Grecia siempre será Grecia

El 5 de julio de 2015, Grecia celebró el Referéndum que decidiría si aceptar o no las medidas propuestas por la antigua Troika

El Partenón griego presidiendo la actual Atenas
El Partenón griego presidiendo la actual Atenas

Se cumple justo un año de la celebración del referéndum propuesto por Tsipras para saber si el pueblo griego quería o no aceptar las medidas de Bruselas.

El pueblo griego siempre ha destacado por su orgullo, su valentía a la hora de hacer frente a situaciones complicadas o difíciles y por el apego sentimental hacia su tierra y su cultura. Se les considera también los inventores de la democracia moderna. Claro que aquella democracia estaba lejos de parecerse a la actual. Sin embargo, es al pueblo griego a quien le debemos la oportunidad de poder elegir a nuestros representantes en el Parlamento. La democracia, recuerden, significa literalmente "el poder del pueblo".

Volviendo un poco a las primeras líneas, podríamos representar la valentía y el orgullo griego remitiéndonos a uno de los episodios más conocidos de la épica griega: la batalla de las Termópilas. Esta batalla no fue, ni mucho menos, como nos la representó el director Zack Snyder en la película 300. Esos efectos especiales, esas pilas de cadáveres pertenecientes al ejército persa, flechas que ocultaban el sol o un rey Jerjes con voz sobrehumana. Sin embargo, sí es cierto que, gracias a la primera fuente directa que se tiene de esta batalla, los relatos del historiador Heródoto, a quien se considera inventor de la Historia tal y como la conocemos hoy, sabemos que esta batalla fue un hito de grandes proporciones. Los datos recogidos reflejan un total de 7.000 griegos (reunidos entre los ejércitos de todas las polis) frente a unos 250.000 persas. A pesar de ello, hay que romper una lanza (y nunca mejor dicho) en favor de Leónidas, el rey espartano, pues fue él quien, junto a unos 300 hombres, bloqueó el único paso que tenían los persas para poder acceder a tierras griegas: el paso de las Termópilas; tras una semana de combates, el ejército griego fue finalmente derrotado. Rendirse no era una opción y, haciendo gala de ese orgullo al que nos hemos referido antes, plantó cara en la batalla naval de Salamina (fechada en el 480 a.C.) y consiguió la victoria final en la batalla de Platea (479 a.C.), obligando a la mayoría del ejército persa a retirarse a Asia.

Como este artículo no pretende ser una clase de Historia, obviamente no vamos a relatar todos y cada uno de los conflictos entre griegos y potencias extranjeras. De lo que sí se quiere dejar constancia es del enorme aguante que ha demostrado Grecia a lo largo de su historia, siendo el hecho que acabamos de describir brevemente uno de los más notables de su historia antigua.

El siguiente hecho al que quiero hacer mención es aquel en el que todo el territorio griego, salvo Chipre y Creta, estaba bajo el control del Imperio Otomano. La longevidad del Imperio Turco abarca desde la caída de Constantinopla en 1453 hasta prácticamente la I Guerra Mundial, en donde luchó junto a Alemania. En los primeros años del siglo XIX, se dieron en Europa una serie de revueltas cuyo objetivo era poner fin a los imperios absolutistas como el propio Imperio Turco o el Austro-húngaro. Grecia, como buen pueblo, no iba a quedarse atrás. En 1814 se fundó una organización secreta denominada "Sociedad de Amigos"(Filikí Etería en griego) con la finalidad de lograr la independencia de Grecia. Sin embargo, no fue hasta 1821 cuando los griegos declararon la guerra a los turcos. A finales del mes de marzo de 1821, el Peloponeso se encontraba inmerso en la rebelión contra el invasor. Los griegos despertaron el interés de las que entonces se autoproclamaron como las potencias de la libertad: Francia, Reino Unido y Rusia y, gracias al apoyo militar y económico de estas, Grecia se libró definitivamente del yugo otomano. El 24 de enero de 1828 se proclamó la Primera República Helénica, que recibió el reconocimiento internacional en el Protocolo de Londres.

Tras este repaso a dos de los episodios más bravos de la historia del pueblo griego, pasamos directamente al año 2015 y nos situamos en el 5 de julio. Grecia se encuentra en bancarrota, con una de las tasas de paro más elevadas de la Unión Europea, con un alto porcentaje de la población en la pobreza o en riesgo de padecerla y bajo el punto de mira de las instituciones europeas. La economía griega se vio muy afectada por la gran recesión económica de finales de la década pasada, siendo el protagonista principal en la crisis del euro en 2010. El problema alcanzó cotas más altas cuando se descubrió que el gobierno derechista de Nueva Democracia había ocultado una serie de datos macroeconómicos entre los que se encontraba el verdadero monto de la deuda externa y el déficit público. Una vez más, el pueblo griego reaccionó. Se produjeron varias manifestaciones y disturbios en las principales ciudades griegas y más de una treintena de huelgas generales en el período comprendido entre 2009 y 2014. Fue entonces cuando apareció Syriza y la figura de Alexis Tsipras que, junto a su carismático Ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, logró ganar las elecciones parlamentarias celebradas en enero de 2015. Era la primera vez que un partido a la izquierda de la socialdemocracia alcanzaba el Parlamento mediante las urnas. El pueblo griego había dado un voto de confianza.

Los medios de comunicación pusieron los ojos sobre Grecia. Los informativos abrían y cerraban con Grecia, Tsipras o Varoufakis. La peculiaridad de este último en las reuniones del Eurogrupo daban de qué hablar, enfrentando a fans y detractores. Bruselas y en especial la antigua Troika, es decir, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, temían las posibles reacciones de Tsipras en lo que a políticas económicas se refería. La llegada de una nueva cara al poder ilusionó a un pueblo griego que, sin tiempo para saborear la victoria, se vio afectado por un corralito. El bloqueo económico estuvo vigente entre las 00.00 horas del 29 de junio de 2015 hasta el 20 de julio. La intención del corralito era la retirada masiva de depósitos y evitar el pánico bancario. A pesar de esta impopular medida, el pueblo griego acudió el 5 de julio a las urnas para celebrar el Referéndum que determinaría si Grecia debía aceptar las políticas de recortes y reajustes que venían desde Bruselas. Nuevamente, en un alarde de resistencia y de pueblo rocoso, los griegos dijeron NO a la Troika. Los resultados de aquel Referéndum, en el que participó un 62,5% de la población, determinaron que un 61,31% se negaba a aceptar las medidas económicas de Bruselas mientras que un 38,69 dijo SÍ. El pueblo griego quería resistir.

Por último y también como ejemplo de resistencia, hay que avanzar hasta agosto de 2015. El 20 de ese mes, Tsipras renunció al cargo de Primer Ministro debido al descontento que había provocado entre el pueblo griego algunas de sus medidas. Se anunciaron elecciones anticipadas para septiembre de 2015 en las que Tsipras repetía como cabeza de lista de Syriza. A pesar de todo lo ocurrido, la mayor parte de los votantes volvió a depositar su confianza en Alexis. Grecia había hablado.

Este artículo no pretende repasar la historia de Grecia. Si lo hiciera, tendría que ser algo más que un libro dividido en tres partes. Lo que pretende es demostrar que Grecia siempre es capaz de expirar un último aliento a pesar de que todo esté en su contra. Grecia siempre será Grecia...