"Para las personas con trastornos alimentarios, el confinamiento puede haber sido un infierno”

El aislamiento ha provocado serias dificultades a los pacientes con anorexia y bulimia. Se han incrementado las terapias telemáticas y en mayo han aumentado un 6% el número de ingresos

Una campaña contra la anorexia.
Una campaña contra la anorexia.Alberto PellaschiarAP

“Hemos triplicado el número de consultas respecto a las que recibimos habitualmente”, señala Sara Bujalance, directora y psicóloga experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia, quien al respecto explica que “con el confinamiento, se han agravado los síntomas propios de los trastornos de conducta alimentaria”.

“Al tener que estar en casa, los pacientes no han podido moverse ni hacer ejercicio cuando habitualmente suelen hacer mucha actividad física para no engordar, han tenido que comer siempre en familia, junto a otras personas, por lo que no han podido esconderse y se han visto obligados a vivir una exposición muy seguida a las comidas, sin tener opción de saltarse comidas o controlar su ingesta de alimentos, y todo ello ha hecho que aumentara su irritabilidad”, comenta Bujalance para a continuación señalar que a ello “hay que sumar el estrés propio de la situación, del confinamiento”.

Por su parte, Antoni Grau, director clínico del ITA, especialista en este tipo de trastornos, apunta que “los TCA cursan también con aislamiento social. Quienes sufren estos trastornos tienen tendencia a aislarse, con lo que, si bien a ellos el confinamiento nos les ha generado malestar en este sentido, es cierto que ello puede haber provocado un retraso en su proceso de recuperación, puede haberlo frenado”

Todas estas circunstancias han complicado la convivencia con las personas que sufren Trastornos de la Conducta Alimentaria, quienes han visto incrementada su “ansiedad, su dificultad para manejar las emociones, así como el malestar con ellas mismas, su baja autoestima...” y esto, irremediablemente, “ha generado una mayor angustia en las familias y entorno de estas personas”, que en muchas ocasiones se han visto sin herramientas para saber cómo gestionar la situación. “Para ellos, el confinamiento puede haber sido un infierno, una situación inmanejable”, indica Bujalance, quien sin embargo apunta, paralelamente, esa convivencia ha permitido también “un aumento del número de casos detectados”. Grau recuerda que “en lo que se refiere a la bulimia, por ejemplo, se puede llegar a tardar unos dos años en poder detectarla, pero ahora, con el confinamiento, en muchos casos no se han podido esconder los síntomas”.

Más ingresos

Ante este panorama y dado que, excepto en el caso de los pacientes ingresados, ha sido necesario interrumpir de forma temporal el tratamiento presencial, los centros dedicados a la atención y seguimiento de las personas con TCA han tenido que habilitar herramientas y recursos telemáticos para poder dar continuidad a las terapias de forma virtual. En muchos casos, esta práctica se ha saldado con buenos resultados, especialmente entre aquellos pacientes que ya llevaban tiempo bajo tratamiento, pero es cierto que para aquellos que se encontraban en una fase más incipiente o estaban al borde de requerir el ingreso, la situación en ocasiones ha empeorado. “Ha aumentado el número de ingresos”, asegura Bujalance, quien pone de relieve que “en algunos casos, se ha dado un paso atrás”. Y es que como destaca la directora de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia, “es imposible recuperar el hábito alimentario sin soporte terapéutico especializado”.

De hecho, Grau confirma que en su institución “se ha visto incrementado el número de ingresos de forma considerable. Durante el mes de mayo, han aumentado un 6% con respecto a febrero, fecha anterior a la emergencia sanitaria”. Principalmente, detrás de este incremento estarían los casos de aquellos pacientes en tratamiento que llegaron al confinamiento “muy justitos, que podíamos aguantar en el hospital de día pero por muy poco”. “A éstos, el estrés, la incertidumbre y las características propias del confinamiento les han llevado a empeorar y tener que ingresar”, explica Grau, quien sin embargo asegura que “la mayoría de pacientes se han podido mantener”, gracias, en gran medida, a los programas on line.

La vía telemática, buena alternativa

Por un lado, ha sido necesario gestionar “todo lo relacionado con la sintomatología de la COVID-19 en los centros de hospitalización”. “Ha habido que habilitar salas de observación para posibles positivos y también para los nuevos ingresos y, en estos casos, los pacientes no han podido salir de sus habitaciones, de manera que no han podido hacer el tratamiento estándar, que contempla cuatro terapias en grupo diarias”, explica Grau. Así pues, “ha sido necesario pasar a la modalidad on line, mediante la que hemos conectado pacientes de nuestros centros de hospitalización de Madrid, Valencia y Barcelona y el terapeuta”.

En cuanto al hospital de día, debido al confinamiento, “ha habido que hacer todas las sesiones, tanto con médicos como como psiquiatras, así como las terapias, ya fuera individuales o grupales, on line y la respuesta ha sido muy buena”, afirma el director clínico de ITA, quien señala que “con los pacientes que trabajábamos por meses terapéuticos, la situación ha sido muy similar”.

Mucha actitud personal

Por eso, hace tres semanas, en cuanto fue posible retomar la actividad, ITA y otros centros volvieron a atender de forma presencial a sus pacientes, como Luana, de 19 años, que un par de semanas antes de iniciarse el confinamiento empezaba el hospital de día tras haber completado una primera fase de tratamiento externo para comprobar que, en su caso, era necesario intensificar el tratamiento.

“El confinamiento me cogió justo cuando empezaba el hospital de día, pero me apoyé mucho en el sistema on line”, admite para a continuación señalar que “fue de agradecer que me aumentaran el número de horas semanales de terapia: pude pasar de hacer una hora semanal de terapia individual presencial a hacer dos y me dejaron conectarme cuatro días a la semana a las sesiones grupales, cuando antes solo lo hacía tres veces”. En cualquier caso, Luana, que sufre anorexia, admite que los buenos resultados de su tratamiento virtual se deben, en gran medida, a que “ya tenía ganas de salir de la enfermedad, de manera que ya estaba predispuesta a hacer este trabajo” y quizá también sea eso mismo lo que le ha permitido disfrutar de los momentos de soledad que ofrecía el confinamiento.

“El estar en casa, sin tantos estímulos externos, me ha dado la opción de centrarme más en mí, tener más momentos para la reflexión, favoreciendo la toma de conciencia”. “Ha sido muy nutritivo para mí el tener la posibilidad de mirar hacia dentro y aprender a estar conmigo misma”, confiesa Luana, quien sin embargo señala que ello ha sido producto “no solo de las características propias del confinamiento, sino de una combinación entre eso y sus ganas y voluntad”. Y es que, como ella misma pone de relieve, “hay personas que no se encontraban en ese momento personal y han sufrido mucho durante el confinamiento”.

En este sentido, Luana admite que para ella, el confinamiento “no solo ha tenido ventajas, sino que también ha tenido sus desventajas” y a modo de ejemplo constata que “la situación no me permitía apenas moverme y yo soy una persona que ando mucho, todo el día de un lado para otro, y eso lo he notado mucho a nivel mental, ya que me hacía estar más nerviosa y angustiada”. “Para mí eso ha sido lo más difícil de gestionar” puesto que si bien el tener que llevar a cabo todas las ingestas del día junto a sus padres y hermana tampoco ha sido tarea fácil, considera que al fin y al cabo, ese reto ha contribuido a “establecer un vínculo más profundo con la familia”.

“Ellos no te comprenden como pueden hacerlo los profesionales del centro, no pueden hacer el papel del psicólogo”, constata Luana, quien pone de relieve “el esfuerzo de sus familiares por entenderme y escucharme”. “El poder ser sincera con ellos y explicarles lo que me pasa, el recibir su comprensión e incondicionalidad, ha sido vital. La clave para haber podido llevar estos dos meses de confinamiento ha sido el ser sincera y hablar las cosas con ellos”, asegura. Eso y su autocontrol.