Coronavirus: el drama que puede cerrar el Globe, el teatro de Shakespeare

Sus responsables comunican que si no reciben una inyección de siete millones no podrán volver reabrir las puertas y cerrarán para siempre

Casi en el lugar donde estuvo y en una reconstrucción exacta al original. En 1997 reabrió al Globe Theatre, el teatro donde William Shakespeare representaba sus obras. Permanecía cerca de su emplazamiento real y se reprodujo con los mismos materiales y con la misma imagen que tuvo en la época del bardo británico. Todo un logro. No tardó en convertirse en un reclamo turístico. El escenario no solo sirve para mantener viva la dramaturgia del escritor, sino que probablemente no existe ningún otro sitio en el mundo para poder disfrutar de esos textos en un ambiente tan próximo al que existía en tiempos del dramaturgo.

Ahora, el Globe Theatre puede cerrar debido a la Covid-19. Hasta ahora había sobrevivido por la atención que siempre había recibido del público, los talleres y otras actividades que desarrollaba de manera paralela y que estaba orientado a mantener saneadas las cuentas. Pero el actual cierre, el coste que supone un montaje, que para recuperar lo invertido requiere varios meses en cartelera y una sala llena, lo impiden. Además, las medidas restrictivas y sanitarias hacen imposible, por la característica de este escenario, que se mantenga la distancia apropiada. Para lograrlo, se necesitaría una inversión y tiempo. Unas variables que, al parecer, de las que no disfruta en estos momentos. De momento se ha informado al Parlamento británico que se requeriría una inversión de alrededor de siete millones para que continuara abierto.

Este lugar está relacionado con una de las cimas del teatro. El edificio original se levantó por la propia compañía del poeta durante el transcurso de 1599. Ahí se vio una obra como “Hamlet”, entre otras muchas. Como solía suceder entonces, un incendio, la gran amenaza de los escenarios y de las bibliotecas a lo largo de los siglos, lo arrasó en 1613 y quedó abandonado. Solo la iniciativa privada de un promotor y admirador de William Shakespeare, Sam Wanamaker, permitió ponerlo de nuevo en funcionamiento. Se utilizaron los mismos materiales que había y se guiaron, para erigirlo, por los dibujos y los planos que se conservaban. El resultado: una réplica que muy pronto se convirtió en un reclamos para los amantes del dramaturgo. Ahora, sin embargo, ni los celos de Othello, la esgrima de Hamlet ni la pasión de Romeo y Julieta pueden hacer nada para mantener abierto uno de los lugares que más contribuyen a que sus nombres continúen con vida.