Thomas Chatterton Williams
Thomas Chatterton WilliamsD NabokovLa Razón
Thomas Chatterton Williams

Thomas Chatterton Williams, el “ex negro” que quiere abolir las razas

Este intelectual estadounidense afincado en París, donde le consideran «simplemente americano», asegura que allí se ha liberado de «toda esa locura racial y tóxica» de EE UU

El nacimiento de su primera hija, rubia y de ojos azules, cambió la percepción de la raza de Thomas Chatterton Williams (Nueva Jersey, 1981) hasta el punto de que ahora defiende abolirla. Afincado en París, donde le consideran «simplemente americano», este intelectual asegura que allí se ha liberado de «toda esa locura racial y tóxica» de EE UU. En su último libro, «Self-Portrait in Black and White» («Autorretrato en blanco y negro»), aún no publicado en castellano, plantea la necesidad de «desaprender» la raza, de trascenderla, como única forma de avanzar. Una propuesta que no ha sido bien acogida por la izquierda porque, en su opinión, sacan partido de insistir en las diferencias entre blancos y negros.

–¿Cómo es esa locura racial desatada en EE UU de la que habla?

–En los últimos cinco años se ha producido un enorme retroceso en América, más allá del terrible pasado histórico de la esclavitud. La victoria de Barack Obama en 2008 dio la impresión de que, por fin, íbamos a dejar atrás algunos de los problemas que acarreábamos desde siempre. Pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca trajo la polarización, acentuada con la muerte de George Floyd en mayo de este año. Hay un deseo de la izquierda de no avanzar más allá de la división racial, de que los blancos sigan siendo blancos y los negros, negros. Que se perpetúen unas diferencias que, en realidad, ya no significan nada. Seguimos obsesionados con la raza y no hemos encontrado la manera de superarlo, seguimos estancados en esta dinámica insana.

–¿Qué persigue la izquierda con esa insistencia en la diferencia racial?

Se aprovechan de ello para afianzar su poder. Me refiero a las elites, claro, a los que están instalados en los medios de comunicación, las instituciones culturales, las universidades... Ese énfasis que ponen en la identidad diferenciada les sale a cuenta. El movimiento “Black Lives Matter”, por ejemplo, que sin duda ha ayudado a elevar la conciencia sobre la brutalidad policial, también nos ha hecho pagar un alto precio. No vas a derrotar el racismo poniendo el foco de manera exagerada en las diferencias de raza, como si fuera lo más importante. Mientras muchos se benefician la sociedad sale perjudicada.

–¿Cuál es el lado oscuro del movimiento “Black Lives Matter”?

Es la reafirmación de la idea de que las vidas de los negros son diferentes de las de los blancos. El abuso policial y las muertes se ceban en la población afroamericana, es verdad, pero es que también matan a muchos blancos. El video de la muerte de Floyd lo puedes encontrar calcado con un joven blanco llamado Tony Timpa, que hace años murió de la misma manera, en el suelo y diciendo que no podía respirar mientras la Policía se reía. Es inaceptable que la gente muera así, tiene que ver con nuestros valores y no con el color de la piel.

Usted se define a sí mismo como “ex negro”. ¿Ahora qué es?

–Soy alguien cuyo padre era considerado negro en la sociedad americana, que creció en la época de la segregación. Mi madre era blanca. Para la lógica de mi país yo era considerado negro porque desde los tiempos de la esclavitud una sola gota de sangre negra marcaba la diferencia. Yo desciendo de esclavos, de lo cual me siento muy orgulloso, pero también de sus dueños. Además, la mayoría desconocemos de qué lugar de África provenimos, el rastro se ha perdido. Como tantos estadounidenses, mi herencia es mixta, y lo que yo quiero hacer es alejarme de esa lógica esclavista que te hace negro porque lo que subyace es que el blanco es superior. No pienso entrar en ese juego más. Es un acto de rebeldía personal. Desde el punto de vista de la raza, soy miembro de la humana, igual que todo el mundo.

–Siguiendo su lógica, Barack Obama no fue el primer presidente negro de su país.

