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El Museo del Prado saca del armario a Rosa Bonheur

La pinacoteca ha decidido rescatar de sus almacenes y colgar esta obra de Rosa Bonheur, pintora del siglo XIX. Un diseñador gráfico y Twitter han sido claves

  • «El Cid» (1879) es la única obra que posee el Museo del Prado de la pintora Rosa Bonheur
    «El Cid» (1879) es la única obra que posee el Museo del Prado de la pintora Rosa Bonheur

Tiempo de lectura 5 min.

20 de julio de 2019. 04:11h

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Concha García 20/7/2019

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Les voy a contar una historia (real) cuya moraleja la dejo a la libre interpretación. Su protagonista es un león que vive en un hábitat que no le corresponde, o al menos así lo siente. Sin embargo, esto no le sirve tanto como decepción sino como motivo para aumentar el valor que le lleva a buscar su verdadero hueco en la vida. Pero, antes de saber quién es ese animal salvaje y dónde acaba llegando, hay que remontarse a 2017.

En ese año se celebró en Madrid el World Pride. Varias instituciones prepararon eventos en homenaje y apoyo al colectivo LGTBI+. Entre ellas, el Museo del Prado. Con la exposición temporal «La mirada del otro» se exhibieron obras de arte que habitualmente no se ven en el museo. Entre ellas, figuraba la cabeza de un león. Majestuosa, dorada, con mirada profunda y cabello frondoso. Un óleo sobre lienzo en cuya esquina inferior izquierda se leía «Rosa Bonheur 1879». Esta pintora encajaba en dicha exposición porque mostraba abiertamente su homosexualidad en pleno siglo XIX, una época en la que nadie se atrevía a decirlo. Cuando Luis Pastor, diseñador gráfico y apasionado por el arte, vio esta obra titulada «El Cid» se quedó asombrado.

Él, que había estudiado de forma autodidacta a la pintora francesa, pensó que esa pieza –que ya conocía– quizá habría sido un préstamo del Met de Nueva York –donde se encuentra «Feria de caballos», una de las mejores obras de Bonheur–, o quizá de la National Gallery de Londres. «Entonces contacté con un conservador del Prado a través de Twitter y me dijo que no, que esa cabeza de león era propiedad de la colección del museo», recuerda Pastor, «no pude creer que esa obra de arte haya estado tanto tiempo guardada, no hay suficiente conciencia de lo trascendente que fue Rosa Bonheur en su época, fue comparable a una Beyoncé de ahora».

Efectivamente, entre las obras que posee El Prado, este cuadro de la artista francesa consta en su colección desde que el comerciante Ernest Gambert lo donó en la misma fecha que data el cuadro. Pero no está colgado en sus paredes ni expuesto en ninguna de sus salas temporales, sino que casi siempre ha permanecido en su almacén. A partir de ahí, Pastor, incrédulo, creyó que era justo pelear por la reconsideración de esta obra y, a través de un hilo de Twitter, comenzó lo que más tarde se convirtió, si me lo permiten, en todo un movimiento artístico. Bajo el «hashtag» «#UnaRosaParaElPrado», comenzó a explicar tanto la peculiar e interesante historia de Bonheur como el hecho de que ese cuadro debería estar entre las otras obras de sus coetáneos de la sala del siglo XIX.

Mataderos y domadores

En esta época se vivió una gran crisis cultural, tanto dentro de la literatura como de la pintura e incluso la arquitectura. Pero, como en todo, hubo excepciones. Una de ellas fue Rosa Bonheur: una artista cuya obra bailaba entre el realismo y el naturalismo y que pintó sobre todo a animales. Su pintura es tan espectacular, si cabe, como su paso por la vida. Hija y hermana de pintores, creció en una época en la que las mujeres tenían acceso limitado a la educación académica artística. Pero ella, desde niña, supo que iba a hacer lo que le diera la gana. Se dedicó a pintar lo que tenía a mano: la naturaleza. Se especializó en animales –hasta el punto de ir a mataderos para estudiar su anatomía– y esquivó todo tipo de obstáculos para conseguir retratarlos. Ejemplo de ello es «Feria de caballos», obra para la que tuvo que acudir a la gendarmería a pedir permiso para vestir pantalones, pues no podía acceder a un «lugar para hombres» con faldas y vestidos. Con el permiso que renovaba cada seis meses, Bonheur se ponía sus pantalones e iba dos veces por semana y durante dos años para pintar cómo los hombres rudos domaban a los caballos. «Era una tía que iba de frente», afirma Pastor, añadiendo que fue con este cuadro con el que dio el salto a la fama internacional. Fue galardonada con un reconocimiento del propio Rey de España, Alfonso XIII, así como con la Legión de Honor francesa –fue la primera mujer– o fue invitada personalmente por la Reina Victoria.

Entonces, ¿cómo una obra pintada por una artista de tal trascendencia puede estar guardada en un almacén? «Desde que empecé la campaña en Twitter hay mucha gente que ha escrito al Prado por e-mail», dice Pastor, «y las respuestas a esos mensajes, porque yo no he recibido ninguna contestación oficial del museo, eran afirmativas, que sí lo van a colgar en alguna exposición temporal para principios del año que viene». Ante esto, El Prado ha asegurado a LA RAZÓN que «el criterio de las exposiciones no se hacen a golpe de tuit», añadiendo que «el responsable de las colecciones del siglo XIX –Javier Barón– ya tenía en mente una renovación de esta sala para exponer pinturas de artistas extranjeros de esta época». Así, el objetivo de Pastor se va a cumplir, pues El Prado asegura «que está previsto que “El Cid” se exponga a finales de agosto o principios de septiembre, además de en una exhibición temporal que tenemos para principios de 2020 sobre la mujer en el arte». ¿Casualidad? Juzguen ustedes mismos. El hecho de que el león salga de su jaula, ¿ha sido gracias a la magia de Twitter o por iniciativa del museo?

El imaginario sentimental

«No recuerdo una movilización así por ningún cuadro en España», afirma el diseñador gráfico «Twitter es una herramienta con la que puedes elegir destruir o construir, y yo quise construir». Sin embargo, entiende que «las cosas en Palacio van despacio y en el fondo me siento muy satisfecho de que El Prado haya dado la oportunidad de que la gente pueda ver un cuadro tan diferente». La pinacoteca, una de las principales del mundo, consta de unas 1.800 obras expuestas en sala, «de las cuales solo 6 son de mujeres», sentencia Pastor. «El Prado está en mi imaginario sentimental, me gusta mucho, pero desearía que se diera más espacio a artistas como Rosa, porque seguro que hay unas 40 piezas de mujeres guardadas», continúa, poniendo como ejemplo a Angelica Kauffmann. A diferencia de otros museos en los que la obra de Bonheur sí está colgada, próximamente será el turno de «El Cid». «No se le puso en valor desde el principio», argumenta Pastor, «tuvo un reconocimiento por parte del Rey de entonces que hoy ha decaído, mientras que en otros lugares se ha mantenido». Y es que un museo es el reflejo de una sociedad: «El Prado es una institución muy grande y que ha ido dando pasos, pero poco a poco», añade. Aquí, en parte, concluye la historia. Como decía, es real. El león ha llegado o llegará a su destino. Y servirá de impulso para que muchas otras criaturas olvidadas se salven de caer en la ignorancia que desafía a cosas tan valiosas como es el arte. Ahora, tengan o no Twitter, les ha llegado el turno para descifrar cuál de los personajes de esta historia es o ha sido el león enjaulado.

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