Contracultura
Juan Soto Ivars y el ocaso del feminismo hegemónico
Es elocuente que, en la resaca del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el libro más vendido sea 'Esto no existe. Las denuncias falsas en violencia de género', del columnista murciano
Pocos días después del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el libro más vendido en Amazon -además de en otras plataformas y librerías- es ‘Esto no existe. Las denuncias falsas en violencia de género’ (Debate), de Juan Soto Ivars, que ya ha agotado su tercera edición en apenas dos semanas. Elocuente cuanto menos. Y es que más allá de las evidencias, que están a la vista de todos, hay varios factores que nos hacen pensar que el feminismo irracional, que es el hegemónico, no pasa afortunadamente por su mejor momento y cotiza a la baja. El primero de ellos, y quizás el que más ha dañado al movimiento, es la división dentro de las filas del feminismo oficial fruto de la discordia entre feministas ‘clásicas’ y feministas ‘queer’ -que se llevan a matar, como bolcheviques y mencheviques o como sunitas y chiitas- por una cuestión tan básica, especialmente para quienes viven de ello, como qué es una mujer: para las de cuarta ola –es decir, las de Irene Montero- es una cuestión de sentimiento, y para las de tercera –las terfas, como les dicen despectivamente a las de Carmen Calvo- para ser mujer hay que mirarse la entrepierna.
Constatado este cisma en el dogma original –que llevó, entre otras cosas, a un cambio de titularidad en el ministerio de Igualdad-, se le sumó el hartazgo general de la población ante un movimiento bastardo que nació con un objetivo loable pero que se corrompió y malbarató entre micromachismos y juicios paralelos, y cuya guinda del pastel fue una ley chapuza que excarcelaba a los violadores. En palabras de Juan Soto Ivars: “El sobrecalentamiento de la máquina y el descrédito por los excesos y disparates woke de la nueva hornada de feministas en el poder condujo a una reacción”. Una reacción de la que hablaremos un poco más adelante, pero antes permítanme citar de nuevo a Soto Ivars, quien, como la canción de Silvio Rodríguez, tiene la palabra precisa: “Cuando llegó el #MeToo, el feminismo se puso muy de moda. Todo se llenó de titulares, actrices guapas con expresión dolida y chicas de instituto que gritaban en la calle con la cara pintada de guerrero siux”. Hoy, es visible que Irene Montero, antes Suma Sacerdotisa del movimiento, habla desde los márgenes de este.
Un antes y un después
Un tercer elemento que acredita este descrédito (permítaseme el juego) del feminismo hegemónico, irracional u oficial es la publicación de determinados libros que hace 6 u 8 años, en plena ola del #YoSíTeCreo, #JuanaEstáenmiCasa y #SóloSíesSí hubiera sido impensable (bueno, se les habría cancelado, que es la manera que tienen estas buenas samaritanas de discrepar), lo que demuestra que en el presente es posible debatir, discrepar y disentir del feminismo oficial por muchas dificultades que esto suponga. Puede que ‘Esto no existe’ marque un antes y un después en el movimiento al romper esa espiral del silencio que no permitía la mínima crítica a la sacrosanta Ley de Violencia de Género ni cuestionar el número oficial de denuncias falsas por maltrato: 0,001. El propio autor, en una entrevista que tuvimos la pasada semana, me lo reconoció: “Hace 6 u 8 años no habría podido publicar este libro o lo hubiera tenido muy difícil”.
Pero ya antes, el periodista Quico Alsedo habló a las claras de las denuncias falsas y su uso espurio para maltratar a determinados hombres en su ensayo ‘Algunos hombres buenos’ (La Esfera de los Libros, 2023). Ese mismo año, Teresa Giménez Barbat publicó con la editorial Pinolia un ensayo imprescindible y valiente, “Contra el feminismo”, y un año después, en vísperas del 8-M, Berta González de Vega y Yaiza Santos coordinaron ‘Indomables: diez mujeres frente al feminismo hegemónico’ (Ladera Norte), donde una decena de mujeres libres, destacadas profesionales todas ellas, unieron sus voces con un solo objetivo: promover que el feminismo regrese a la senda de la razón.