–Seguramente hubo otros antes que él, como Warren G. Harding, que tuvo ancestros negros, un origen que por entonces se ocultaba. Muchos americanos son mestizos. De hecho, aunque quizá suene menos espectacular, Obama fue el primer presidente con un origen abiertamente africano, aunque solo parcialmente porque es mulato. De hecho, en los comienzos de su campaña muchos intelectuales de la comunidad negra no lo consideraban uno de ellos porque su padre era de Kenia, donde no hubo trata de esclavos. Y su madre era blanca. Su negritud en realidad ganó credibilidad a través de su actuación; con quién se casó, cómo eran sus hijas, la vida que llevó en Chicago... Esto es muy americano. Pero desde el punto de vista cultural o biológico, creció en Hawai y lo crio su madre blanca. A su padre ni siquiera lo conoció.

¿Kamala Harris lleva el mismo camino?

–Ella tampoco tiene ninguna conexión con la esclavitud en América. Su herencia es india, pero ha jugado esa baza de una forma que refleja a la perfección la manera tan extraña en la que tratamos el tema de la raza en EE UU. Se rodea el asunto de una ambigüedad que deja patente la falta de base científica y el cariz político. Harris se convirtió en negra en su carrera política, fue producto de una elección. Está casada con un hombre blanco, que es otro de los temas que trato en el libro. Cómo afecta la persona con la que te casas o los hijos que tienes a la percepción de los demás.

–¿Cree que ciertos sectores de la comunidad negra lo ven a usted como un traidor porque, además de su discurso, está casado con una blanca?

–Seguro que algunos sí. Pero lo interesante de la comunidad negra, como de cualquier otra, es que no hay un solo punto de vista. Conozco a mucha gente que lo ve perfecto, que uno debe casarse con quien quiera. Pero también hay blancos que lo consideran una traición a mi gente. Sobre todo, los que se denominan a sí mismos progresistas.

–Hace unos días, Douglas Murray decía en este mismo periódico que algunos blancos se sienten mal por el hecho de serlo. Como si fuera algo malo.

–Todo está conectado con el pasado de brutalidad que nunca se ha cerrado. Hay un intento de algunos blancos de disociarse de las barbaridades racistas cometidas por la raza a la que pertenecen. Por eso demonizan y se centran en condenar actos racistas cometidos contra los negros, como para dejar claro que ellos son los blancos buenos. Es curioso porque cada vez estamos viendo más miembros de comunidades que no son blancas defendiendo posturas conservadoras que se dan de bruces con el relato progresista que ha confeccionado para ellos la izquierda blanca.

–¿No cree que su postura es mucho más difícil para un negro con la piel más oscura?

–Es evidente que el tono de la piel, más oscuro o más claro, está directamente relacionado con el trato racista con el que uno puede toparse. No lo dudo. Otra cosa es que influya en su manera de pensar. Hay muchos que parecen más blancos que negros y que, en cambio, están totalmente en contra de lo que yo defiendo. Y al contrario. Negros de piel muy oscura que están listos para trascender la raza porque han comprobado que no ha traído nada bueno.

Christopher AndersonChristopher Anderson

–¿También cree que los más pobres, a los que su identidad racial les sostiene, están en condiciones de “desaprender” su raza?

–No, claro. Lo que ocurre es que en EE UU hacemos que el debate gire exclusivamente sobre la raza y hablamos muy poco de clases. Por eso cuando hablamos de diversidad lo hacemos como si todos los negros y todos los blancos vivieran experiencias similares. La sociedad es extremadamente compleja en este 2020, existen muchos ciudadanos cuya piel no es clara que viven vidas privilegiadas, mucho mejores que las de otros blancos. Categorizar por colores es simplista y falaz, no corresponde a la realidad.

–Su propuesta es que nos retiremos de la raza. ¿Eso cómo se aterriza?

–Nunca lograremos derrotar al racismo si seguimos creyendo en la raza. Lo que hay que hacer es abolirla. Y estoy a favor de que el Gobierno americano compense de alguna manera a esas comunidades que sufrieron maltrato para poder comenzar de cero, de igual a igual.

¿Eso haría desaparecer el racismo que sufren los afroamericanos en EE UU?

