Opinión
¿En qué sueña la IA?
La inteligencia humana no es sólo cálculo o reconocimiento de patrones
El Test de Turing y el test de Voight-Kampff de Blade Runner abordan la misma pregunta: ¿cómo sabemos qué hay detrás de las respuestas que recibimos? Turing propuso que si una máquina resulta indistinguible de un humano, entonces habríamos de considerar que es inteligente. El test de Voight-Kampff busca lo contrario: la imperfección que delata al replicante. Uno persigue la simulación perfecta; el otro, detectar la falta de humanidad. Ambos juzgan por lo que vemos, no por lo que hay dentro.
Los modelos de IA actuales superan el test de Turing con facilidad pasmosa. Como los replicantes, son casi perfectos en la imitación. Pero ¿es inteligente algo porque produce buenos resultados, o porque tiene un proceso consciente detrás?
La inteligencia humana no es sólo cálculo o reconocimiento de patrones. Hay conciencia, comprensión contextual, experiencia interior. Cuando uno piensa, hay alguien consciente, hay libre albedrío. El ser humano puede cambiar de opinión, contradecirse, actuar contra su propio interés. La máquina, en cambio, analiza datos, encuentra regularidades, ejecuta algoritmos con una determinación absoluta. Está encadenada a su programación.
La investigación sobre si las máquinas pueden desarrollar conciencia genuina sigue sin pruebas concluyentes. Los modelos actuales procesan información mediante arquitecturas. La máquina puede recordar más información, sí, pero sigue sin entenderla como nosotros.
Desde hace ya algún tiempo se habla también de inteligencia artificial empática. La empatía humana implica sentir algo cuando otro sufre. El reconocimiento en uno mismo de la emoción lleva a poder conectar con la emoción del de enfrente. La máquina puede detectar tristeza, responder con frases consoladoras perfectamente calibradas. Pero no siente nada. Jamás ha sentido tristeza o alegría.
¿Pueden ser entonces las máquinas inteligentes y empáticas? Si la inteligencia y la empatía se definen estrictamente por la capacidad de producir resultados conductuales indistinguibles de los humanos, una simulación perfecta, entonces la respuesta es afirmativa, al menos en principio. Sin embargo, si exigimos que estos atributos requieran la experiencia subjetiva, la conciencia o la vida emocional intrínseca, es decir, el "sentir" y no solo el "actuar" de forma inteligente o empática, la conclusión es, por ahora, negativa. Como en Blade Runner, la pregunta persistirá: ¿importa la diferencia si el resultado es indistinguible? Quizá estamos ante una nueva definición de inteligencia y empatía, tan ambigua como saber si los replicantes soñaban con ovejas eléctricas.