Crítica de “Trolls 2. Gira Mundial": Nostalgia de abrazos y purpurina ★★★✩✩

Una escena de la película de animación "Trolls 2"
Una escena de la película de animación "Trolls 2"ImdbImdb

Directores: Walt Dohrn y David P. Smith. Guión: Jonathan Aibel, Glenn Berger. Música: Theodore Shapiro (Canciones: Kelly Clarkson). Estados Unidos, 2020. Duración: 90 minutos. Animación.

Hay películas que dependen del momento, del estado anímico con que la veamos, de la realidad que existe fuera de la sala; sin ir más lejos, hay películas que quieren existir por encima de estos ocho nauseabundos meses; que quieren que olvidemos la mascarilla, porque ya no sabes cuándo toca tirarla, y las manos despellejadas, ajenas, por tanto hidroalcohol. Y, entonces, ese filme hace algo parecido a la magia, a la Navidad que no tendremos, porque despliega un mundo increíblemente irreal, saturado de colores, de psicodelia, de purpurina, de Trolls rocambolescos cuyo imperativo de vida radica en ser felices, así de simple o complejo. Lo dice la reina, y también en cantar todo el tiempo durante una película eminentemente concebida para un público infantil pero que a un adulto le emocionará cuando observe la inocencia de los Trolls amontonados, abrazándose, libres, durante un concierto pop con el que se inaugura el filme.

Retoma el final de la historia anterior, estrenada en 2016, aunque aquel era otro mundo. Poppy y su enamorado Branch descubren que existen más tribus como ellos, cinco concretamente, aunque los gustos musicales de esos «compatriotas» son muy distintos a los suyos. De hecho, cada comunidad está consagradas a tipos bien dispares: al funk, country, tecno, clásica y al rock. Ni hablar quieren del pop, sobre todo, Bárbara, la líder de los heavy metal; incluso quiere acabar con la cursi Poppy por el mal que han hecho gente como las Spice Girls o Justin Timberlake. Qué injusta la punky Bárbara. Ni más ni menos eso es, una ingenua historia con mensaje obvio y meridiano; acepta a quien es distinto a ti porque, debajo de las medias de malla y los vestidos rosas, somos todos iguales, calcos. Y todos, al final, saldremos por la otra puerta del cine mientras buscamos por enésima vez el gel siguiente y piensas triste como este octubre que, de vez en cuando, sería maravilloso vivir un tiempo dentro de una película. De dibujitos.

Lo mejor

Vuelve a ser una borrachera de color, de brillos, de canciones, una perfecta anestesia

Lo peor

Que la historia, aunque estéticamente vistosa, resulta demasiado previsible