Celso Albelo: «Alfredo Kraus es un referente, pero no lo imito»

El tenor ha dado un poco de calor al invierno madrileño con la playa en la que se sitúa «El elixir de amor»

Tiene un Oscar de la ópera en casa y después de haber participado en el «Elixir de amor» del Teatro Real, también el desparpajo suficiente para cantar arias en bañador. Ha demostrado que el ingenuo personaje de Nemorino tiene mucha más relevancia que, simplemente, cantar «Una furtiva lagrima», un momento imprescindible en cualquier concierto de belcanto y que le ha valido más de una noche de gloria en Italia, la audiencia más exigente con este tipo de repertorio. Estas Navidades son especiales porque espera su primer hijo, antes de disfrutarlas en familia deberá cumplir con la última representación en la playa de la Plaza de Oriente.

-¿Cómo hizo para pasar de cantar en la tuna a subir al escenario de los grandes teatros de ópera del mundo?

-No lo sé, ha sido una serie de circunstancias que me han llevado a eso. Tengo guitarra, timple, vihuela y cuando estamos en reuniones siempre nos tocamos una cancioncita...

-¿Se parece en algo cantar en la universidad a hacerlo profesionalmente?

-Conservo la misma ilusión. Me encanta cantar, pero hacerlo en teatros es una carrera que se aguanta con disciplina, un trabajo que requiere mucho esfuerzo.

-Si tuviera que hacer un concierto al estilo «Pavarotti and Friends», ¿a quién elegiría?

-A muchos... Me encantan Raphael, Miguel Bosé, Ana Belén... y más modernos, Fito, M-Clan... Gente que oigo muchísimo.

-¿Son los que escucha en casa?

-Sí. Fito, Adele, Mercedes Sosa, Javier Solís... Todo menos ópera.

-¿Cómo animaría a los no aficionados a la ópera a que asistieran al «Elixir de amor» que representa en el Teatro Real?

-Hace un frío terrible y llegarán a una playa, que es lo que se ve en el escenario, donde los niños juegan con la pelota, las señoras se ponen bronceador... Es muy divertida y muy fácil de entender y de escuchar. La trama es sencilla de seguir y tiene un aire fresco. Yo interpreto al socorrista; también está Belcore, el típico chulo de playa...

-No tiene que quitarse la camiseta, pero otros compañeros, sí. ¿Es cada vez más importante el físico para los cantantes de ópera?

-Somos un producto que se vende; cuanto más completo sea, mejor. Como mis compañeros de reparto: Nino Machaidze no sólo es guapa, sino que canta muy bien. Erwin Schrott me sorprendió porque no lo conocía. Para empezar, es un animal escénico. Parece altivo y luego es un tipo muy normal. Además de guapos, son grandes profesionales.

-Se ha hecho famoso por hacer bises en sitios tan especiales como La Fenice de Venecia, pero dice que no le gustan...

-Es verdad. Es un momento especial que pasa de vez en cuando. Simplemente, son cosas que suceden. La ópera tiene un hilo conductor y si vas a cortarlo es porque se trata de un momento mágico.

-Curiosamente, el único que lo ha logrado desde la reapertura del teatro madrileño es Leo Nucci, una figura a la que está muy unido. ¿Le gustaría emularle?

-Ni siquiera me lo planteo. Esa pregunta tendría que ser a posteriori en el caso improbable de que se produjera.

-También le han comparado con Kraus, pero, ¿cuál cree que es la principal diferencia entre él y usted?

-El maestro hizo su carrera en otro contexto que no es el de hoy. La gente siempre me ha comparado y no puedo negar que es un referente. También me han dicho: «El día que lo dejes de imitar...». No es mi intención. Tengo mi forma de entender las cosas y quiero seguir mis pasos.

-Acaba de abrir un restaurante en su Canarias natal, ¿cuál es su menú favorito?

-Hacemos un poco de tierra patria: mojo y pescado. Aunque conozco muchos países y disfruto bastante con la cocina, me gustan los sabores de verdad: que el pescado sepa a pescado, sin salsas.

-¿Es un isleño nostálgico?

-Tengo la justa. He aprendido a amar lo que es Canarias. Obviamente, no es lo mejor del mundo, pero está muy cerca. Aun así, puedo decir que lo digo con conocimiento de causa porque he conocido muchos sitios maravillosos. Lo malo es que hay muchos problemas ahora, pero ése es el sitio donde me gustaría que crecieran mis hijos.

-Operísticamente, ¿le gustaría hacer algo allí?

-El teatro y la música me salvaron. Venía de un sitio donde había droga y, cuando descubrí el canto, pude dejarlo atrás. La primera vez que vi ópera me encantó. Me gustaría hacer algo por los niños y transmitirles los valores que se pueden encontrar en un teatro, como que es un trabajo en equipo. Por eso hace un año surgió el proceso «Celso y sus amigos» para financiar este tipo de cosas. Queremos que tenga continuidad con un espectáculo de música, teatro y danza que se dé cuatro veces al año, coincidiendo con las vacaciones. Y una vez al año llevar el teatro a las escuelas.

-¿Cómo se siente al ser uno de los pocos cantantes españoles que han actuado en el Real durante la era Mortier?

-Ahora está conmigo Ismael Jordi. Es cierto que la idea artística que él tenía no tiene nada que ver con lo que tengo que ofrecer yo como artista.

-Sin embargo, en la Zarzuela sí ha actuado. Triunfó con «Marina» y ahora vuelve con el concierto de Año Nuevo, ¿qué menú nos tiene preparado?

-He elegido productos muy frescos: Donizzetti, Bellini y Zarzuela. Estoy muy ilusionado.

-¿Está entre sus planes próximos volver a ese teatro a cantar zarzuela?

-Lo que sucede con este género es que hay muy pocas zarzuelas para mi tipo de voz, porque hay otros intérpretes que lo hacen mucho mejor. Ojalá pudiera incorporar «Doña Francisquita» a mi repertorio. Poco más que puedo acometer. Me encantaría poder llevar la producción de «Marina» que hicimos la pasada temporada al Teatro Real o a Suramérica. Cabe la posibilidad de que vayamos a Miami... Vamos a ver.