Ciencia

Los niños reconocen las emociones tras la mascarilla mejor que los adultos

Se descarta que la mascarilla haya podido afectar al reconocimiento de emociones durante la infancia

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La trasmisión del virus en niños y niñas resulta inferior que en adultos. Foto de archivoEnric FontcubertaAgencia EFE

La educación es como una escalera. Cada peldaño debe ser pisado en el orden correcto, o no podremos subir por ella. En los primeros años de vida, un bebé debe aprender poco a poco a entender el mundo que les rodea, adquirir el lenguaje y comprender a los otros seres humanos. Y si esto no lo hace en ciertas ventanas de tiempo adecuadas, luego le será casi imposible de conseguir en la edad adulta.

Por este motivo, algunos padres y pedagogos miran el 2020 con preocupación, temiendo que la pandemia haya podido afectar al aprendizaje de los niños. Una de las principales preocupaciones reside en el reconocimiento de emociones. Tras el primer año de vida, los bebés aprenden a interpretar las emociones de los demás. Empiezan a saber cuando alguien está alegre o triste, enfadado o asqueado, y descubren cómo reaccionar según este contexto.

El problema es que las mascarillas pueden haber complicado este proceso. Los niños de ahora pasan meses rodeados de compañeros y adultos con la cara tapada, y algunas asociaciones de padres estaban preocupados al respecto, lo que ha llevado a los científicos a crear estudios para confirmar o descartar este efecto. Finalmente tenemos buenas noticias. Un estudio americano publicado esta semana en la revista PLOS One demuestra que los niños son capaces de reconocer las emociones tras la mascarilla... incluso mejor que los adultos.

Las partes de un todo

Para el experimento se reunió un grupo de 80 niños, con edades situadas entre los 3 y los 8 años, la franja de edad en la que el reconocimiento de emociones resulta clave. A cada uno de ellos se le enseñó varias fotografías con actores interpretando diferentes emociones fundamentales, como alegría o miedo. A veces los actores tenían la cara descubierta, a veces estaban tapados con una mascarilla añadida digitalmente.

Al comparar los resultados con y sin mascarilla, se comprobó que los niños tardaban un poco más en reconocer las emociones debajo de la mascarilla, pero eran capaces de lograrlo sin problema. Esto descarta en principio cualquier problema educativo que hubiera podido provocar este último año, dejando a padres y profesores respirar tranquilos.

Pero lo curioso vino al comprobar que los tiempos cambian entre niños. A medida que los niños eran más mayores, cada vez les resultaba más difícil reconocer la emoción tras la mascarilla. Al repetir el mismo experimento con adultos, se comprobó que la tendencia continuaba. A medida que somos más mayores, nos cuesta más discernir una emoción si hay una mascarilla en juego.

La explicación para los autores del estudio reside en cómo aprendemos a percibir las caras de los demás. Durante los primeros años de vida, los bebés empiezan a reconocer una cara como un conjunto de partes independientes: dos ojos, una nariz y una boca. Para detectar emociones, se limitan a fijarse en cada parte, aprendiendo que la sorpresa consiste en dos ojos muy abiertos, o que la alegría implica una sonrisa en la boca.

Esta separación de componentes hace que la mascarilla no les afecte tanto al reconocimiento de emociones. Puede que solo puedan ver los ojos a la otra persona, pero es que están acostumbrados a analizar los ojos por separado.

Ejemplo de fotografias para reconocimiento de emociones con mascarilla.
Ejemplo de fotografias para reconocimiento de emociones con mascarilla.PNAS

En cambio, a partir de los 8 años y de manera progresiva, vamos percibiendo el rostro de otra persona como un todo. Para los adultos, los rostros no son piezas independientes que se mueven, sino una cara completa. Hemos perdido la capacidad de reconocer las emociones mirando cada parte individual, para aprender a hacerlo con el conjunto de la cara de un solo vistazo.

En principio, este reconocimiento completo del rostro suele ser más útil. En situaciones de cara descubierta, los adultos son más rápidos que los niños en reconocer una emoción. Sin embargo, si la cara está parcialmente tapada por una mascarilla, los adultos tardan más. Seguimos siendo capaces de reconocer la emoción mirando solo los ojos, pero estamos menos acostumbrados a hacerlo.

Aparte, los autores del estudio advierten que este tipo de pruebas fotográficas no son las mejores para estudiar el reconocimiento de emociones. Cuando aprendemos emociones, no se hace mirando a un rostro sin contexto, como pasa en una fotografía. El tono de voz, la situación del sujeto, y su comportamiento corporal también son importantes en el reconocimiento de la emoción. Estas pistas son usadas por adultos y niños a la hora de reconocer las emociones de los demás, y no son afectadas por las mascarillas. Es una prueba más que tranquiliza sobre el uso de mascarillas en las escuelas.

Si todavía quiere confirmarlo hay un experimento muy sencillo que puede hacer. Si tiene algún bebé o niño pequeño cerca, pruebe a sonreírle con la mascarilla puesta. Verá cómo le devuelve la sonrisa, agradecido por el pequeño gesto de sus ojos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • No es lo mismo reconocer emociones que generarlas. Los gestos faciales asociados con algunas emociones son automáticos y no aprendidos. Podemos aprender a contenerlos o provocarlos de manera artificial, como puede ser una sonrisa falsa. Pero no podemos sentir alegría y sonreír de otra manera. Una prueba fundamental es el hecho de que la gente ciega de nacimiento puede sonreír perfectamente, a pesar de no haber visto una sonrisa nunca.
  • Tras mirar el rostro completo, los adultos tienden a confirmar la emoción como hacen los niños, mirando cada parte individual. Al rastrear sus pupilas se comprueba que primero se mira a los ojos, y luego a la nariz o boca según la emoción que queramos confirmar. Por ejemplo, la nariz es un buen indicador de asco, y la boca de alegría o sorpresa. Por eso seguimos logrando identificar la emoción con la mascarilla, aunque tardemos más.

REFERENCIAS: