España

Miquel Iceta, un ministro pequeño

Uribes le ha pasado una cartera en la que el ex de Política Territorial reconoce encogerse al leer los anteriores nombres de Cultura y donde asegura que el deporte no ha ocupado una parte significativa de su vida

El nuevo ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta, durante su discurso en el traspaso de cartera de manos de su antecesor, José Manuel Rodríguez Uribes
El nuevo ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta, durante su discurso en el traspaso de cartera de manos de su antecesor, José Manuel Rodríguez UribesFernando VillarEFE

Se quitaba José Manuel Rodríguez Uribes la mascarilla como el que sale a la superficie después una apnea de esas que te llevan al límite. Y es que lo suyo al frente del Ministerio de Cultura y Deporte no ha sido precisamente un camino de rosas. Siempre con la sensación de estar incómodo en el puesto, sobre todo en el apartado cultureta, la expresión debajo de la mascarilla del ya ex ministro era la de un hombre feliz. Feliz de quitarse de enmedio, de dedicarse a sus menesteres y de, ya sí, disfrutar de los Juegos Olímpicos que vienen sin la corbata puesta. Y también dejar atrás tanto encorsetamiento y tanta reunión en la que tardaba en encontrar su lugar.

Por eso, no le ha costado soltar una mochila bien cargada (o cartera) que esta mañana parecía ligera como una pluma. Eso sí, no se podía ir sin una de sus ya habituales citas del primer intelectual que se encontrase al abrir la Larousse. En esta ocasión, Chesterton: “La prueba de la felicidad es la gratitud”. Nada pesaba menos que ese maletín metafórico con el que ha pasado la responsabilidad a un Miquel Iceta al que ya muchos han apuntado como desubicado desde su nombramiento. Incluso ha lamentado su cambio: “Siento mucho dejar este ministerio, lo quiero decir así de claro, aquí hemos puesto mucha ilusión y muchas horas”.

Aun así, el catalán, que comenzaba su intervención con un saludo en todas las lenguas del Estado, no es un tipo que dé vueltas de más y él es el primero que se señala a sí mismo: “Jorge Semprún, Jordi Solé Tura, Carmen Alborch, César Antonio Molina, Méndez de Vigo, Pepe Guirao... Al final de esta nómina uno se siente pequeño. Cada vez me encogía más al leerla. No llegaré a estos niveles, pero el estímulo lo tendré para esforzarme cada día e inspirarme en lo que hicieron”, aseguraba Iceta sobre una meta en la que se conformaría con hacer “la mitad que ellos”.

FOTO: Jesús Hellín Europa Press

Así rompía el hielo el nuevo ministro de Cultura y Deporte ante un auditorio en el que abundaban las corbatas, o representantes de nuestras instituciones, y donde ha puesto el foco en “la cultura y la educación como instrumentos más importantes del progreso social en igualdad de oportunidades”. No ha querido esconder que tampoco conocía a la mayoría de los presentes, pero igualmente les tendió la mano de cara al futuro. Sí puso cara al presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tornero, al que le convocó a “trabajar mucho juntos”: “La televisión ha de seguir siendo ese motor de cambio, de mejora y de promoción de la cultura y del deporte”, explicaba de una pantalla que le hizo amar los libros “por aquel programa que se llamaba ‘Biblioteca Nacional’”. Vainica Doble ponía música al espacio que hizo bandera de una parte de la melodía: “Todo está en los libros”, ha repetido Iceta.

Antes de coger la cartera, el antiguo ministro de Política Territorial llegaba con los deberes aprendidos. Buscó una definición de “cultura” como tal, pero, contó, ninguna le convencía, por lo que optó por coger la coctelera y hacer su propia acepción con un poco de cada: “Cultura es lo que nos convierte en comunidad”. Aquello que nos une “en la diversidad para ser libres”. Una filosofía que empuja a “debatir, construir puentes, abrir puertas o aprender”. Y continuó: “Solo un país culto puede ser libre. Cultura es lo contrario a la barbarie. Implica tolerancia y respeto”, donde aprovechó el nuevo ministro para hacer alusión al asesinato de Samuel Luiz.

Pero la cultura es solo la mitad de una cartera que también es deportiva, un punto aparentemente antagónico a la propia figura de Iceta, como el protagonista se encargó de resaltar. Sin embargo, “aunque el deporte no haya ocupado un lugar importante en mí, eso no quiere decir que no tenga admiración por ese llegar más lejos, rápido y alto. Deporte para mí era Rubalcaba, deportista antes que político”. También lo fueron sus tíos abuelos, en tantos titulares en los últimos tiempos: “Agradezco a los que han buceado en la historia para descubrir cosas que ni en la familia sabíamos”.

Para cerrar el acto, Iceta quiso mirar más allá de las “primerísimas filas, los que ganan trofeos y los que nos hacer disfrutar desde un escenario”, como otro de los objetivos en su nuevo sillón: “La cultura y el deporte se hace desde abajo. Sin desatender a las grandes instituciones, que son nuestras banderas, hay que mirar a la base porque sin ella esas instituciones serían edificios vacíos”, afirmó un ministro que llega a la Plaza del Rey con “el diálogo y la negociación como una manera de hacer política”.