Tentando a la suerte

Da vértigo pensar lo rápido que pasa cada día, la vorágine de situaciones personales y colectivas dificulta comprobar lo costoso que es mantener el equilibrio social, el Estado del bienestar y la bendita democracia. Te paras a pensar que Francia, vanguardia europea en la lucha por las libertades civiles y la igualdad, está en plena convulsión por el avance de los extremismos.

La primera vuelta de las presidenciales en el país vecino evidencian que la moderación hay que practicarla y mimarla para que no pierda valor. El ascenso de la extrema derecha de Marine Le Pen es un hecho y también el repunte de la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon. La antieuropeísta se ha colado en la segunda vuelta y el representante de la izquierda más radical ha conseguido aniquilar al socialismo que encabezaba Benoît Hamon.

La tercera vía de Emmanuel Macron se asoma como la única opción de moderación para alcanzar la Presidencia francesa, mientras que el centro-derecha de François Fillon resiste a duras penas. Una fragmentación política y social que debilita a un país clave en la construcción europea y que nos sirve de ejemplo a evitar.

A este lado de los Pirineos el PSOE sigue ensimismado, enfrascado en la lucha de liderazgos y repitiendo los errores de sus compañeros franceses. Pedro Sánchez quiere acercar el discurso de los socialistas al de la izquierda más radical: Podemos. Los ciudadanos no quieren ese cambio sino que se mantengan las convicciones, el rumbo fuerte y la certidumbre de que el gobernante vela por el bienestar de todos.

El castigo por abandonar el espíritu fundacional de un partido es seguro. Siempre he defendido que el PP en la Comunidad Valenciana perdió el alma de tanto gobernar y la estamos recuperando. Los ciudadanos lo han percibido y es un hecho que hemos empezado a subir en apoyo de los valencianos en una época muy dura.

La alternativa al bipartidismo en España no es fiable, más bien al contrario. Ciudadanos sigue instalado en un modelo de hiperliderazgo de Albert Rivera y poco más aporta. Su ideología es ambigua y sus pactos cambiantes, según el territorio, lo que no ofrece garantías a los ciudadanos sobre qué gestión pueden esperar de ellos. En la Comunidad Valenciana en media legislatura llevan ya dos portavoces quemados en las Cortes (Carolina Punset y Alexis Marí) y ahora se estrenan la tercera, Mari Carmen Sánchez. Un descontrol.

¿Y Podemos? Nada que envidiar a los extremos pujantes en Francia. Populismo en estado puro donde la intervención de las empresas estatales, la desnuclearización, el aumento de la inversión pública y el gasto social, la reducción de la jornada laboral, así como la jubilación a edades más tempranas y la subida de las pensiones son el maná prometido sin explicar cómo se alcanzarán todas las promesas.

En realidad todo se condensa en no tocar el bolsillo a las clases medias y todo ese torrente de dinero necesario para implementar sus eslóganes procederá de los impuestos a las grandes fortunas y la lucha contra el fraude. ¡Cuánta hipocresía y cuánto desconocimiento!

Corresponde a los españoles pensar qué está sucediendo y si dinamitar todo lo que se ha construido durante estos últimos cuarenta años merece la pena. Partir de cero es siempre un atractivo pero en cualquier sociedad avanzada hay que luchar para mantener lo conquistado con esfuerzo y que brinda prosperidad. En España hay mucho por lo que luchar y no dejar que el momento de freno económico mundial nos nuble la vista.

Hay que perseverar en las fórmulas que nos han dado el éxito social y los avances democráticos. El PP ha tenido la virtud de mantenerse al frente del timón del país y gobernar con firmeza y seguridad en plena tormenta. Enfrente cada vez hay más ruido, más ataques y menos ideas.

Podemos sigue sin ver el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela como un sistema autoritario y antidemocrático y ello nos da pistas de qué harían si consiguen acceder al Gobierno. Esas actitudes dictatoriales se ven incluso cuando más allá de nacionalizar empresas estratégicas se pretende intervenir en las cadenas privadas de comunicación.

Le pasó a Pablo Iglesias recientemente cuando legítimamente retiró a Íñigo Errejón como tertuliano de la cadena Ser pero de manera abusiva intentó imponer a Irene Montero como su sustituta. ¡Qué lejos queda aquella época en la que Iglesias aseguraba que no dejaba que los partidos políticos le enviaran sus tertulianos a la Tuerka!.

Son tics autoritarios que pretenden erradicar la iniciativa privada y la libertad, con mayúsculas. Hay que pensar si estamos tentando a la suerte y si todos los cambios que supondría el ascenso del populismo en España no pondrían en peligro las conquistas sociales de estas últimas décadas. Mejor no jugar a la ruleta y mantener la calma.