Sociedad

No existen las anguilas eléctricas

El nombre “anguila eléctrica” es una forma popular pero imprecisa de referirnos a un tipo de pez que aunque sí produce electricidad, no es en absoluto una anguila.

Anguila eléctrica (Electrophorus)
Anguila eléctrica (Electrophorus) FOTO: Sharon Mollerus (nombre del dueño)

La anguila eléctrica no existe. Con una frase así lo más normal es pensar que su legendaria capacidad para producir electricidad no es más que eso, una leyenda, y que por lo tanto el nombre anguila eléctrica no es preciso. Pues bien, esto es solo parcialmente cierto. Es verdad que el motivo para decir que no existe tal cosa como una “anguila eléctrica” es que el nombre no es exacto, pero no porque no exista un pez capaz de producir electricidad. La inexactitud se debe a que no existe ninguna anguila capaz de producir electricidad, porque, aunque parezca extraño, la anguila eléctrica no tiene nada que ver con una anguila.

En cualquier caso, una confusión en el nombre no es para tanto. Le ocurre con los pingüinos y la cobra real, que ni son pingüinos ni una verdadera cobra. Sin embargo, en este caso, los misterios del pez eléctrico van mucho más allá. Porque no olvidemos que hablamos de un animal con los poderes de un mutante de tebeo. Banalizar que este trozo de carne y espinas es capaz de producir electricidad sería un error, pero ¿cómo? La pregunta es importante, aunque antes tenemos que responder a una más básica, porque si no es una anguila ¿qué es?

Más peces que anguilas en el mar

Cuando hablamos de anguilas eléctricas nos referimos al género Electrophorus, del orden Gymnotiformes. Se trata de unos animales alargados y con un cuerpo que recuerda al de las verdaderas anguilas, pero en realidad están más emparentados con el pez cuchillo (Apteronotus albifrons) o el famoso pez gato (Ictalurus). Las anguilas verdaderas son muy distintas y cuentan con una ristra de afilados dientes que los Gymnotiformes no tienen. Estas, pertenecen al orden Anguilliformes y cuentan con una enorme variedad de especies, desde la morena (Murenidae), hasta el congrio (Conger) pasando por la anguila común y sus crías las angulas (Anguila anguila).

De izquierda a derecha: anguila eléctrica (Electrophorus) y morena (Muraenidae)
De izquierda a derecha: anguila eléctrica (Electrophorus) y morena (Muraenidae) FOTO: libre (nombre del dueño)

Sea como fuere, estamos ante un pez que puede fácilmente llegar a los dos metros y medio y pesar 25 kilos, más o menos como un pitbull grande. Una mole de músculo que patrulla el río Orinoco, que cruza el norte de Sudamérica hasta desembocar en el océano Atlántico. Pero el río no nos aclarará cómo consiguen electrificarse. El truco está en unas células que recorren su cuerpo y que las verdaderas anguilas no tienen: los electrocitos.

Una pila viviente

Tenemos que entender que una corriente eléctrica es el flujo de unas partículas llamadas electrones que viajan de una zona con carga negativa a otra positiva. Podemos imaginar una pila, con sus dos polos. Cuando la conectamos a un circuito su lado negativo introduce electrones en la máquina que recorre el cableado para dirigirse a su meta, volviendo a entrar en la pila por el lado positivo. Las anguilas buscan conseguir lo mismo con cada uno de sus electrocitos, establecer una clara diferencia entre una parte negativa y otra positiva fomentando el flujo de electrones y produciendo por lo tanto una corriente eléctrica. No en vano, el inventor de la pila eléctrica, Alessandro Volta, se inspiró en la anatomía de estos peces.