–Es evidente que mucha gente es racista. Pero creo que las personas de buena voluntad pueden convencerse de que apegarse a las categorías que creamos hace 500 años en Europa debido al tráfico de esclavos y a una terrible opresión ya no tienen sentido. No lograremos la sociedad multiétnica que perseguimos mientras sigamos dejando que esas diferencias, que sabemos que no tienen ninguna base biológica, se sigan reproduciendo en la sociedad.

–¿Detecta cierto de complejo de superioridad en este apego racial?

–No es la nota dominante, la mayoría de los negros entienden que la raza es algo que han usado contra ellos y lo que quieren es que se les trate mejor. Sin embargo, también es verdad que hace ya bastante tiempo existe una tendencia entre ciertos grupos a creer que son superiores que los blancos desde un punto de vista moral.

–¿Qué será lo siguiente? ¿Trascender el género?

–Es curioso porque la izquierda se ha trascendido el género con una naturalidad que con la raza brilla por su ausencia. No entiendo muy bien el motivo. Ha cambiado por completo la forma en la que hablamos de los transgénero, de la sexualidad, de una manera tan abierta que hace cinco años habría resultado impensable. Ahora se acepta con total normalidad que Bruce Jenner se haya convertido en Caitlyn, por ejemplo. Los mismos que están de acuerdo en que el género no es binario, que es más bien un espectro, dirán que la raza es fundamental para configurar la sociedad. Que los blancos heredan los privilegios y que son racistas en su mayoría y que los negros están oprimidos. No entiendo lo fácil que ha sido la transición con el género y lo solidificada que sigue estando está la raza, mucho más que en los 60.

–Hablando de transgénero, usted fue uno de los impulsores de la carta en defensa de J.K. Rowling el pasado mes de julio en contra de lo que llamaron la “cultura de la cancelación”.

–La acogida fue muy buena y creo que cumplió su objetivo, que era que se hablara de la importancia de defender la libertad de expresión y combatir la censura. Fue muy inspirador el apoyo que nos dio un grupo de cien intelectuales de habla española, liderados por Mario Vargas Llosa. En su carta se referían a un asunto que veo crucial, y es que a las minorías les va mejor en sociedades liberales en las que el debate público es abierto, sin cortapisas. Pero también es verdad que las críticas fueron extremas, radicales.

¿Cree que Twitter tiene la culpa de la dictadura de lo políticamente correcto, de linchamientos públicos como el de la creadora de “Harry Potter”?

–Está claro que la tecnología está permitiendo que ocurran cosas inconcebibles hace unos años. Ahora todo lo que decimos está ahí fuera y es susceptible de ser compartido de forma masiva. Cualquiera puede tomarla contigo de repente y desencadenar una reacción violenta de una dimensión desproporcionada que te cueste el puesto de trabajo. Te pueden humillar, convertirte en chivo expiatorio. Es un mundo nuevo en el que tenemos que encontrar la manera de defender la libertad de expresión contra los linchamientos públicos.

–¿Por qué ocurre precisamente ahora, en pleno siglo XXI?

–Creo que tiene que ver con un aumento espectacular del número de voces debido a las redes sociales. Hay muchísimo debate en la plaza pública, más que nunca. También está relacionado con la situación económica, con la escasez de empleo en los medios de comunicación, las universidades, las instituciones. Todo el mundo trata de mantener una postura que los diferencie de los otros, llamar la atención, aunque sea a costa de derribar a otros.

Pero algo pasa también fuera de las redes y el movimiento “woke” de la llamada “generación Z” es un ejemplo de ello.

–Creo que las nuevas generaciones de universitarios se han criado de una forma totalmente distinta a la nuestra. En un mundo más inseguro, en el que se les ha dicho que deben tratar de sentirse siempre a salvo. La cultura universitaria actual ha convertido al estudiante en cliente, solo quieren que desaparezcan las ideas que pueden ser más controvertidas. Esa generación ya está entrando en el mercado de trabajo y goza de una gran influencia en Internet. A eso le sumas la polarización que ha traído Trump y cómo ha despertado los miedos más atávicos y el resultado es que cualquier desacuerdo parece a vida o muerte.