De la máscara contra la peste a la mascarilla “fashion”

El coronavirus ha obligado a cancelar el carnaval de Venecia, la ciudad donde surgieron las máscaras para prevenir contagios durante las epidemias

El coronavirus eclipsó ayer a la moda en Milán. El desfile de Dolce & Gabbana no se suspendió pero parte del público asistió provisto con mascarillas para evitar un posible contagio
El coronavirus eclipsó ayer a la moda en Milán. El desfile de Dolce & Gabbana no se suspendió pero parte del público asistió provisto con mascarillas para evitar un posible contagioAntonio CalanniAP

Las pestes del pasado son los virus de hoy. Las enfermedades actuales se combaten a través de nuevos medios, pero continúan generando imágenes y situaciones similares. Se ve que los tiempos cambian, pero las costumbres y los remedios perduran. La propagación del coronavirus ha obligado a aislar ciudades y revivido a la vez una escena que parecía pertenecer a épocas ya periclitadas: la cuarentena. Este «vintage» de la medicina ha regresado y traído consigo la reedición de otro clásico: la máscara, un revival que también nos retrotrae a unas centurias lejanas y unas estéticas que ya solo vinculábamos con la farra y la diversión. El carnaval de Venecia nació con la costumbre de la Cuaresma, pero quizá resulte conveniente recordar que la careta más representativa de la fiesta no tiene su origen en ninguna festividad o celebración, sino en la peste que asoló la ciudad portuaria en el siglo XVI, exactamente entre 1575 y 1577. Durante aquel brote surgió una nueva potestad en la urbe, un magistrado de la sanidad, y, junto a él, también nació una nueva figura que después ha dado abundantes mimbres para crear todo un folclore: los llamados médicos de la peste. Las principales víctimas de una enfermedad son los que están en contacto con ella. En el Cinquecento, para protegerse de los males de los pacientes, los médicos decidieron proveerse de un atuendo especial. Unas ropas que les daba una estética que hoy reconocemos y que alguna película de terror ha aprovechado con singular acierto. La vestimenta era una especie de traje antivirus, pero con todos los primitivismos posibles o imaginados. Consistía en capa encerada, un sombrero de ala ancha bien calado en la cabeza, unos guantes de cuero y unas botas altas y también confeccionadas con cuero. Para mantener las distancias, que es la primera barrera de seguridad, se adueñaron de un vara para inspeccionar los cadáveres y examinar los enfermos sin arrimarse a ellos.

Máscara con forma de pico de ave que los médicos usaban en Venecia durante los siglos XVI y XVII
Máscara con forma de pico de ave que los médicos usaban en Venecia durante los siglos XVI y XVII

Unas medidas preventivas que se remataban con una peculiar máscara con pico de ave y unas gafas para los ojos. En un mundo donde el origen de las dolencias resultaba desconocido, existían diversas teorías para explicar su procedencia. Una de las tesis aludía a la conocida como teoría miasmática (que defendía que las miasmas eran las transmisoras principales de las infecciones). Esto explica la forma de pico. Por un lado, impedía que los galenos se acercaran demasiado a la cara de los afectados y, por otro, estaba provista con unas particulares medidas de protección: en el pico se introducía un pañuelo enjuagado en perfume que impedía que inhalaran las miasmas. Dejaban solo espacio para que entrara el aire. También se rellenaban con sustancias aromáticas, como la menta, el láudano, la mirra o el alcanfor para evitar percibir el olor de los muertos. Ahora las máscaras han evolucionado hacia las mascarillas, que son más simples y que no dan tanto miedo en primera instancia, pero que alarman mucho más. El coronavirus ha obligado a suspender el carnaval de Venecia a recuperar la máscara en el desfile de Dolce & Gabbana de Milán. Quizá, a pesar de la tecnología, no estemos tan lejos de tiempos algo más medievales.