Para convertirse en pequeñas pilas los electrocitos necesitarán crear en una de sus dos mitades una carga positiva y en la otra una negativa, esa es la meta. Para conseguirlo los pasos son varios, aunque no muchos. El primero es aprovecharse de pequeñas bombas que hay en la membrana de casi todas las células y que ayudan a enviar cosas de un lado a otro, introduciendo o expulsando partículas. La idea es jugar en este caso con partículas cargadas eléctricamente a las cuales llamamos iones. Si los electrocitos consiguen bombear al exterior de su membrana iones positivos de sodio y de potasio, estarán dándole a su superficie una carga positiva. Ahora solo queda que una de las mitades de ese electrocito pase de positiva a negativa.

Organización de la membrana de un electrocito de Electrophorus electricus. Del artículo: "The case for sequencing the genome of the electric eel Electrophorus electricus".
Organización de la membrana de un electrocito de Electrophorus electricus. Del artículo: "The case for sequencing the genome of the electric eel Electrophorus electricus". FOTO: James S Albert (nombre del dueño)

En este caso el truco estará en abrir de golpe unas compuertas especiales que hasta ahora estaban cerradas. En la superficie de la membrana se encuentran unos canales capaces de dejar pasar a los iones para que se equilibren entre el exterior y el interior. Esto, en nuestro caso significa que el sodio y el potasio irán de donde están más concentrados (el exterior) a donde apenas haya (el interior). De este modo, la membrana de la zona donde se abran estas compuertas se volverá negativa. Para hacer esto último, la encargada de abrir los canales es la acetilcolina, secretada por las terminaciones de un nervio que parte del cerebro del pez hasta sus órganos eléctricos. Cuando quiere activarlos solo ha de enviar un impulso a través del nervio, este liberará la acetilcolina que abrirá, como una oleada, los canales iónicos uno tras otro hasta llegar a una zona de la membrana que no puede atravesar, estableciendo así una frontera entre la parte cargada positivamente y la negativa. Tal vez me anticipé diciendo que era sencillo, pero al menos ya ha pasado el mal trago.

El único problema aparente es que los electrocitos son minúsculos, la electricidad que pueden generar cada uno es casi ridícula. Por eso es tan importante su disposición. Están ordenados por filas, uno tras otro sumándose como si fueran pilas colocadas en serie. Así es como consiguen pasar de 0.15 voltios por electrocito a 860, tres veces el voltaje que tienen los enchufes de las casas.

Hut y Sachs, dos formas de vida

Aunque hay que decir que la anguila eléctrica no siempre trabaja al máximo. De hecho, tiene dos órganos eléctricos para funciones muy diferentes. Para comunicarse usando electricidad cuenta con el órgano de Sachs, que produce apenas 10 voltios. Con él genera un campo eléctrico “suave” que usa, salvando las distancias, como un radar. Si algo interfiere con el campo, sea una presa o un atacante, lo detectará con las ampollas de Lorenzini, hundidas en su aplanada cara.

El órgano de Hut es la versión cafeinada de lo que acabamos de ver. Este es el que, en el caso de la especie Electrophorus voltai, es capaz de llegar a los 860 voltios. Su funcionalidad es menos sutil, siendo un arma ofensiva y defensiva en toda regla, que puede paralizar a enemigos de envergadura gracias a su intensidad de un amperio, diez o veinte veces menos que la corriente de tu casa.

Árbol de la vida mostrando la diversificación de especies de Electrophorus. Del artículo: "Unexpected species diversity in electric eels with a description of the strongest living bioelectricity generator"
Árbol de la vida mostrando la diversificación de especies de Electrophorus. Del artículo: "Unexpected species diversity in electric eels with a description of the strongest living bioelectricity generator" FOTO: C. David de Santana (nombre del dueño)

Aunque si has leído algo sobre estos peces es posible que sepas que los datos dados tienen un poco de trampa. El voltaje es tan alto porque está medido fuera del agua, pero bajo ella es menor. Si esto es cierto la anguila eléctrica sería menos aterradora de lo que parece ¿no? A no ser, que tuviera la habilidad de saltar fuera del agua para atacar a sus enemigos. Pues, de hecho, eso es exactamente lo que hace.

