El Camino Español, la gran hazaña logística por la que los Tercios atravesaban Europa

Esta ruta permitió al ejercito de Felipe II atravesar por tierra, durante más de 50 años, el centro de Europa para eliminar la rebelión de los Países Bajos en la Guerra de Flandes

Un grupo de soldados con trajes y armas de época, que representan el llamado Camino Español, durante el desfile del Día de la Fiesta Nacional
Un grupo de soldados con trajes y armas de época, que representan el llamado Camino Español, durante el desfile del Día de la Fiesta Nacional

El Camino Español, también conocido como el Camino de los Tercios Españoles o Corredor Sardo, fue una ruta terrestre, de aproximadamente 1.000 kilómetros de longitud, creada en el reinado de Felipe II para conseguir llevar dinero y tropas españolas durante la guerra de los Ochenta Años, conocida en nuestro país como la Guerra de Flandes, que enfrentó a las Diecisiete Provincias de los Países Bajos contra su soberano, el rey Felipe II de España.

La rebelión comenzó en el año 1568, en tiempos de Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos e hija de Carlos V. En aquella época, la ruta marítima que conectaba ambos lugares se había vuelto problemática debido a la caída de gran parte de la costa de los Países Bajos en manos de los rebeldes y a la enemistad de Inglaterra y Francia, que dominaban el canal de la Mancha. Por ello, el monarca español tuvo que buscar una ruta alternativa por tierra. Así, se abrió un corredor militar desde Milán hasta Bruselas, pasando por territorios seguros que, o bien estaban bajo su poder, o eran territorios aliados que pertenecían al Sacro Imperio o al Reino de Francia.

La ruta fue utilizada por primera vez en 1567 por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, conocido como el III duque de Alba de Tormes. El veterano ideó un plan por el cual su ejército partiría de Barcelona, obtendría suministros en Italia para posteriormente emprender la marcha hacia el centro de Europa desde Milán. Comenzaba en el Milanesado y, después de cruzar los Alpes por Saboya, transcurría por el Franco Condado, Lorena, Luxemburgo, el Obispado de Lieja y Flandes hasta llegar a Bruselas. Pero, a partir de los primeros años del siglo XVII, como consecuencia de la alianza defensiva entre Saboya y Francia, se comenzaron a utilizar otras rutas que pasaban por los valles suizos de la Engadina y la Valtelina. Tras sortear los Alpes, el camino bordeaba el sur de Alemania para cruzar el Rin en Alsacia y continuar hacia los Países Bajos. La primera expedición permitió reprimir la rebelión en Flandes, que duró 56 días.

Un triunfo logístico

El Camino Español es una de las hazañas logísticas más asombrosas realizadas por un ejercito en la historia. El problema al que se enfrentaban era la necesidad de garantizar el aprovisionamiento de varios miles de hombres durante largos periodos de tiempo y a lo largo de centenares de kilómetros. Alimentar a tal cantidad de hombres y caballos, exigía preparar la logística de los viajes con cierta antelación. Para ello se aprovechó y sistematizó la institución preexistente de “la etapa”, un centro donde se almacenaban los víveres hasta la llegada de las tropas. Una vez firmado el contrato de aprovisionamiento con un proveedor local, el agente de la Corona española dejaba en la etapa correspondiente a una persona de confianza para asegurarse del cumplimiento de lo pactado y garantizar que el suministro de las tropas se pudiese realizar. Durante 55 años, esta fue la razón principal por la que el Imperio español pudo mantener una guerra a 1.500 kilómetros de distancia y mantener un ejército de, en ocasiones, más de 80.000 soldados.

Según explica Álex Claramunt en la revista de historia Desperta Ferro, “las instrucciones que Alejandro Farnesio dio en 1587 al capitán Leonardo Rótulo Carrillo para preparar los suministros de una expedición que partiría aquel mismo año dan fe del funcionamiento de las etapas y del sistema del asiento, que trasladaba a comerciantes privados la tarea de encontrar y acopiar los alimentos: Concertaréis los precios de las raciones de personas y caballos, lo más barato que se os permitieren en el tiempo y ocasiones que corren; y para que lo podáis hacer con alguna claridad y satisfacción de que no salgan excesivos, os informaréis, al pasar por las plazas circunvecinas, con mucha disimulación, del valor que tienen, en cuya conformidad haréis el asiento: bien entendido que una parte del pagamento de él ha de ser de contado, y las otras, á los plazos que concertárades puntualmente, en que procuraréis tomar la más larga que pudiéredes, gobernándoos en todo según el dinero que mandaremos proveer de presente.

Una consecuencia directa del Camino Español, según explica la web elcaminoespañol.com es que durante todos los años que se mantuvo activo “dinamizó la economía de las zonas por las que pasaba: dar alojamiento y manutención a tantos miles de personas generaba un comercio y dejaba en las poblaciones por las que transcurría unos beneficios que difícilmente podían pasar inadvertidos”.

En lo que se refiere a la disciplina de las tropas y sus acompañantes, aunque siempre se podía producir algún hecho aislado, los posibles altercados con la población era muy severamente castigados porque se debía asegurar a toda costa mantener la conexión entre los territorios, tanto es así que fue siempre un tema de Estado, hasta el punto de que los sucesivos reyes de España hicieron todo lo que estuvo en su mano para mantener esta vía habilitada con todo la dificultad que eso entrañaba.

De hecho, la desaparición del Camino supuso un cambio en la propia fisonomía de Europa y en las fronteras entre los distintos países de la época. Así, Alsacia, Lorena y Franco-Condado sufrieron tanto su desaparición que, finalmente fueron absorbidos por Francia.