Albert Soler: «A Puigdemont le preguntaría si cree que a su lado Trump es un aprendiz»

El periodista Albert publica mañana su libro «Barretina y estrellas», una sátira sobre el independentismo

El periodista Albert Soler, autor de "Barretinas y estrellas"
El periodista Albert Soler, autor de "Barretinas y estrellas"Aniol Resclosa

El periodista Albert Soler firma «Barretinas y estrellas», editado por Península, un libro que mañana sale a la calle y que ofrece una mirada irónico y ácida sobre el independentismo y sus líderes.

–Su anterior libro, «Nos cansamos de vivir bien», era una recopilación de artículos pensada para el público catalán. «Barretinas y estrellas» (Península) parece destinado al lector de fuera de España.

–Supongo que les irá bien para entender lo que es el «procés». Como digo en uno de los capítulos, hay mucha gente de fuera de Cataluña que ven todo esto como una cosa romántica. Hay un malentendido porque de buena fe algunos se han tragado este relato de los lazos y no hay nada de eso. Todo es mentira. No son más que un grupo de burgueses ociosos y corruptos. Entiendo que se pueda crear algo así porque te lo venden de una forma que, si tienes buen corazón –y aún hay quien lo tiene–, te crees que estos catalanes son pobre gente que vive como los esclavos en Alabama recogiendo algodón.

–También habla en el libro de quien se ha creído este relato por dinero, señalando a Cotarelo y Talegón.

–No todos se lo creen de buena fe sino porque han encontrado en todo esto un modus vivendi, como pasa con Cotarelo o Talegón. Hay que tener en cuenta que a Cotarelo, pobre hombre, no le hacía nadie caso en España y aquí ha faltado poco para que le dediquen una calle. El prestigio y el dinero siempre van de la mano: cuanto más prestigio, más dinero porque te invitan a más sitios a hablar. Al mismísimo Cotarelo lo invitaron a dar una charla por Terres de l’Ebre y se ofendió porque lo metieron en un hotel que consideraba que no era de su categoría. Los pobres de la CUP pensaban que Cotarelo era uno de los suyos y él lo que quería era un cinco estrellas.

–¿El «procés» está muerto?

–Creo que sí. Lo que quedan son unos cuantos gritando, lacitos amarillos, peticiones de amnistía como se pedían en los años setenta... Eso es todo. El «procés», como saben unos y otros, está muerto. La republiquita era una entelequia, sobre todo tal y como la querían hacer. Los de ERC se han echado atrás y los de Junts per Puigdemont de puertas para fuera no lo dicen porque necesitan votos, pero lo saben. Todos saben que aquello fue un fracaso.

–Al principio del libro construye una suerte de animalario de quienes forman parte de todo esto.

–Todos estos han encontrado un sitio en las listas electorales, ya sea arriba o abajo. Si tienen suerte serán diputados y ganarán un pastón al final de mes. Que logres eso por ir con un megáfono a gritar todas las noches, ¿qué más quieres? Esta muy barata la política en Cataluña cuando te ponen en una lista por ir a gritar por un megáfono. Otro que fue a por tierra del jardín de Puigdemont y la trajo aquí, también se ve que va en una lista. Son friquis que probablemente conseguirán vivir de esto y si lo logran, ya habrá servido de mucho para ellos.

–En el libro dice que parece como si no hubiera existido Convergència.

–No, nunca existió.

–¿Cómo ve las futuras elecciones? ¿Cree que habrá algún cambio?

–No habrá ningún cambio y las cosas continuarán más o menos igual, con el independentismo cercano al 50 por ciento. Tal vez, sumando todo y gracias a la ley electoral tendrán mayoría, y eso a pesar de todo lo que han hecho durante la pandemia. Si no fuera por el lacito, todo estos que nos están mandando este año no sacarían ni un voto. Pero estamos en Cataluña porque si no sería como lo que hacían en el Far West donde los emplumarían y los pondrían en la puerta para que no volvieran más. Este es el único país donde no se valora la gestión sino que son independentistas. Volverán a gritar que el Estado es fascista y que quieren amnistía, aunque no proclamarán una republiquita. Se cuidarán de no cruzar la línea roja.

–¿El problema de Cataluña es que, como le dijo Valentí Puig, hemos pasado de Carles Riba a Toni Soler?

–Sí, y me gustó mucho eso. Pero me podría haber dicho lo mismo, en vez de Toni Soler, sobre Rahola o Empar Moliner, los intelectuales de referencia de la Cataluña actual. Si ves los autores de Cataluña de antes y los de ahora se explican muchas cosas. No es este el problema, pero esto indica la degeneración de Cataluña.

–¿Esta degeneración se ve mejor desde Waterloo?

–A ellos lo de la degeneración les da igual. Lo que les interesa es lo bien que viven. Les da igual que la sanidad esté a las últimas, las listas de espera, la fractura social... Si viven como reyes.

–¿Qué le preguntaría, si pudiera, a una serie de nombres, como Pilar Rahola?

–¿Qué droga puso en aquella paella?

–¿Alba Vergés?

–¿Es consciente del daño que ha hecho cuando ya casi todo el mundo había rechazado el arquetipo de rubia y tonta?

–¿Carles Puigdemont, a quien usted gusta llamar como el Vivales?

–¿Donald Trump es un aprendiz a tu lado?