Senza fine

Sin Joaquín Marco, perdemos a un referente, a un hombre que nunca tuvo una mala palabra con nadie

ALBERT RAMISLa Razón

La muerte rondaba a Joaquín Marco en el último año y medio. Nada definido del todo, pero la bruma es así. La muerte y la vida mantienen una batalla feroz desde que abrimos los ojos al mundo. Un día esa batalla tiene su fin y a ese fin le ponemos una fecha. En el caso de Joaquín Marco la fecha es la del 2 de julio de 2020. Hasta ahí llegó un hombre que nunca tuvo una mala palabra con nadie. Para quienes nos sentimos cerca de él, para sus estudiantes de Literatura Española en la Universidad de Barcelona a lo largo de generaciones, para quienes leíamos su crítica de libros o sus artículos de opinión, primero en Destino y «La Vanguardia», después en «Abc», más tarde en «El Cultural» y, finalmente, en LA RAZÓN, su casa de los últimos veinte años, perdemos a un referente. Todos los escritores, los críticos, por supuesto los periodistas, tenemos una casa que acoge nuestros escritos, los edita, los publica y nos permite llegar al mundo de lo desconocido, que siempre son los demás. Y ahora, yo escribo en la que fue su última casa para decirle adiós. Un adiós relativo, porque el magisterio nunca muere, vuela y poliniza las mentes más allá del tiempo en que vivimos y escribimos –«Senza fine», el título, por cierto, de su canción preferida–. Y Joaquín era un maestro, fue mi maestro.