Historia

La Iglesia y la unidad de España, los enemigos a batir por la II República

Alberto Bárcena publica el segundo volumen de “La pérdida de España”, una visión de la historia en clave católica

Iglesia ardiendo en Madrid
Iglesia ardiendo en Madrid

Alberto Bárcena ha publicado “La pérdida de España. Tomo II. De la Segunda República a nuestros días”, una revisión de este periodo histórico en clave católica. Tras un primer volumen que abarcaba desde la Hispania Romana al reinado de Alfonso XIII, el profesor Alberto Bárcena (Madrid, 1955) publica “La pérdida de España. Tomo II. De la Segunda República a nuestros días” (San Román). Un periodo donde se radicaliza el conflicto entre las dos Españas que desemboca en la Guerra Civil. El autor narra la persecución religiosa de la Iglesia Católica en este periodo, así como el franquismo y la Transición para terminar con la reciente exhumación de Franco del Valle de los Caídos. Un ensayo que analiza el devenir histórico de España en clave católica y desvelando de forma crítica el protagonismo fundamental de la Masonería, especialmente en los períodos de la II República y la España de la democracia.

-¿Considera que el 14 de abril fue un golpe de Estado? ¿Por qué?

-Totalmente, un golpe en dos actos que venía preparándose desde 1930 en el Pacto de San Sebastián, con todas las fuerzas republicanas, incluidas las derechas, mínimamente representadas por Alcalá Zamora y Miguel Maura y los llamados partidos periféricos, nacionalistas y separatistas (menos el PNV por ser católico), que llegan a un pacto de derribar al rey. También asisten oficiales republicanos como Queipo de Llano, que luego se uniría al Alzamiento, y Ramón Franco, muy radical en su ideología. Consiguen la base de Cuatro Vientos, pero nadie los sigue y el golpe en Madrid fracasa. Antes se habían sublevado en Jaca un grupo de oficiales que fueron sometidos a Consejo de Guerra y fusilados. Frustrada la vía militar, tratan de convertir las elecciones municipales de 1931 en una especie de referéndum a favor de la República. Sabían que obtendrían más concejales en las grandes ciudades y a eso se agarraron para echar al rey. Los republicanos tuvieron un tercio de los votos, pero ignoraron al resto de los españoles y proclamaron el gobierno provisional de la República el 14 de abril sin resistencia porque la Monarquía se había quedado sola.

-¿Era la Iglesia el mayor enemigo a batir?

-Sin duda. Alcalá Zamora prometía una República con obispos en las Cortes para tranquilar a las clases medias conservadoras y lo logró. Él y Miguel Maura dieron esa cobertura conservadora pero el resto de coaligados, la mayor parte pertenecientes a la masonería, dijeron claramente que su mayor problema era la cuestión religiosa y desde el mismo advenimiento de la República empezaron a perseguir a la Iglesia, a arder conventos sin que el gobierno decida mover un músculo.

-¿Cuál eran a su juicio los mayores peligros que traía la República?

-Después de la cuestión religiosa, vital para ellos, la unidad de España, por lo que en el 32 el ejército comienza a pensar en sublevarse. El 14 de abril declaran la República catalana, pero consiguen parar el golpe prometiendo un estatuto de autonomía. Aun así no se contentaron y en la revolución de octubre del 34, que estalla más violentamente en Asturias, se proclama otra vez el Estat Català, que duró 10 horas porque el general Batet acabó con él en la plaza de San Jaime contra los Mossos de Escuadra, un cuerpo autonómico recién creado. Tendían a un sistema federal como en la I República, que acabó en los cantones y, no en una, sino en tres guerras civiles al tiempo.

-¿Qué impacto tuvo la creación de Frente Popular?

-Terrible, pues tras el levantamiento de Asturias en el 34 se vio que aquello no parecía viable. En el 35 se toma la decisión de crear Frentes Populares en toda Europa y lo hace la Komintern, la Internacional Comunista, en Moscú, triunfa la idea de unirse las izquierdas para hacer la revolución. En España se alían en un Frente Popular contra el propio sistema republicano y juntos se presentan a las elecciones de febrero del 36, quedando una situación parecida a la actual, la unión de todas las izquierdas y separatistas frente a las derechas.

-¿Por qué defiende que la sublevación militar fue una Cruzada?

-Porque lo que más había enfurecido a las derechas, la mayoría católicas, era la persecución de la Iglesia. Hasta el propio Pío XI en su encíclica “Dilectissima Nobis” del año 33 ya condena la persecución que está sufriendo. De momento a golpe de leyes, de arrebatarle el patrimonio de forma encubierta en una nueva desamortización, de impedirle la enseñanza, el marginarla por completo, perseguirla y condenarla a la extinción porque la dejaba sin recursos.

-¿Por qué ganó Franco la guerra?

-Porque aparte de los militares sublevados cuenta con unos cuerpos de voluntarios, también llamados milicias, tercios de requetés, voluntarios de la Falange y monárquicos, que secundan al ejército, gente del pueblo que funcionan como verdaderas columnas militares, en cambio las del bando republicano crearon más anarquía que otra cosa. Por otro lado, la desmoralización al ver a un gobierno que huye de Madrid a Valencia por seguridad está transmitiendo un mensaje de derrota y de abandono hacia los suyos.

-¿Cuál fue el principal legado del franquismo?

-La clase media. España, un país de grandes divisiones sociales, vive su gran revolución social. La verdadera revolución española es la del franquismo, sobre todo a partir de los años 50 y 60 en que ya se puede hablar del milagro español, los planes de desarrollo y poner en práctica una legislación cuyo norte es la doctrina social de la Iglesia.

-¿Por qué aprobaron las Cortes franquistas la Ley de Reforma Política? ¿No se hicieron el harakiri?

-Absolutamente, si ellos no la aprueban no hay reforma porque el rey podía haber gobernado con la Leyes Fundamentales del Reino, nadie la pedía. “La oposición española al franquismo cabía en un autobús”, decía un directivo de la inteligencia de Franco, ¿dónde estaba esa oposición? Los líderes de la Transición, Juan Carlos I, Adolfo Suárez y todos los demás eran los partidarios de hacerla para equiparar España con las democracias occidentales y las propias Cortes de Franco saben que están asumiendo una reforma política en profundidad.

-¿Qué opina de la Constitución del 78? ¿Habría que derogarla, modificarla…?

-Ha sido tan pisoteada que podemos hablar de una derogación casi tácita, no expresa. Hay artículos que no se cumplen, como los delitos de injurias al Jefe del Estado. Crea el estado de las autonomías, que era una amenaza muy arriesgada para la unidad de España, un sistema de gobierno no experimentado nunca. Se busca el hecho diferencial entre las regiones en lugar de lo que nos une y eso ha de acabar mal a la fuerza. Y estas autonomías no suprimieron los movimientos nacionalistas, sino que estos han sido alentados desde el poder y han pactado con muchos gobiernos españoles.