“Alienati”, la ópera más marciana que nació durante el confinamiento

Escrita y montada durante el confinamiento es una alocada comedia que se estrenará vía «streaming» hoy desde Italia. La soprano canaria Davinia Rodríguez explica cómo ha sido esta experiencia pionera

Aprender a disfrutar de las pequeñas cosas. Es una frase que se ha repetido en cada esquina de este confinamiento y en cada punto del globo. Si hablamos de ópera, que es en lo que nos vamos a centrar, las estrellas han narrado foto a foto y vídeo a vídeo su encierro. Hemos visto a Anna Netrebko preparar guisos y redecorar su terraza para disfrutar del buen tiempo; a Piotr Beczala y sus humeantes tartas; Nino Machaidze nos ha dejado testimonio gráfico de la inmensidad de Lago Como; Lisette Oropesa ha tenido tiempo para ofrecer clases vía «streaming»; el tenor Arturo Chacón ha cantado junto a su hijo; el matrimonio Alagna-Kurzak nos ha regalado momentos únicos, muy divertidos, junto a su pequeña Malena, y así hasta el infinito.

Entre repostería, platos contundentes y carreras para mantener la línea un grupo de artistas se han puesto manos a la obra para poner en pie la primera ópera creada en confinamiento. Escrita, compuesta e interpretada desde casa y que se estrena hoy, con el deseo de ser vista en un teatro en cuanto se pueda representar y de, poder formar parte de la programación de un coliseo en el futuro.

Llegan los marcianos

La idea partió de la responsable de Teatro Coccia en la italiana Novara, Corinne Baron, y la obra ha sido compuesta por Federico Biscione, Alberto Cara, Cristian Carrara, Federico Gon y Marco Taralli y con las voces de Jessica Pratt, Daniella Barcellona, Davinia Rodríguez, Nicola Uliveri, Alfonso Antoniozzi y Roberto de Candia en lo que es una alocada comedia con el nombre de «Alienati» (Alienados), un confinamiento forzoso debido a una invasión alienígena.

Los marcianos amenazan con colonizar la Tierra mientras un grupo de personajes de lo más variopinto, desde un nutricionista a un chef que se alimenta de latas, pasan el encierro como pueden. La soprano canaria Davinia Rodríguez vive en Brescia y desde allí ha creado a su personaje, una «robamaridos» excéntrica y totalmente alocada con la que se está divirtiendo mucho. «Ahora empezamos a ver un poquito la luz, pero hemos estado y seguimos estando preocupadísimos. Estamos abrazados al interrogante si saber qué pasará mañana y preparados para cualquier cosa porque esto que estamos viviendo es muy fríamente inesperado», cuenta.

Ella, como tantos otros cantantes que viven alrededor del mundo, ha tenido, dice que tirar del freno de mano. Poco después de empezar el confinamiento la llamaron para contarle el proyecto, «que es una locura. Me quedé con la boca abierta y dije que sí, que claro. Lo vi, además, como un aliciente para sobrellevar esta situación».

Brescia ha sido una de las ciudades más castigadas en Italia por el coronavirus: «Cada día escuchábamos las campanas que tocaban por la gente que moría, es imposible de olvidar», explica. Cuenta que ellas y muchísima gente más del mundo de la ópera se ha quedado «temporalmente en un limbo del que no sabemos cuándo volveremos a salir para trabajar. Y esta ópera es luz y esperanza».

¿Cómo se monta una ópera virtual? Con muchas videollamadas. «Al principio fue un caos porque las conexiones no funcionaban. Imagina cómo se pueden poner de acuerdo siete cantantes, un regista, los creadores de vestuario, los asistentes. Y todos opinando». Finalmente, y después de dos meses, ya es una realidad. Tras su estreno virtual la idea es hacerlo con base de piano forte interpretado por Marino Nicolini. Y más adelante, en el teatro con orquestación.

La música, por partes

Trabajar y mantener una disciplina no ha resultado sencillo. Además de Brescia, el resto del reparto lo hace desde Florencia, Roma, Viterbo, Trieste y Trento. La música se enviaba a los cantantes a medida que los compositores iban acabando, es decir, que ha ido llegando por partes. «Con constancia, disciplina y bastante estudio se puede. Y pegados al móvil y al ordenador», señala Rodríguez. Otro cantar es la acústica, completamente diferente a la que se puede disfrutar en un teatro, «de ahí que hayamos tenido que adaptar la voz al micro de un ordenador, que no es sencillo, pero lo hemos hecho”. El personaje de la soprano se llama Thais Valery. ¿Les suena? Un guiño a dos óperas, «Thais», de Massenet y a Violeta Valery, al protagonista de «La traviata» verdiana, «una mujer completamente desquiciada que tiene la custodia compartida de su hija pequeña. Cuando se desata la alarma el ex marido no puede llegar a recoger a la niña, pero sí llega el amante para dar rienda a su pasión... Lo que sucede es que la pequeña no debe saber de la existencia de este elementos discordantes. Menudo lío», explica y añade que, además, los espectadores podrán elegir el desenlace según se vaya desarrollando la trama.

Rodríguez está deseando que acabe pronto este mal sueño y poder regresar a cantar en un teatro, aunque no cree que sea pronto «por eso los artistas de este proyecto nos hemos unidos como un grupo, teníamos esa necesidad, de poner lo mejor y sentar las bases para que este que ahora va a verse de manera virtual porque no hay otro modo de hacerlo, pueda verse sobre las tablas de un teatro», señala. Con lo que no está de acuerdo es con que se permita ir pegado al pasaje de un avión y haya que dejar butacas y filas enteras vacías en un coliseo para escuchar un pequeño concierto: «¿Por qué para unos sí y para otros no? No entiendo por qué no se puede estar sentado dos horas en un patio de butacas si hay trayectos de avión que son más largos. No lo puedo comprender. ¿Por qué existen tantos vetos para la cultura?», se lamenta.

Sofía Frizza, una estrella de 8 años
La niña que tiene un papel importante en esta obra es la hija de Davinia Rodríguez y del director de orquesta Riccardo Frizza, Sofía, de ocho años, que se toma muy en serio sus clases y los ensayos, como una verdadera profesional. «Pisa los escenarios desde que tenía 3 años y está totalmente acostumbrada a viajar. Es más, te diré que nunca había estado tanto tiempo en casa», asegura la soprano. ¿Y se ayudan mutuamente? «Es ella quien me corrige las escenas, quien se preocupa de que repita si no ha salido bien. Es un buen chute de energía para mí, el mejor. Vive el teatro desde que nació. Es lo normal por la vida que ha llevado y porque lo ha vivido», añade.