Cultura

Isabel Clara Eugenia: la hija favorita de Felipe II que casi logra hacer de los Países Bajos su propio reino

Hija primogénita de Felipe II, potencial heredera de la Monarquía Hispánica e incluso de la Francesa, su destino fue ser soberana y posteriormente gobernadora de los Países Bajos, hasta su muerte.

Isabel Clara Eugenia de Austria, retratada por Juan Pantoja de la  Cruz
Isabel Clara Eugenia de Austria, retratada por Juan Pantoja de la Cruz FOTO: La Razón

Su madre, Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, falleció cuando ella tenía solamente dos años. Debido a la muerte sucesiva de los hijos del rey, Isabel Clara Eugenia será considerada como la posible heredera al trono hispánico. Por la misma razón, ejercerá un papel maternal respecto a su hermana Catalina Micaela y su hermano, el futuro Felipe III. Desde pequeña demostrará ser muy inteligente, sobresaliendo en una educación humanista acorde al momento y a las ideas del rey. Ya a los tres años fue descrita como “la más graciosa criatura que ha nacido en España y tiene ya más autoridad que su padre en todo lo que hace”.

La relación con Felipe II fue de vital importancia. Al rey se le suele tachar de taciturno, pero lo cierto es que fue un padre tierno y muy preocupado por sus hijos, como se demuestra en el popular libro “Cartas de Felipe II a sus hijas”. Isabel y Felipe desarrollaron una enorme confianza entre ellos, tanta que cuando Isabel fue creciendo, le delegaba en ella acciones de gobierno cada vez más importantes. Isabel Clara Eugenia se desposará a los 33 años, mayor para la época. Una de las razones fue la posibilidad de ser reina de España. A esto se le suma el cariño que le profesaba a su padre, llegando incluso a jurar que se quedaría con él hasta su muerte. Tardó en encontrársele el marido adecuado, casándose finalmente con su primo Alberto de Austria. Para este compromiso se declaró el Acta de Cesión, en el que consta que la dote de Isabel son los territorios de los Países Bajos (y el Franco Condado).

La idea era convertir a los Países Bajos en una monarquía independiente para que fuesen más fáciles de controlar. Si Isabel y Alberto fallecían sin descendencia, los territorios volverían a formar parte de los dominios españoles. Tristemente, todos los hijos que tuvieron murieron al poco de nacer, por lo que sus territorios serán devueltos en 1621, tras la muerte de Alberto, pero de no ser así, este hecho hubiera sido muy trascedente para la historia de España. Así, Isabel pasó de ser soberana a gobernadora, es decir, actuaba en representación del rey, entonces Felipe III.

Una corte radiante

Al trasladarse a Bruselas, su política exterior estuvo dominada en parte por los intereses españoles, que se centraron en combatir e impedir la propagación del protestantismo en las Provincias Unidas (las provincias que se habían declarado independientes). Sin embargo, es en su política interior donde Isabel y Alberto llegarán a distinguirse. Se podrían destacar muchísimos aspectos de su función como gobernantes. La más importante fue la de promover la economía y la cultura, especialmente la marina y el comercio. Siempre intentaron mejorar la condición de vida de sus súbditos, impulsaron fiestas y defendieron la causa de canonización de varios santos modernos (especialmente la de Santa Teresa de Jesús).

En su corte procuraron que hubiera un número equilibrado de españoles y flamencos, dando a conocer la cultura de los primeros, por ejemplo, con la divulgación de El Quijote y lo mejor del teatro español. Se interesaron por la filosofía y los escritores de su tiempo. Isabel Clara Eugenia se rodeó de muchas personas inteligentes, formando un círculo de instruidas mujeres a su alrededor y llegó a ser uno de los personajes más destacados de la corte el pintor Rubens, quien será enviado a España en condición de diplomático.

Guerrera y religiosa

Al morir su marido utilizará el hábito franciscano. Por esas fechas se inicia la Guerra de los Treinta Años, que constituirá un periodo turbulento para la región. Será entonces cuando las relaciones con Roma se volverán más cercanas, pues conocían la importancia de la estabilidad en la zona. Fue una mujer virtuosa y ejemplar, con lo que consiguió ejercer una gran estrategia política. Llegó a ir a la guerra (conocía su arte y el de los asedios), era heroica, humilde, caritativa y casta. Era muy religiosa, toda su vida se había identificado con el austero espíritu “descalzo”. Tuvo a la Virgen como ideal a seguir y lo que más procuró en la vida fue la paz, por lo que incluso su confesor le otorgó el nombre de “Princesa de la Paz”