Literatura

Uslar Pietri, el escritor al que solo la ceguera pudo frenar

Se celebran los veinte años de la desaparición de uno de los máximos escritores de la historia de Venezuela, premio Príncipe de Asturias de las Letras, del que la editorial Drácena está ofreciendo diversos libros

La editorial Drácena está ofreciendo diversos libros de Arturo Uslar Pietri, Príncipe de Asturias de las Letras de 1990
La editorial Drácena está ofreciendo diversos libros de Arturo Uslar Pietri, Príncipe de Asturias de las Letras de 1990 FOTO: Archives of El Nacional newspape

Arturo Uslar Pietri desapareció a la muy provecta edad de noventa y cuatro años, el 26 de febrero de hace ya veinte años, en su natal Caracas. Enclaustrado en su casa durante sus últimos tiempos, en la periferia de la capital venezolana, sufría de una ceguera que le había forzado a detener su prolífica actividad literaria. De hecho, permanecía allí prácticamente retirado desde el comienzo de los años noventa: tras ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias y algo más tarde de ofrecer “Los cuentos de la realidad mágica” (1992), una antología de los relatos que escribiera bajo el signo del realismo mágico hispanoamericano, del que fue –a partir de los años treinta y junto con el guatemalteco Miguel Ángel Asturias– uno de sus máximos representantes.

La vasta trayectoria literaria de este autor se desarrolló en paralelo a la política, y en España disfrutó en su día de atención editorial notable, sobre todo en lo que atañe a su máximo logro, “Las lanzas coloradas” (1931), una recreación de la guerra de independencia en Venezuela. La escribió en París pero la publicó en Madrid, y en ella desarrolló un episodio en torno a cómo la región del llano fue asolada por el general realista José Tomás Boves; asimismo, el relato reflejaba el intento de Simón Bolívar de liberar la entonces Capitanía General de Venezuela de manos del poder español, aunque la figura del libertador no se hacía presente más que de manera referencial.

Una obra de juventud, de tinte bélico y aventurero, con grandes escenas de batallas llenas de extraordinaria violenta, que mereció las siguientes palabras de Mario Vargas Llosa y que dan buena cuenta de su dimensión artística: “Abrió la puerta para lo que sería luego el reconocimiento de la novela latinoamericana en todo el mundo”.

Ciertamente, política y literatura fueron avanzando de forma paralela en las inquietudes del joven Uslar Pietri, que estudió Ciencias Políticas en la universidad mientras escribía “Barrabás y otros relatos” (1928), una serie de descripciones de la vida rural venezolana heredera, claramente, de la «novela regional» inaugurada por su compatriota Rómulo Gallegos. Después, vendría su periplo como ministro de Educación, Hacienda y Relaciones Interiores en las décadas de 1930 y 1940, hasta que se retiró de la política en 1945 después de sufrir la cárcel y el destierro por denunciar las etapas dictatoriales que sufrió su país. A partir de aquel instante se concentraría en el periodismo, colaborando con la Agencia EFE con una columna semanal que llamó «Pizarrón», y llegando a ser director del periódico “El Nacional” entre 1969 y 1975 y, por supuesto, en la literatura.

La relación con la política le venía de lejos; era descendiente de un edecán de Simón Bolívar y de dos presidentes de Venezuela –además, su abuelo materno, el general Juan Pietri, fue presidente del consejo de Gobierno–, por lo que para él acabó siendo natural ocupar estos cargos: tres veces ministro, como se apuntaba, más secretario de la Presidencia de la República, diputado y senador, y hasta candidato a la Presidencia de la República, en 1963. En 1929 había marchado a París, para ocupar el puesto de agregado civil en la Embajada.

Allí, durante un lustro trabaría amistad con Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, y frecuentaría a Paul Valéry, Robert Desnos, André Breton, Ramón Gómez de la Serna… Asimismo, cabe decir que fue el formulador del término «realismo mágico», en su ensayo “Letras y hombres en Venezuela” (1948). Y es que su obra literaria aborda todos los géneros, en especial el ensayo periodístico, a la que se añaden siete novelas y nueve recopilaciones de cuentos.

Así, iban a nacer novelas que deseaban reconstruir grandes momentos de la historia: “El camino de El Dorado” (1948) narra la aventura de Lope de Aguirre, que recorre el río Marañón en busca de esa tierra soñada hasta alcanzar la isla Margarita y manifestar su rebeldía contra Felipe II; “Oficio de difuntos” (1976) recrea las dictaduras de Páez y Gómez; y “La visita en el tiempo” (1990) recoge el ambiente de la época de Juan de Austria. Son sólo tres ejemplos de la manera de concebir la vida y la literatura por parte de Uslar, casi siempre política e históricamente.

Algunos de estos textos están siendo publicados ahora por la editorial Drácena, que se está especializando en rescatar la obra de grandes autores hispanoamericanos. En este caso, tenemos al alcance “La ruta de El Dorado”, “Un retrato en la geografía”, “Oficio de difuntos”, “La isla de Robinson”, “La visita en el tiempo” y, la más reciente, “Estación de máscaras”. En ella, Álvaro Collado, el protagonista, regresa a Caracas tras diez años de destierro, en 1948, y se encuentra a sus viejos amigos y conocidos alterados por una circunstancia terrible: el inminente golpe de Estado.

Ese revuelo por agasajar al próximo dueño del país que anima a los amigos del protagonista y los tipos de turbia catadura de los que el futuro dictador se sirve para cumplir sus propósitos constituyen la galería que urde este relato, descubriendo con su trama toda la hipocresía de la sociedad. Con esta obra, Uslar Pietri concluyó lo que pretendía ser una trilogía –”El laberinto de Fortuna”–, pero que se convirtió en un binomio –esta novela y su predecesora: “Un retrato en la geografía”– sobre la convulsión social que supuso la explotación del petróleo para Venezuela.

UN AUTOR RECONOCIDO

Recibió 25 condecoraciones o distinciones de diversos organismos y universidades, y obtuvo una buena cantidad de galardones por sus libros. En 1982, el Premio Nacional de Literatura, por su novela “La Isla de Robinson”, pero por supuesto el más trascendente fue el que disfrutó en 1990, al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Y aún le dio tiempo, a su avanzada edad, de ver cómo le concedían al año siguiente el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, por su obra “La visita en el tiempo”, convirtiéndose de esta manera en el primer venezolano que gozaba de este reconocimiento.