Veinte años de machaque
A esta última, a la periodista Yaiza Santos, le preguntamos por la retracción de este feminismo irracional pero oficial: “No creo todavía lamentablemente que esté siendo desplazado de un lugar hegemónico. Son 20 años de un machaque constante con el mismo discurso y cientos de millones de euros para alimentar un relato que vino a solucionar un problema y ha creado otros. Todavía el discurso está presente en los lugares de poder político y económico: con el poder y la ley a favor va a ser muy difícil apearlo de ahí”. En la misma línea está Pablo Malo, psiquiatra y autor de ‘Los peligros de la moralidad’ (Deusto): “Tengo sentimientos encontrados respecto al declive del feminismo hegemónico. Por un lado, veo que el feminismo sigue enrocado en posturas que es absurdo mantener hoy en día. Pero, por otro lado, es verdad que, sobre todo entre los jóvenes, se cuestionan y ridiculizan estas posturas.”
“Una propuesta que puede conciliar y explicar que existan las dos cosas a la vez sería que a nivel institucional el feminismo hegemónico sigue muy fuerte, es la doctrina oficial, pero que en redes y algunos medios hay una creciente disidencia y cuestionamiento de los dogmas oficiales -continúa Pablo Malo-. No sé qué pasará a la larga, pero mi opinión es que el poder lo tiene la doctrina oficial y de momento no creo que vaya a permitir cambios.” Por su parte, Yaiza Santos concede que “Sí empieza a haber cada vez más voces discordantes. Unas voces que siempre han estado ahí, pero que fueron apartadas, desoídas o canceladas”.
Los juicios de Charemberg
Unas cancelaciones que, a juicio de la periodista onubense, “siguen pasando”. Y, como prueba de ellos nos remite al propio Juan Soto Ivars, a quien “en una tertulia televisiva le montaron un juicio en directo mujeres que no habían leído el libro, lo que demuestra que todavía sigue esta irracionalidad. Ver físicamente eso me demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer”, sostiene Santos, que, con ello, se refiere a la entrevista-debate sobre el libro ‘Esto no existe’ la semana pasada en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3. Allí, el autor del documentado ensayo tuvo que escuchar entre otras cosas a la expresidenta de la Junta Susana Díaz -cual pescadera del mercado de Triana- decir que “Me lo voy a leer [el libro] para desmontar los elementos que utiliza de manera provocadora Soto para negar una realidad”. Este acabó tajantemente asegurando que “durante 20 años os ha funcionado esto, ya no os va a funcionar más”.
Episodio, el de ‘Espejo Público’, que ha sido muy comentado en redes sociales y que ha afilado el ingenio de los usuarios, bautizándolo como “Los juicios de Charemberg” o “El tribunal de la Charísima Inquisición”. “Hoy dominan las redes sociales y se burlan de su némesis, la ‘charo’”: así describe el propio autor murciano en su libro a estos “rebotados de la narrativa de género” que conforman la ‘manosfera’: “Ahora los críticos son multitud y se expresan en canales alternativos a los medios de comunicación. Hay una eclosión de canales de YouTube antifeministas y una actitud desafiante de cada vez más hombres jóvenes”, abunda el autor.
Pablo Malo achaca esta reacción a que “los chicos y hombres llevamos viendo hace tiempo que somos los culpables de todos los problemas que afectan a los demás y también de los problemas que nos afectan a nosotros. Por ahí están los conceptos de masculinidad tóxica, mansplaining y muchos otros. El más reciente el de mankeeping. Se nos dice a los hombres que nos abramos, que mostremos nuestras vulnerabilidades e inseguridades y cuando lo hacemos resulta que somos una carga. Y, por otro lado, los jóvenes ven que no se toman iniciativas para paliar problemas que tienen los chicos como por ejemplo el fracaso escolar”. Yaiza Santos dice entender “el hartazgo y la indignación de los hombres, de los más jóvenes, al rebelarse contra esta turra. Nadie debe cargar con ese pecado original”.