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«Happy end»: Europa se hunde

  • «Happy end»: Europa se hunde

Tiempo de lectura 2 min.

20 de julio de 2018. 00:54h

Comentada
Sergi Sánchez.  20/7/2018

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Michael Haneke. Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Matthieu Kassovitz, Fantine Harduin. Francia-Austria-Alemania, 2017. 107 min.

Hay un momento en que los cineastas sucumben a convertirse en un clon robótico de sí mismos. Entonces algo se pierde en la copia, digámosle alma o aura. De eso trataba precisamente el «remake» americano de «Funny Games», que Haneke plagió de su propio original pero con otros actores para comprobar qué extraña alquimia se producía con el cambio. Podría entenderse, pues, «Happy End» como un experimento estructuralista sobre su propia obra, aunque el resultado habría sido mejor si antes no existiera «Código desconocido» o si el cineasta no hubiera hecho tan evidente su malestar por algunas cuestiones de candente actualidad, como la crisis de los refugiados o el poder alienante de las redes sociales. Haneke no parece tener mucho nuevo que decir al respecto, tal vez porque, aunque su postura moral sobre el declive de la civilización occidental, la violencia de las relaciones burguesas y la herida mortal de la Historia rasgando la inocencia de las imágenes, siempre ha sido directa y diáfana, su discurso toma fuerza en los márgenes de la trama, o en su capacidad para ser perturbador desde una distancia brutal que, ocasionalmente («Amor»), disecciona la intimidad de un gesto hasta el escalofrío. Hay momentos en «Happy End» –sobre todo los que tienen que ver con el personaje de Jean-Louis Trintignant– que están a la altura del mejor Haneke, pero, en general, le falta la energía que le cure de la autocomplacencia.

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