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Una depresión no puede con esta mujer

Mía acaba de terminar su relación con Álex y se enfrenta al estío barcelonés con el corazón fracturado. Si a la tragedia del desamor le sumamos otra como es la pérdida de empleo y una autoestima quebrada, el destino de nuestra protagonista tiene una única trayectoria: la depresión, que trata de maquillar con psicofármacos. Pero, poco a poco, página a página, esa ansiedad que la amordaza se irá haciendo jirones como una prenda gastada para dar paso a una nueva Mía capaz de disfrutar de instantes mágicos junto a personas extraordinarias. Si al principio del libro vemos a una mujer destrozada, a medida que transcurre la historia descubrimos una nueva versión de ella misma, insospechada, que aprende a valorarse y a cambiar lo que no le gusta, en lugar de sentare a esperar que sople el viento a favor. No serán pocos los lectores que, además de todo, encuentren balsámicas ciertas frases y situaciones del libro como si de un manual de autoayuda se tratara.

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En la línea de Agnès Martin-Lugand y su delicioso libro «La gente feliz lee y toma café», Rocío Carmona aspira a empatizar con el lector gracias a la dulzura de su fontanería narrativa y su sutil intensidad. Aunque tiene una leve inclinación al subrayado que baila en la cuerda floja de la afectación, no llega a caer en ella en ningún momento. El resultado es una antología de sentimientos y asociaciones que se dirigen a nuestro cerebro y nos rompen el corazón al mismo tiempo para ayudarnos luego a recomponerlo. No es un libro impecable sino simple y llanamente, una historia deliciosa, consecuente y delicada. Al terminar –en tanto que todos nos parecemos más de lo que desearíamos– no solo hemos realizado el mismo viaje que la protagonista, sino que cobramos conciencia de que alguna vez, también hemos sido Mía.