Montessori, la controvertida mujer que dio alas a los niños

Los fundadores de la compañía atribuyen su éxito a haberse educado con el método de esta revolucionaria mujer. En vida se dedicó a los más desfavorecidos, pero su legado ha favorecido a los más ricos

María Tecla Artemisia Montessori, María Montessori, fue una pedagoga, científica, médico, psiquiatra, filósofa, antropóloga, bióloga, psicóloga y humanista italiana que sentó las bases de una nueva forma de educación reconocida, hoy, en todo el mundo, como el método Montessori. Desde que pusiera en marcha la primera “Casa dei Bambini” en Roma, en enero de 1907, se puede afirmar que hay un antes y un después en la educación infantil pues resultó una auténtica revolución en tanto que no se basaba en ningún tipo de planteamiento teórico, sino en su propia experiencia educativa. Ideó nuevos materiales con objeto de favorecer el autoaprendizaje y situó la escuela al alcance del niño pensando que, si algo tenía que cambiar, debía ser el colegio adaptándolo al mundo infantil y no al revés. Pero esta controvertida mujer, tuvo sus luces y sus sombras, de las que se ocupa de forma aséptica y nada hagiográfica, Cristina De Stefano, en el 150 aniversario de su nacimiento, intentado analizar todas las aristas de la mujer que se oculta detrás del personaje.

¿Sabíamos que de niña quiso ser actriz? ¿Que fue una pésima alumna de primaria? ¿O que el material didáctico que la hizo famosa no fue ideado enteramente por ella sino por un médico francés llamado Édouard Séguin? ¿Y que soñó con fundar una orden religiosa de maestros consagrados con el mismo ímpetu con el que en su juventud teorizó sobre el amor libre? ¿Que tuvo un hijo al que dio en adopción porque se interponía en su carrera de pionera? A estos y otros muchos interrogantes da respuesta esta valiente biografía de una gran mujer que sintió el poder en la mente de los niños y cambió para siempre la forma en que los adultos los miramos.

Se dedicó al trabajo social desde que era estudiante, se ofreció como voluntaria en los barrios pobres y en los dispensarios creados por sus profesores de medicina. Feminista y sufragista, pronto se daría cuenta de que los pequeños eran los últimos entre los últimos, enviados a trabajar o a mendigar tan pronto como podían ponerse de pie y siempre expuestos a abusos. Todo arrancó el día en el que en el asilo de Roma descubrió a los escolares difíciles, aquellos denominados idiotas y que estaban encerrados junto a enfermos mentales. Fue un shock que movilizó todo su comportamiento y estudio futuro. Su obsesión pasó de la educación especial de los discapacitados a los niños en general y, así, revolucionó todo tipo de teorías arcaicas bajo la idea de poder cambiar el método de enseñanza.

Con el discurrir del tiempo, el Método Montessori se postuló como una técnica humanística para que los niños se desarrollan en un ambiente preparado, basado en unos principios naturales muy claros (autonomía, independencia, iniciativa, capacidad de elegir, desarrollo de la voluntad y autodisciplina) con la idea que fueran su propio maestro. Montessori no quería crear genios, sino dar a cada persona la oportunidad de poder desarrollar sus propias capacidades, por sí misma y con los otros. Y, de esta manera, ayudarlos a ser más humanos, equilibrados e independientes. Pero estos principios innovadores le crearon numerosas dificultades y escollos vitales, como cuando a pesar de que el decano de la facultad intentó disuadirla de que se matriculara, por fin, en 1896, se convirtió en la tercera mujer italiana en licenciarse en Medicina, con especialización en Neuropsiquiatría.

Fue en ese período cuando comenzó a estudiar con pasión el material publicado por el médico francés Édouard Séguin sobre la oportunidad de integración de niños considerados anormales dentro de la comunidad. Él, aunque había caído en el olvido, tenía claves cruciales para el desarrollo del método de María, pues había sido ayudante de Jean-Marc-Gaspard Itard en el proceso educativo del pequeño salvaje, encontrado en los bosques de Laucane, y que Francois Truffaut inmortalizaría en su película.

Pero detrás de la luz de su genial legado también ofrece zonas de sombra. Tan metódica como impulsiva, siempre se dejó llevar por su sangre caliente tomando decisiones drásticas y no siempre acertadas. Su biografía está atravesada de una profunda religiosidad, misticismo oriental, sufismo e incluso el zoroastrismo. Mientras se dejaba la piel luchando por los niños se vio obligada a abandonar al único hijo que tuvo, en secreto, con su colega Giuseppe Montesano y al que solo reconoció en el testamento. Su entrega al feminismo y a su trabajo la obligó a rechazar al único hombre que amó y por el que, tras su ruptura, vistió siempre de negro como una viuda eterna. Durante su exilio italiano, tuvo múltiples destinos como Estados Unidos, Holanda, India o España. En nuestro país estuvo vinculada al movimiento de la Renaisença catalana. El padre Antonio Casulleras, de la congregación de San Vicente de Pául intentó vincular el método de Montessori con la religión, pues le pareció católico en su esencia misma. La experiencia bélica la llevó a profundizar en los temas educativos relacionados con la paz, llegando a la conclusión de que la educación era el único camino para construir este valor.

En política fue un tanto imprudente, dispuesta a colaborar con cualquier régimen siempre que significara promover sus ideas. Una de sus cooperaciones más controvertidas fue con Benito Mussolini, a quien le brindó su ayuda para combatir el analfabetismo. Posiblemente, aquello fue lo que le costó el Premio Nobel de la Paz, a pesar de haber sido nominada hasta en tres ocasiones. Muchas fueron las dificultades y contradicciones que afrontó para hacer realidad el sueño de construir un mundo más justo, que con el tiempo lograría extenderse no sólo por todo el planeta. Otra de las paradojas es que su modelo educativo, que nació pensado para los desfavorecidos, terminaría beneficiando a los más ricos, capaces de pagar tarifas desorbitadas para formar a sus criaturas en una cultura exclusiva.

Esta libre pensadora, que trabajó por la educación sexual, la libertad del matrimonio y la justicia social, también fue una católica de línea dura que intentó convencer al Papa para que aprobara la idea de una orden secreta laica de consagrados para convertir a los pequeños de la especie humana en el sustento de la civilización. Aunque no lo consiguió, creó un movimiento internacional que dirigió con mano de hierro, patentando su material, defendiendo la integridad del método e insistiendo en ser la única autorizada para formar a sus profesores. Empresarios, escritores, artistas y científicos atribuyen a la educación Montessori su espíritu libre y emprendedor. Cabe destacar a Gabriel García Márquez, Jacqueline Kennedy o Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google, quienes, al ser entrevistados en 2004 como dos de las personalidades más fascinantes de ese año, destacaron que gran parte de su éxito lo debían a su pasado en las aulas Montessori, donde aprendieron a ser autodidactas, con iniciativa propia y a pensar por sí mismos, lo cual les dio libertad para seguir sus intereses. Por poner la última guinda, sepa el lector de que la asociación Montessori ha inspirado un mobiliario infantil ecológico. En definitiva: una mujer que vivió en tierra de nadie, pasó por un mundo viejo que imponía sus reglas, y habló de uno nuevo que solo fue posible tras su paso por él. Esta es la biografía de una mujer en continua transición.

Celebridades educadas con el método Montessori

El aspecto revolucionario del método Montessori es inherente a que sea un soporte a la vida misma, una forma de entender la educación que sigue el enfoque filosófico socrático, o incluso junguiano, si se quiere, basado en la formación del individuo a través del autoconocimiento. Es necesario, por tanto, educar al niño para que descubra quién es, curar heridas antiguas y, como reformador, progresar en su propio desarrollo y en el de toda la humanidad. Eso es lo que tienen en común personalidades de todas las esferas de la vida cultural, científica, política o artística. Tal es el caso de Mark Zuckerberg , cofundador de Facebook; Jeff Bezos , fundador de Amazon o Jimmy Wales , cofundador de la enciclopedia web abierta y gratuita Wikipedia. También estudiaron bajo este método: el escritor y Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, la autora del diario más famoso de todos los tiempos, Ana Frank; los políticos Bill y Hillary Clinton, las cantantes Cher y Beyonce, y los actores George Clooney, Helen Hunt, Michael Douglas o Hugh Grant. Incluso miembros de la realeza han aprendido bajo las premisas de la pionera italiana como el príncipe Guillermo y su hermano Harry, puesto que la madre de ambos, Lady Di, antes de casarse trabajó en una de las guarderías Montessori de la capital británica.