El diario que narró la barbarie del bando republicano

«Paloma en Madrid», escrito durante la contienda, retrata el convulso ambiente de la capital y la ira contra la Iglesia

Jóvenes madrileños se refugian de los disparos durante el asedio de 1936
Jóvenes madrileños se refugian de los disparos durante el asedio de 1936Archivo guerra civil. Una bomba Archivo guerra civil. Una bomba

«Tenemos conocimiento de relatos como este a decenas, pero entre la información personal que contienen y lo complicado que resulta rescatar los documentos que dan fe de lo que allí se narra, es muy difícil que vean la luz. Hemos tenido mucha suerte encontrando a los herederos del autor del libro original, porque se trata de un testimonio directo de lo que supuso la Guerra Civil en Madrid para miles de familias», así comienza a explicar su participación en «Paloma en Madrid» el historiador y editor José Manuel de Ezpeleta, que ha cotejado minuciosamente las páginas de un libro, otrora diario, que se publicó por primera vez a finales de 1939.

El horror anticlerical

Concebido como una especie de bitácora del exilio interior al que se vieron abocadas miles de familias afines al bando nacional o cercanas a las cúpulas eclesiásticas, el libro reeditado ahora por San Román es la primera piedra de un proyecto bajo el nombre «Testigos de la Guerra Civil española» y que se completa, de momento, con el relato histórico de la profanación de la clausura femenina en Toledo.

La historia de Paloma, pseudónimo que utilizó María Cabrera Zapata para escribir su diario del horror anticlerical y que tan buena cuenta da de hechos como la matanza del Hipódromo o la sanguinaria persecución a los clérigos refugados en el Santuario del Corazón de María, «nos enseña la tenacidad y el ímpetu de una mujer, que no se arrugaba ante nada ni ante nadie. Siempre demostró tener unos valores humanos y una honestidad pétrea en situaciones muy difíciles de mantener en aquel ambiente revolucionario en el que se convirtió Madrid», explica Ezpeleta antes de añadir: «Tras pasar varias dificultades a la hora de sacar el pasaporte y poder salir de la capital, logró salvarse con sus hijos y dejarnos a través de sus cuartillas un relato en primera persona, que nos muestra a modo de ejemplo, cómo se vivió aquella guerra en una ciudad llena de peligros y persecución religiosa contra toda aquella población inocente que padeció las penurias, la persecución y los asesinatos».

Costumbrista y lleno de anotaciones personales («Hoy hemos comido. ¿Mañana lo volveremos a hacer?», se lee), el relato personal de Cabrera, escrito cuartilla a cuartialla, fue publicado originalmente al término del conflicto por un precio de 6 pesetas, pero es ahora el nieto de la autora, Alfonso de Ascanio, el que recupera la narración y le da forma «a esas historias que todos los nietos hemos escuchado alguna vez y que siempre se quedarán en nuestra memoria», como explica en el prólogo.

Más allá de las reliquias familiares y las puntualizaciones a pie de página de Ezpeleta, la publicación también sirve para conocer, desde dentro, cómo funcionaban «los registros domiciliarios, las checas, los “paseos”, la persecución de la práctica religiosa, relegada a las catacumbas o las colas para adquirir alimentos», como explica el historiador. Y sigue: «Quizá uno de los elementos más relevantes sea el testimonio sobre los refugiados, bien sea en casas particulares o en embajadas». De hecho, Ascanio llega a explicar en el libro que su abuela acogió a varios falangistas y oficiales «en su propia casa, salvándoles de una muerte cierta y haciéndoles entrar en legaciones, misiones diplomáticas y hogares seguros». «No sabemos cuánta gente pudo salvar Cabrera, pero sí que era una práctica habitual», remata el historiador.