Tampoco nos engañemos, incluso rodeado por agua, este pez es capaz de dejar aturdido a un jaguar o un caimán, pero está preparado para hacer proezas mayores. De hecho, otra de las diferencias que tiene frente a las verdaderas anguilas es que, a pesar de ser un pez, respira mayormente fuera del agua. Cada dos minutos necesita sacar la cabeza y dar unas bocanadas. El oxígeno del aire atraviesa los vasos sanguíneos que irrigan el interior de su boca y con ello sobrevive. Es cierto que su respiración es más compleja y e intercambia el dióxido de carbono sobrante mientras está buceando, pero esta extraña costumbre nos da una pista. Y ya que están tan a gusto rodeadas de aire, no sería loco imaginarlas propulsándose fuera del agua atacando a, por ejemplo, un caballo.

Eso fue más o menos lo que le ocurrió al famoso naturalista Alexander von Humboldt durante uno de sus viajes a Sudamérica, en el siglo XIX. Su intención era hacerse con algunos ejemplares de este extraño pez y estudiar sus propiedades eléctricas, pero según le dijeron los nativos, necesitaba un cebo. Usar personas como señuelo no parecía buena idea, así que al parecer aprovecharon a sus caballos, suficientemente grandes como para que las anguilas eléctricas no supusieran un peligro. Sin embargo, lo que vieron fue totalmente inesperado. Los peces de la zona, al sentirse atacados, habían empezado a pasar entre las patas de los caballos, rozando su cuerpo contra ellas, cuando de repente, algunas anguilas eléctricas comenzaron a sacar su cuerpo del agua con potentes coletazos, pegando su cabeza contra el vientre y los muslos de los caballos y haciéndoles relinchar de dolor. Fue algo tan llamativo que incluso fue inmortalizado en un cuadro.

De izquierda a derecha: grabado de los caballos de Humboldt siendo atacados por anguilas eléctricas (Robert H. Schomburgk) e imágenes del artículo de Kenneth C. Catania.
De izquierda a derecha: grabado de los caballos de Humboldt siendo atacados por anguilas eléctricas (Robert H. Schomburgk) e imágenes del artículo de Kenneth C. Catania. FOTO: Robert H. Schomburgk (nombre del dueño) | Kenneth C. Catania (nombre del dueño) Dominio Público

Precisamente, este es el comportamiento que el doctor Catania ha registrado en varios de sus experimentos, utilizando tanto brazos de maniquíes como falsas cabezas de cocodrilo. De este modo, la anguila no solo se beneficia del contacto directo con su atacante y del aire que la aísla de perder demasiada electricidad en todas las direcciones no deseadas. Sino que otro de los beneficios principales se debe a que obliga a la corriente a recorrer una gran parte del cuerpo de su agresor viajando desde la cabeza de la anguila hasta el agua donde está el resto del su cuerpo, cerrando así el circuito.

Parecía un pez más, pero con chispa, y sin embargo ha resultado ser un rara avis que nada tiene que ver con las anguilas de toda la vida. Respirando aire, produciendo voltajes tres veces superiores a los de tu casa y abalanzándose sobre caballos. Sin embargo, todavía hay algo crucial que desconocemos de las anguilas eléctricas. ¿Por qué no les afecta su propia electricidad? Existen hipótesis al respecto, por supuesto, y tal vez la más relevante sea la que habla de sus proporciones corporales, donde al ser tan delgadas los pulsos eléctricos que crean las atraviesan rápidamente, afectándoles poco. No obstante, todavía no hay una respuesta clara y el truco que usa para librarse sigue siendo una incógnita. Tal vez haya que esperar algunos años más para revelarlo, pero no nos confiemos, porque no es tan fácil agotar las sorpresas de un pez con tales superpoderes.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Las anguilas eléctricas no son anguilas.
  • Muy rara vez son capaces de matar a grandes animales, cuando lo hacen suele ser porque los dejan aturdidos y acaban ahogándose mientras flotan inconscientes.
  • Aunque existen hipótesis, todavía no se sabe exactamente el mecanismo que usan para zafarse de su propia descarga eléctrica.

REFERENCIAS (MLA):