Los otros muertos del castillo de Montjuïc de Barcelona

Además de Lluís Companys, a lo largo del tiempo han sido asesinadas más personas en esta fortaleza

Una imagen del castillo de Montjuïc
Una imagen del castillo de Montjuïc FOTO: Zambrano González, Vicente DISE

Hoy el castillo de Montjuïc, en lo alto de la montaña, parece como una suerte de guardián de la ciudad. Es lo que ha sido siempre. Desde esa fortaleza de pasado militar se puede tener una de las mejores y más completas vistas de la capital catalana. Hoy los barceloneses suben hasta allí para pasar el rato, simplemente a pasear y disfrutar de una panorámica impresionante, tal vez ajenos a lo que fue en el pasado el castillo. Y es fácil pensar en este lugar como uno de los grandes símbolos de la represión franquista en Barcelona, sobre todo porque fue aquí donde se ejecutó al presidente de la Generalitat Lluís Companys. Sin embargo, no fue el único en morir aquí.

Hagamos un poco de historia. Después de las revueltas vividas en la ciudad y ante el peligro de que pudiera recibirse un ataque por mar de la flota de Felipe IV, el Consell de Cent ordenó la construcción en la cima de la montaña de una fortificación que sirviera para defender Barcelona y plantar cara a sus enemigos. Solamente se tardaron treinta días en tener preparada la ansiada construcción en la que se instalaron una docena de piezas de artillería. Posteriormente, con el estallido de la llamada Guerra de los Nueve Años, entre 1689 y 1697, el conjunto se amplió. Tras la ruidosa derrota de 1714 dentro de la Guerra de Sucesión, el ingeniero militar Juan Martín Cermeño recibió el encargo de darle una mayor dimensión al espacio y que se tradujo en la forma que tiene en la actualidad.

El castillo de Montjuïc pasó a ser en un icono de represión y muerte, algo que se afianzó a finales del siglo XIX y que tuvo su punto culminante con la Semana Trágica. El pedagogo Francesc Ferrer Guardia fue señalado como el principal responsable de las revueltas que se produjeron en la capital catalana en esos siete días durante un proceso lleno de irregularidades. El 13 de octubre de 1909, Ferrer Guardia cayó muerto ante un pelotón de ejecución en los fosos del castillo mientras gritaba “¡Soy inocente! ¡Viva la Escuela Moderna!”.

Durante la Segunda República y la Guerra Civil, el castillo estuvo en mano de las autoridades de la Generalitat de Cataluña. Tras fallar el golpe de Estado militar en Barcelona, la fortaleza pasó a ser un símbolo de represión contra todos aquellos que conspiraron y trabajaron para derrocar el régimen republicano. Según el actual Ayuntamiento de Barcelona, se calcula que entre 1931 y hasta el final de la contienda unas 1.500 personas fueron encarceladas mientras que unas 250 fueron ejecutadas, en la mayoría de casos acusadas de traición contra la República. Un buen ejemplo del grado de terror que tuvo el castillo lo demuestra el hecho de que en un solo día, concretamente el 11 de agosto de 1938, hubo un total de 62 fusilamientos en el conocido como foso de Santa Elena. Fueron las milicias de ERC las que controlaron un castillo que también tuvo funciones de defensa antiaérea.

El 26 de enero de 1939, las tropas de Franco entraron por la avenida Diagonal en Barcelona sin conocer ningún tipo de resistencia. La República había caído en la capital catalana y los nuevos responsables militares de la ciudad tomaron el control del castillo. Los vencedores hicieron del recinto un lugar conmemorativo de sus caídos, algo que se materializó con la construcción de un monumento conmemorativo en el foso de Santa Elena. Pero, al mismo tiempo, siguió siendo una prisión militar y escenario de ejecuciones, función esta última que también tenía el Camp de la Bota.

Entre los varios consejos de guerra que se celebraron en el castillo, los más conocidos son los que protagonizaron el coronel Antonio Escobar Huerta y el presidente de la Generalitat Lluís Companys. El tiempo se ha encargado injustamente de casi de dejar en el olvido a Escobar, responsable del 19º Tercio de la Guardia Civil en Barcelona que permaneció fiel a la República tras la sublevación de una parte del Ejército. Arrestado en Ciudad Real, en 1939, cuando ya era el único general del Ejército Popular que quedaba en España, fue trasladado a Barcelona para ser juzgado en un sumarísimo consejo de guerra. Franco se negó a salvarlo, pese a las muchas peticiones recibidas. Murió ejecutado, de rodillas, con una cruz en las manos. Los mismos soldados que dispararon contra él luego rindieron honores a su cadáver. Era el 8 de febrero de 1940.

El 13 de agosto de ese año, los nazis detenían a Lluís Companys en Francia entregándolo a la España franquista. Tras pasar unos días arrestado en la Dirección General de Seguridad de Madrid, fue llevado al castillo de Montjuïc, en Barcelona, permaneciendo aislado del resto de internos en las celdas del sacerdote castrense. El 3 de octubre se puso en marcha un proceso que solamente duró diez días y cuya sentencia estaba prácticamente dictada desde la primera jornada. El día 15, en el foso de Santa Eulalia, Lluís Companys fue ejecutado.