Ken Follet vuelve al origen: ¿qué sucedía en la Tierra antes de tener pilares?

El escritor superventas regresa al origen del éxito de su saga literaria con “La tinieblas y el alba”, la trepidante precuela de “Los pilares de la Tierra”

La anómala forma en la que ha tenido lugar la rueda de Prensa con la que Ken Follett ha presentado su nuevo libro “Las tinieblas y el alba” (Plaza & Janés), precuela de la trilogía que le elevó a los altares de la palabra, poco o nada se parece al contexto en el que sus obras se sitúan. Durante la hora generosa que ha durado la presentación, la oscuridad de las mazmorras del medievo se ha sustituido momentáneamente por la luminiscencia artificial de las pantallas digitales. El abrumador éxito del escritor galés no entiende de espacios temporales, de territorios, ni de límites. Es capaz de expandirse como una infinita mancha de agua literaria por los diferentes países que ha conseguido conquistar gracias a una rápida pluma y a una trepidante manera de concebir en términos narrativos los secretos, las dobleces y los misterios aprovechables de la Historia.

Conflicto perenne

En esta ocasión, el autor se sitúa en el ocaso de la Edad Oscura. Inglaterra se enfrenta a los ataques de los galeses en el oeste y de los vikingos por el este. La vida es difícil y aquellos que ostentan algo de poder lo ejercen con puño de hierro usando la justicia para servir a sus intereses por encima de la gente corriente y, a menudo, en conflicto con el propio rey. Sin un claro imperio de la ley, dominan el caos y la violencia. “La historia transcurre durante el final de la Edad Oscura y el inicio de la Edad Media, es el momento del anochecer y el inicio de un nuevo día, de ahí el título. En el año 997, había tres grupos que competían por hacerse con el control de Inglaterra: los anglosajones, los vikingos y los normandos. Estos últimos son los que tenían una sociedad más avanzada. Estaban viendo la mejor oportunidad para cruzar el Canal de la Mancha para poder invadir Inglaterra”, explica el escritor.

En este incierto mundo recreado de forma virtuosa por el autor, se cruzan los caminos de tres personas. La vida de Edgar, un joven constructor de barcos a punto de fugarse con la mujer casada a la que ama; Ragna, una noble normanda casada por amor que acompaña a su marido a una nueva tierra al otro lado del mar solo para descubrir que las costumbres allí son chocantemente distintas y Aldred, un monje idealista, que sueña con transformar su humilde abadía en un centro de saber que sea admirado en toda Europa.

La base sobre la que se asientan las aristas humanas de todos ellos, vuelve una vez más a reafirmarse como difícil: “La trama se desarrolla de nuevo en Kingsbridge, una ciudad inventada pero que ahora cuenta incluso con su página web. En torno a ella giran los ''Los pilares de la tierra'', ''Un mundo sin fin'' y ''Una columna de fuego'' y pensé cómo sería antes de esa trilogía, me pregunté cómo un pueblo se transforma en una ciudad próspera medieval. En una historia como esa, siempre hay conflicto, porque hay gente a la que no le interesa el progreso, quiere dejar las cosas como están, es un conflicto perenne, que hoy existe, se perpetua”.

Para conseguir un grado de verosimilitud lo suficientemente atrayente, el escritor describe la encomiable labor de documentación que ha habido detrás del proceso: “Fue complicada. Los anglosajones no escribían mucho, casi no han dejado pinturas y gran parte de sus construcciones estaban hechas de madera y hace mucho que se acabaron pudriendo. He examinado la mayoría de las iglesias anglosajonas de Inglaterra, he pasado tiempo en el pueblo anglosajón reconstruido de Stow, he visitado el Museo de Barcos Vikingos de Oslo y he estudiado el Tapiz de Bayeux, tanto el original en Bayeux como la réplica del Museo de Reading”.

Ese tapiz al que hace referencia Follett es un lienzo de grandes dimensiones, 50 × 6838 cm, bordado del siglo XI, con inscripciones en latín, que describe los hechos previos a la conquista normanda de Inglaterra, que culminó con la batalla de Hastings. “El tapiz revela grandes detalles de la época, los tipos de aves que había o cómo la gente salía a pasear al perro. Hay otras cuestiones que no he podido averiguar, por ejemplo, tenía gran interés en saber cómo era la ropa interior de entonces. Así que en esos casos utilizo la imaginación que también es divertido”, prosigue.

Resulta importante remarcar el hecho de que uno de los temas centrales de la novela es, entre otros, la importancia del Estado de Derecho en una sociedad. Su extrapolación con la realidad adversa que atraviesa Reino Unido en estos momentos parece clara. Algo que el escritor asume de la siguiente manera: “La mayoría de mis relatos versan sobre cómo la gente lucha por conseguir algún tipo de libertad. Es un tema que me interesa mucho, porque indica que el conflicto subyacente no es egoísta, sino de miras superiores. Esto resuena en la situación actual, porque la supremacía de la ley y la del Gobierno que debe aplicarla se ha cuestionado”, asegura convencido.

Nadie puede estar por encima de la ley, pero ahora vemos cómo todos los gobiernos del mundo se están cuestionando el imperio de la ley. Lo que hoy pasa en el Reino Unido mañana puede ocurrir en Polonia. Los Gobiernos que no respetan la ley tienen un problema. En mis libros no quiero mandar mensajes a los lectores. Pero es interesante cómo algo histórico tiene resonancia en el momento actual. Considero que el Brexit es negativo tanto a nivel cultural como económico para mi país. No quiero que mis lectores me identifiquen con esa tendencia del Brexit porque yo siento justo lo opuesto”, subraya.

España, pese al descarte inicial que una editorial llevó a cabo con el primer libro de la trilogía por considerar excesiva su extensión, es uno de los lugares en los que el éxito de Follett ha retumbado con más fuerza: “En España me pasó algo curioso. La primera editorial a la que presenté en 1989 “Los Pilares de la Tierra”, lo rechazó porque me dijo que era muy largo. Tuve que buscar a otra. Pero luego se convirtió en la novela más leída de todos los tiempos y rengo que reconocer que sentí gran satisfacción. Creo que aún hay alguien que se está arrepintiendo por aquello”, comenta entre risas. Asimismo, el galés no puede evitar sentirse aludido por la situación extraña, ya no solo en lo que a salud pública se refiere, sino a la derivas ideológicas que la incertidumbre promueve: “Espero que lo que estamos viviendo ahora, todos esos ataques a la democracia, no sean más que ese paso hacia atrás. Estamos en un momento difícil, pero espero que mis nietos puedan decir que la segunda parte del siglo XX y el principio del XXI fue un momento de avance interrumpido por alguna dificultad”, aduce.