25.000 toneladas de mascarillas acaban en el mar

Un modelo matemático predice que los residuos de plástico ocasionados por la pandemia se acumularán en el Océano Ártico en solo tres o cuatro años. Urge corregir el impacto medioambiental de la basura.

Mascarilla abandonada en la acera.
Mascarilla abandonada en la acera. FOTO: Analogicus

Hemos usado mascarillas de más, y las hemos desechado en la acera. Hemos usado guantes cuando ya sabíamos que no servían para prevenir el contagio. Hemos comprado comida preparada con exceso de envases. A nivel mundial, la pandemia de la covid ha aumentado nuestra demanda de plásticos de un solo uso, y un nuevo estudio muestra hasta qué punto vamos a pagar las consecuencias.

Plásticos al vuelo

La situación excepcional sobrevenida por la pandemia ha generado una demanda nunca vista de plásticos de un solo uso. Tanto las mascarillas quirúrgicas como las FFP2, ahora de uso generalizado, están hechas de varios tipos de plásticos, como polipropileno y poliéster. El crecimiento de la demanda podría ser algo entendible, si pensamos que atajar la emergencia sanitaria era, o es, más urgente que gestionar nuestro impacto sobre el medio ambiente. Pero la pandemia parece habernos dado licencia para olvidar los efectos de tantos plásticos en la basura.

Lo dicen los datos recogidos por la Agencia Europea de Medio Ambiente: más de dos millones de personas en Francia se han deshecho de su mascarilla en la vía pública, según admiten en una encuesta. Incluso las mascarillas que tiramos al cubo de basura correcto (que es el de los restos, por cierto) se deben incinerar o mandar al vertedero, ya que no son reciclables. Los plásticos son tan ligeros que, si hace viento o cae una tormenta durante el transporte o ya en el vertedero, se pueden escapar. Y su recorrido normalmente los lleva al mar. Un nuevo modelo numérico cuantifica, por primera vez, el impacto de la pandemia sobre los residuos que acaban en el océano. El artículo se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences y es el resultado de una colaboración entre la Escuela de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Nanjing y el Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego.

Navegando hacia la playa

El estudio nos saca los colores: concluye que, globalmente, hemos generado más de ocho millones de toneladas de residuos de plástico solamente asociadas a la pandemia. De esta masa de residuos, más de 25.000 toneladas han acabado en el mar. ¿Qué sucede cuando los plásticos flotan en el océano? Esta es la pregunta de partida para el modelo matemático.

Para responderla, el modelo simula cómo se mueve el agua con el viento y todos los detalles sobre los plásticos: cómo flotan en la superficie del mar, se degradan con la luz del sol, los coloniza el plancton, aparecen en las playas y se hunden en el fondo del mar. Así, el equipo investigador ha podido prever el recorrido de los plásticos en el océano.

Las predicciones son desoladoras: se espera que gran parte de estos plásticos acaben o bien en las playas o bien en el fondo del mar. Una fracción más pequeña irá a parar al océano abierto y terminará atrapada en el centro de una cuenca oceánica o en una de las corrientes oceánicas subtropicales. Es probable que se generen puntos de acumulación de plásticos, sobre todo en el Océano Ártico. Debido a las corrientes oceánicas, esta zona tiene visos de convertirse en una suerte de “callejón sin salida” para la basura que llega.

Peor aún, todos estos efectos se harán notar en un futuro muy cercano. Según el modelo, un 80% de los residuos que acaben en el Océano Ártico se hundirán rápidamente, y el punto de acumulación de plásticos se formará en solo tres o cuatro años. Ya había fuertes sospechas de que el efecto de los residuos de plástico mal gestionados relacionados con la covid sería grande. Pero ahora ya no caben dudas sobre la magnitud del impacto.

El estudio revela, además, que la mayor parte de los residuos de plástico pandémicos llega al océano transportado por los ríos. De estos, los asiáticos son los principales portadores, ya que acumulan el 73% de la suma de residuos de plástico a nivel global. Curiosamente, la mayor parte de los desechos proviene de los hospitales. Por eso una de las conclusiones del modelo es la necesidad de gestionar mejor los residuos hospitalarios en los países en desarrollo.

Sin embargo, el papel de Europa también es muy relevante: sus ríos transportan un 11% del total de basura global, y las contribuciones del resto de continentes son muy modestas. Y es que el problema de los residuos de plástico no es nada nuevo. El estudio revela que las fuentes que más desechos adicionales han generado a causa de la pandemia son las que ya tenían problemas para gestionar sus residuos desde antes. Sencillamente no estaban preparadas para lidiar con una situación con tanta basura de más.

Es hora de concienciarnos

Llueve sobre mojado, y las dificultades de gestión de residuos no hacen más que intensificar la presión sobre el problema de los plásticos a nivel global, que ya está fuera de control. La zona peor parada será el Océano Ártico. Su ecosistema ya se considera particularmente vulnerable por la dureza del entorno y su alta sensibilidad al cambio climático. Y el impacto previsto de los plásticos acumulados no hará más que agravar el problema.

¿Qué podemos hacer? Lo más urgente, según el equipo investigador, es mejorar los sistemas de gestión de residuos médicos donde se generan, sobre todo en los países en desarrollo. Pero también hacen un llamamiento para que haya una toma de conciencia generalizada a nivel global sobre el impacto medioambiental de los equipos de protección individual y otros productos fabricados con plástico. Es necesario desarrollar tecnologías innovadoras para mejorar la recogida, clasificación, tratamiento y reciclado de residuos de plástico, y también idear nuevos materiales más sostenibles.

Porque los desechos generados por la pandemia son solo una parte del gran problema que tenemos hoy en día con los residuos de plástico. Para resolverlo se requiere innovación técnica, pero también una transición de la economía. Y, sin duda, necesitamos imponer cambios en nuestro estilo de vida.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La respuesta a los residuos de plástico no pasa por fiarlo todo al reciclaje. Aunque es cierto que hay tipos de plástico que se pueden reciclar para generar otro objeto plástico, el reciclaje es muy caro y la producción, demasiado barata. Es más, el proceso de reciclado es complejo y muchas veces genera emisiones importantes de dióxido de carbono. Por eso el reciclaje a veces no es rentable económicamente, ni tampoco para el medio ambiente. Esto no quiere decir que debamos dejar de separar la basura, pero para atajar el gran problema de la contaminación por plásticos es imprescindible que reduzcamos su uso.

REFERENCIAS (MLA):