La revolución gay en Florencia que fue el primer Stonewall de la historia

La ciudad italiana era en el siglo XV una especie de San Francisco de la época hasta que Savonarola y la expulsión de los Medici devolvieron la persecución a los homosexuales y empezaron las protestas

Miguel Ángel hizo el sepulcro de los Medici una vez regresaron al poder en 1512
Miguel Ángel hizo el sepulcro de los Medici una vez regresaron al poder en 1512La RazónArchivo

El 28 de junio de 1969, la revuelta de Stonewall inició la lucha por los derechos de la comunidad LGTBI, fecha que se celebra todos los años como el Día del Orgullo. Sin embargo, a lo largo de la historia, hubo otros levantamientos contra la discriminación y el ataque público por el mero hecho de la orientación sexual. Éste es el caso de la ciudad italiana de Florencia, donde en 1512 parte de la comunidad homosexual se levantó contra las asfixiantes políticas impulsadas en su día por el monje Savonarola.

En el renacimiento, un sinónimo de gay era florentino debido a la fama de Florencia como lugar desprejuiciado y licencioso donde los homosexuales, aunque no celebrada, al menos sí era aceptada lejos de la persecución que existía en el resto de Europa. Los florentinos creían en acicalarse con ostentación, pintarse los labios, maquillarse los ojos y bañarse como un acto de lujuria. Tanto era así que en Génova existía una ley que prohibía a los residentes en Florencia de ejercer de profesor en su tierra para no influir negativamente en sus estudiantes.

En esa época, en los círculos políticos de Giovanni y Pierfrancesco de Medici, existia un numeroso grupo de jóvenes que respondían al nombre de “giovani gaudenti” (jóvenes gozadores) o como pronto se les conoció, los compagnacci o chicos malos. Estos jóvenes se reunían periódicamente en lujuriosos banquetes dedicados a celebrar los principios epicúreos. Entre ellos estaba el gonfalonero Tomaso Paolantonio Soderni o su líder, Doffo Spini, uno de los modelos y amantes de Boticelli. Uno de los nombres que conocía de sobra al grupo era Maquiavelo, que después de aquellos tumultuosos años como gran gobernante florentino escribirá “El príncipe”.

La vida parece regir más allá del bien y del mal en Florencia, cuna en aquel momento del arte y la cultura, con el dominio de los Medici financiando un renacimiento que busca rescatar los cánones de belleza clásica y los mitos homoeróticos grecolatinos. Son los años e Miguel Ángel y Leonardo da Vinci. Pero esta excepción florentina pronto generará descontento y desconfianza en el resto de ciudades italianas, así como presiones de la iglesia de Roma para que sea la propia sociedad civil la que acabe con el beneplácito de estas prácticas.

Un monje como San Bernardino de Siena, a principios del siglo XV, ya pide que se queme a los sodomitas y se limpie la ciudad. Denuncia que los Medici sólo ponen en posiciones de poder a jóvenes a los que han seducido y que esto ha creado una enfermedad moral en las instituciones Lo cierto es que en esta época los matrimonios caen. Los hombres esperan hasta superar la treintena a ordenar su vida y aparentar normalidad. Como indica el historiador Richard Trexler en “La vida pública de la Florencia del Renacimiento”, sólo uno de cada cuatro hombres menores de 34 años estaba casado.

El acoso por el control y censura de las prácticas licenciosas se extrema al máximo y hace que en 1432 se establezca el llamado “Oficio de Noche”, que buscaba investigar denuncias de prácticas homosexuales y sodomía. Existían cajas en la ciudad donde los ciudadanos podían dejar sus denuncias de forma anónima. En Florencia vivían por aquel entonces 40.000 personas de las que se puede deducir que la mitad eran hombres. En aquellos años se llega a recoger hasta 17.000 denuncias. Pero la homosexualidad estaba tan normalizada por los poderes públicos que, aunque se reconocía como una falta, sólo se le imponía una multa.

Y en 1482 aparece la figura del fraile Gioramo Savonerola, figura fascinante que se autoproclama profeta y hará creer a todo el mundo que él predijo la invasión gala de la ciudad en 1494 y que llegará a salvar la vida cuando, condenado a la hoguera, empiece a llover y todos juzguen aquello como señal divina. En 1494, cuando el rey galo Carlos VIII entre en la ciudad, conseguirá que se inicie una república religiosa con él al mando.

Las persecuciones se recrudecen. Entre las víctimas más famosas están Leonardo da Vinci, acusado de tener una relación con un chico, Jacopo Saltarelli; y Miguel Angel que prefiere marcharse y trabajar a Roma. Savonerola llega a crear patrullas de jóvenes que apresan a todas las prostitutas y homosexuales que creen encontrar. Llega a tal extremo su fanatismo que hasta empieza a quemar públicamente artículos de lujo ya que dice incitan a la corrupción, algo que los florentinos empiezan a juzgar intolerable.

Su perdición llega cuando se enfrenta al propio papa de Roma y le llega a acusar de hereje al acusarle de prácticas licenciosas. El papa Alejandro VI le declarará persona non grata y le excomulgará y el 23 de mayo de 1498 los propios florentinos apresarán al monje e intentarán quemarle vivo en la plaza principal. La lluvia le salvará la vida y le dará un salvoconducto para huir. SIn embargo, sus prácticas de control de la moral quedarán todavía años en el inconsciente colectivo de la ciudad. Maquiavelo, gran observador de sus actividades, y que le sustituirá al frente de Florencia, tomará de él la capacidad de la religión de controlar al pueblo.

El 31 de agosto de 1512 volverán a aparecer los Compagnacci, un total de 30 jóvenes, que irrumpirán en el gobierno de la ciudad y exigirán derogar toda norma contra la sodomía, así como permitir el regreso de todos aquellos homosexuales que se les forzó a exiliarse. La revuelta ha iniciado y aunque funciona de manera paralela, ese mismo año los Medici volverán a reinar en la ciudad, aceptando los requerimientos de los jóvenes o simplemente aceptándolos como propios. Los excesos de Savonerola quedarán en el olvido, aunque la época dorada de los Medici y de sus licencias habrá quedado como un recuerdo de una época de esplendor y ahora sólo quedará la decadencia y la sumisión a los nuevos centros de poder. Florencia, como capital del mundo, se ha perdido para siempre.

El Stonewall del siglo XVI quedará así sepultado en la historia y sus múltiples tumultos. Por eso es importante celebrar el Día del Orgullo, simplemente para que Stonewall no quede también sepultado en la historia.