Freud, antes el perro que la familia

«La hermana de Freud». Goce Smilevski. Alfaguara. 288 págs., 18,50 euros. (e-book, 9,99)

Freud junto a su hermana Anna
Freud junto a su hermana Anna

Los grandes hombres rara vez son buenos, reza una vieja máxima que no pocos han aplicado a la figura de Sigmund Freud. Admiradores y detractores en un sinfín de biografías y estudios han analizado con lupa los diversos aspectos de su vida, en unos casos para agujerear sus teorías poniendo en duda su ética y, en otros, defendiéndole con arrojo, como si su comportamiento validara o anulara sus teorías.

Lo que no cabe duda es que uno de los capítulos que más ayudan a revelarnos su carácter es su conducta respecto de la seguridad de sus hermanas durante el periodo posterior a la Anschluss (anexión que supuso la inclusión en 1938 de Austria dentro de la Alemania nazi como una provincia del III Reich). Freud, en su condición de judío y fundador de la escuela psicoanalítica, estaba en severo peligro, por lo que gracias a la intervención in extremis de Marie Bonaparte consiguió salir del país y refugiarse en Londres. Se le permitió ir acompañado y para ello escribió una lista en la incluyó a su perro, su médico, sus criadas.... No figuraba ninguna de sus cuatro hermanas. Todas perecieron en campos de exterminio y ésta es la historia de una de ellas: Adolfina. Smilevski construye una poderosa meditación sobre la cordura y la locura; la sabiduría, la teología o la ciencia en las ideas del padre del psicoanálisis.