La inquietante Patricia Esteban, reeditada

La autora presenta una edición revisada de "Manderley en venta", su primer y desconcertante libro de cuentos

Patricia Esteban Erlés es escritora, columnista y profesora en Zaragoza
Patricia Esteban Erlés es escritora, columnista y profesora en Zaragoza

La autora presenta una edición revisada de "Manderley en venta", su primer libro de cuentos

Como la Manderley de “Rebecca”, esa mansión de secretos y silencios que esconde entre las sombras al fantasma de la difunta señora de Winter, los cuentos de Patricia Esteban Erlés se quedan con el lector como un escalofrío o una premonición. La autora confiesa que lo suyo es el terror psicológico, aquel que indaga en lo humano: “Lo cotidiano es muchas veces lo que más miedo puede producir”. ¿Y qué es más cotidiano que un hogar? Por eso sus historias se desarrollan entre esas cuatro paredes en las que nos refugiamos pero que, envueltos en esa falsa sensación de seguridad, pueden resultar el entorno más amenazante. Le ha ocurrido en carne propia. Mientras se come una hamburguesa vegetariana en un restaurante de Malasaña, Esteban recuerda que uno de sus relatos nació del susto que le pegó una vecina. Un día, al regresar a casa, descubrió todas las luces encendidas en todas las habitaciones. Se convenció a sí misma de que no había que tener miedo, habría sido apenas un descuido suyo. Pero cuando volvió a ocurrir supo que su vecina –que aún tendría las llaves de los antiguos inquilinos– había estado entrando a su casa. La inquietud que sintió al ver su espacio privado violado de aquella manera la trasladó a las páginas de “Ada Neuman”, uno de los cuentos que conformanManderley en venta”. El volumen se publicó inicialmente en 2008, después de merecer el Premio de Narración Breve de la Universidad de Zaragoza, y ahora lo reedita Páginas de Espuma.

Once años después Esteban se enfrentó de nuevo a sus relatos, descartó algunos e incluyó otros de un segundo libro, “Abierto para fantoches”. “Hemos restaurado la casa –afirma sobre el proceso de reedición–. Es interesante volver y encontrarte con tu propio fantasma, con la escritora que quieres ser, once años atrás, contando historias con motivos y temas que me siguen interesando: el lado oscuro del ser humano, los secretos que guardamos de los más cercanos, la infancia como época de la que te llevas mucho equipaje para el resto de tu vida”.

Con esa habilidad de hacer de lo cotidiano algo potencialmente terrorífico, Estaban transforma los personajes tradicionalmente buenos y dulces –como las abuelas– en seres macabros o crueles. “¿Qué pasa si alguien del que no se sospecha nunca es la peor persona que te puedes cruzar en el camino?”, se pregunta la autora. Y aunque cita a Stephen King y la literatura pulp de terror como referencia, el terror que desprenden sus páginas es más sutil, menos de gritar y más de estremecerse. En “Manderley en venta y otros cuentos” el mal se intuye, pero no se encara: “La inquietud muchas veces es el paso previo al terror”, afirma la autora.

“Me ha interesado siempre la casa al modo de Shirley Jackson, entendiéndola como una jaula, como un espacio supuestamente amable para la mujer, pero que muchas veces puede ser cueva del terror, puede ser jaula y campo de concentración. Me interesa eso: que el lugar donde más segura te sientes sea justamente el que te impide crecer, el que te apresa”, explica Esteban respecto a su obsesión con las casas y el universo de miedo que encierran.

E insiste en esa relación entre el ámbito doméstico, históricamente el reino de la mujer, y su función social como modo de control. Por eso asegura que le interesa “Shirley Jackson como autora y como mujer. Tenía cuatro hijos y muchas tartas de limón que cocinar, y cuando todo aquello le dejaba tiempo ella lo que hacía era escribir (bastante mejor que su marido, que era crítico y que no ha pasado a la historia)”.

¿Tiene sentido hablar de una mujer encerrada en el hogar en el siglo XXI? “Evidentemente las cosas han cambiado mucho, pero las relaciones humanas siguen pasando en las casas. Y ya no solamente por el papel que pueda tener la mujer en la sociedad, sino todo lo que pueda pasar en una casa –entre dos adultos, entre adultos y niños–, todas esas cosas inconfesables que no pueden suceder de puertas para afuera, sino que suceden donde guardamos aquello que nos da vergüenza. En ese sentido, creo que la casa sí tiene vigencia”.