Teatro

“Dolores (con las alas del amor salté la tapia)”: La quimera del teatro ★★☆☆☆

Imagen de “Dolores (con las alas del amor salté la tapia)”
Imagen de “Dolores (con las alas del amor salté la tapia)” FOTO: Sala Cuarta Pared Teatro a la Plancha

Autor y director: Selu Nieto. Intérpretes: Selu Nieto y Esther Alonso. Sala Cuarta Pared, Madrid. Hasta el 23 de mayo.

Vuelve a la Sala Cuarta Pared la compañía andaluza Teatro a la Plancha con una nueva, divertida, surrealista y crítica aproximación a la sociedad y al hombre contemporáneos. Ambientando la obra en un futuro muy, muy próximo y, por tanto, muy preocupante –exactamente en 2024–, el dramaturgo, director y actor Selu Nieto, a quien acompaña en el escenario la actriz Esther Alonso, coloca esta vez en el centro de su diana el mundo de la cultura –y más concretamente el mundo del teatro– para lanzar un envenenado dardo a la situación que atraviesa el sector en la actualidad.

Protagonizan “Dolores (con las alas del amor salté la tapia)” dos miembros de una decadente compañía instalada en las ruinas de lo que tal vez una vez fue un espacio dedicado a la representación –o quizá sea simplemente el escenario de la vida–; después de “trece años de residencia artística”, y a pesar de los sinsabores que les ha deparado esta ocupación, siguen soñando con volver a hacer teatro. La precaria situación del oficio y el patetismo que puede inspirar el hecho de mantenerse fiel a una vocación artística contra viento y marea son los asuntos primordiales que aborda Nieto con un personal estilo –claramente deudor de la veterana compañía La Zaranda en muchos aspectos– en el que conviven el feísmo, la chirigota, la sátira, el folclore y la ensoñación.

La lúgubre escenografía de Alessio Meloni, iluminada convenientemente por Alberto Hernández de las Heras, y el harapiento vestuario diseñado por Paloma de Alba ayudan a poner al espectador frente a un microcosmos onírico y esperpéntico en el que, no obstante, se reconoce sin esfuerzo la descorazonadora realidad. La propuesta está bien levantada y el ingenio para metaforizar nuestra sociedad es indiscutible; pero, igual que en otros trabajos de la compañía, el desarrollo de la acción es escaso y algo reiterativo.

Lo mejor

La capacidad de Selu Nieto para deformar la realidad sin que deje de ser reconocible.

Lo peor

El eficaz expresionismo del lenguaje escénico no es suficiente para suplir la escasez de acción.