camino de desaparecer.

La insistencia de unos pocos por debilitar este proyecto común que nos ha permitido compartir historia y valores, y el mayor periodo de paz y progreso del continente europeo, ha terminado calando como consecuencia de la inacción y el conformismo de quienes pronto hemos olvidado nuestra historia y el alto precio que se tuvo que pagar por la confrontación política y la lucha de ideas fuera del respeto al Derecho, único instrumento garantista de libertad y justicia.

La Nada lleva años acechando desde extramuros, buscando esas brechas de debilidad de la Unión Europea que le ha permitido llevarnos a esta situación límite que no beneficia a ninguno de los que formamos parte de la Unión Europea y que, sin embargo, sí beneficia a los intereses estratégicos de algunos que desde fuera esperan como alimañas a poder reclamar su botín de entre los restos de lo que alguna vez fuimos, una vez nos hayamos convertido en presa fácil.

En toda esta guerra por la destrucción de la Unión Europea el lenguaje ha tenido un papel fundamental. Mediante una utilización interesada del lenguaje, unos nos han hecho creer que Europa no es lo que nos han vendido todos estos años. Que no sirve para proteger la libertad ni los derechos humanos, que hemos fallado ante graves crisis humanitarias sin atender adecuadamente las necesidades de los refugiados, que tiene agujeros que permite la impunidad de delincuentes fugados de la Justicia española, que no representa un sistema ni social ni justo. Nos han hecho creer que es mejor estar fuera que dentro de Europa. Y otros han creído que, apelando al más Europa como solución, era suficiente.

Mientras tanto, La Nada sigue avanzando. No podemos seguir callados como meros espectadores. Debemos convertirnos en protagonistas, como Bastián, y ayudar a Atreyu a en la defensa de un proyecto que, con sus defectos y sus posibilidades de mejora, sigue siendo el mejor camino para avanzar juntos y construir esa Europa Social que muchos ansiamos.

Las próximas elecciones europeas son nuestra oportunidad de revalidar nuestra fe en Europa. Este 26 de mayo, yo voto.