Rihanna quiere que la perdones

A medio camino entre la publicidad y la mojigatería, la cantante no tardó en pedir disculpas tras ofender a parte del islam

Los casos de persecución de la disidencia religiosa y la blasfemia en el ámbito musulman encabezan todos los ránkings de violencia a nivel mundial. La última de sus víctimas, o más apropiadamente la última en claudicar sin presentar batalla, fue la celebérrima Rihanna. La cantante y diseñadora, célebre por sus canciones y, de paso, por su exuberante tendencia a mostrarse típicamente seductora, usó textos de Mahoma presuntamente compilados por sus seguidores y exegetas.

Lo hizo durante un desfile de moda, Savage X Fenty 2020 Vol. 2, retransmitido por Amazon Prime Video desde el Centro de Convenciones de Los Ángeles, California. Pónganse en situación. Unas guapas y guapos en ropa interior bailaron «Doom», canción del productor Coucou Chloe. Al parecer la tonada incluye textos sacados del Hadith.

La reacción tuitera fue previsible, el murmullo puritano parejo y la respuesta de los fundamentalistas está por verse. Por si acaso Rihanna, la empresa y Chloe pidieron perdón. «Nos disculpamos por la canción que apareció en el programa Savage x Fenty. No deberíamos haberlo usado. Las pistas vocales de la canción están siendo reemplazadas y el programa está siendo editado. Sentimos el mayor respeto y amor por la comunidad musulmana. Todas las marcas de Fenty se han basado en la noción de inclusión y respeto por todos, y fue un error lamentable por nuestra parte. Estaremos atentos en el futuro para garantizar que esto nunca se repita».

Por su parte, la cantante agradeció a la comunidad musulmana por señalar un «gran descuido, involuntariamente ofensivo». Añadió que ella no «¡No juego con ningún tipo de falta de respeto hacia Dios o hacia ninguna religión y por lo tanto el uso de la canción en nuestro proyecto fue algo completamente irresponsable!». En efecto, el suyo parece un acto tomado sin la debida meditación. Tanto en términos económicos como de libertad de expresión. Uno de los principales fustigadores de Rihanna y Clhoe, el diseñador Ershad, escribió que espera «que este suceso negativo pueda usarse de forma positiva, para educar a todos los involucrados sobre la santidad de las escrituras y textos religiosos dentro del mundo musulmán y con la esperanza de que algo así no vuelva a suceder».

La verdad es que para ilustrar sobre las consecuencias de este y otros deslices similares Ershad podría haber citado el caso del activista argelino Yacine Mebarki, recientemente condenado a 10 años de cárcel y a una multa de 77.400 dólares por «ofender al Islam e incitar al ateísmo» por escribir en su muro de Facebook contra el hiyab. Qué tal lo sucedido con Paquistán con el ciudadano Asif Pervaiz, un hombre de religión cristiana, padre de cuatro niños, acusado por su jefe de proferir comentarios blasfemos, detenido por las autoridades desde hace siete años y finalmente condenado a muerte; los familiares de Pervaiz han sido detenidos y torturados. También podría preguntar a Salman Rushdie, que todavía tiene una fatwa por su cabeza. O por los dibujantes y guionistas de Charlie Hebdo.

Pero resulta mucho más descansado hacer como Junot Díaz, Peter Carey, Rick Moody, Joyce Carol Oates, Wallace Shawn, entre otros escritores, cuando al Pen Club se le ocurrió galardonar a los supervivientes de Charlie con el premio Toni and James C. Goodale a la Libertad de Expresión. Para Díaz y cía. el homenaje del Pen, lejos de dar la cara por los mártires de los valores ilustrados y el humanismo, alimentaba la islamofobia y servía para atacar a «una población de por sí marginada, golpeada y victimizada, víctima del legado colonial francés».

O como le dijo la activista Sarah Haider, fundadora de Ex-Muslims de North America, a la escritora y también activista Ayaan Hirsi Ali, «Cuando comencé a hablar públicamente sobre el islam, rápidamente descubrí (igual que tú), que aquellos que pensé que estarían de nuestro lado me miraban con sospecha. Mis críticas al islam estaban basadas en en los mismos principios que esos liberales decían defender y, sin embargo, fui rápidamente rechazada por ellos». Que se lo cuenten a Rihanna.