Cultura

Henrique Cymerman: “Estamos ante un tsunami que moldeará Oriente Medio”

El veterano periodista publica su quinto libro “Conversando con el enemigo. De Oporto a Abu Dabi pasando por Tel Aviv”, donde realiza una introspección en su historia familiar

El periodista Henrique Cymerman presenta el libro 'Conversando con el enemigo' (Nagrela), unas memorias con las que el lector viaja a Oriente Próximo y sus conflictos de la mano de personajes decisivos en ámbitos muy diversos (líderes israelíes y palestinos, jeques árabes y estrellas futbolísticas), todos enfocados bajo un prisma histórico y a la vez personal.
El periodista Henrique Cymerman presenta el libro 'Conversando con el enemigo' (Nagrela), unas memorias con las que el lector viaja a Oriente Próximo y sus conflictos de la mano de personajes decisivos en ámbitos muy diversos (líderes israelíes y palestinos, jeques árabes y estrellas futbolísticas), todos enfocados bajo un prisma histórico y a la vez personal. FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

El veterano corresponsal Henrique Cymerman, curtido en mil batallas por Oriente Medio, se ha abierto en canal. “Conversando con el enemigo. De Oporto a Abu Dabi pasando por Tel Aviv” es su quinto libro, donde realiza una introspección en su historia familiar y su trepidante carrera. En paralelo al periodismo, ejerció una diplomacia silenciosa para tender puentes entre Israel y países musulmanes, que derivó en la firma de los Acuerdos de Abraham. Con prosa amena, desvela detalles inéditos de sus incontables encuentros con políticos, militares, jeques o estrellas del fútbol. Antes de presentar su obra en España, reconoció a LA RAZÓN que “es un libro escrito con el corazón. Apreté un botón y me salió solo”.

¿Qué le motivó a escribir este diario personal?

Llevaba tiempo pensando que debía contarlo. Tenía mucha información sobre mi familia, tanto del lado paterno procedente de Europa Oriental, que sobrevivieron al Holocausto; como del materno, descendientes de sefardíes expulsados de España. Aproveché el primer confinamiento del coronavirus para contar mi relato familiar. En el segundo cierre, repasé mi infancia en Portugal y España. En el tercero, me atreví a desvelar secretos jamás contados.

Fue testigo privilegiado del nuevo paradigma gestado en Oriente Medio. ¿Cómo vivió la gestación de los Acuerdos de Abraham?

Es una de las mejores noticias en Oriente Medio de las últimas décadas, con poco conocimiento en Occidente. El destino quiso que fuera el primer periodista israelí en transmitir desde países del golfo. Primero Qatar, luego Emiratos, Omán…y finalmente Arabia Saudí. Mis orígenes les despertaban una curiosidad enorme, y así accedí a palacios reales, donde conocí el liderazgo político y militar del Golfo Pérsico. Mi relación con el Papa Francisco me impulsó a un rol de mediador entre las partes. Por ahora, Israel normalizó relaciones con cuatro países, pero esto es solo el principio.

En la resolución de Jartum (1967), el mundo árabe se comprometió a los “tres no”: no a la paz, el reconocimiento o las negociaciones con Israel. ¿Cómo explica su cambio de mentalidad?

Israel y países árabes sunitas tienen enemigos comunes. Irán, que anhela la hegemonía regional, amenaza constantemente con borrar del mapa al estado judío. En el Golfo y el Magreb también sienten la amenaza iraní. Como resultado, vemos hoy ejercicios militares conjuntos entre Israel y países que directa o indirectamente libraron guerras en su contra.

También les atrae la “Start-up Nation”: quieren izar su poder económico junto al coeficiente intelectual hebreo, para así gozar de las nuevas tecnologías desarrolladas en Israel. La demografía también es clave, ya que el 70% de la población del Golfo es menor de 30 años. Conciben las guerras pasadas como algo lejano, y miran al futuro. Hoy hay 400 vuelos mensuales entre Tel Aviv y Dubai, y 600.000 israelíes visitaron los Emiratos en dos años. El intercambio comercial anual pasó de 500 a 1.200 millones de dólares. Estamos ante un tsunami que moldeará la región.

La extrema derecha triunfó en las elecciones, y el nuevo gobierno incluirá voces que piden la expulsión de árabes de la tierra de Israel. ¿Supondrá un daño al romance regional?

Es una preocupación más extendida en Occidente, incluido Estados Unidos. Los estados árabes, que son monarquías mayoritariamente, conciben a Beniamin Netantyahu como un “rey”, un interlocutor sólido. No entienden como un país tan fuerte militar y económicamente, sufre tantas crisis políticas y cambios de gobierno. Más de uno se alegró del retorno de “Bibi”, aunque preocupa el fenómeno de Itamar Ben Gvir (su socio extremista). Saben que la última palabra es de Netanyahu, siempre que Israel no cometa el error garrafal de cambiar el statu quo en la Explanada de las Mezquitas, que para muchos árabes sería un casus belli.

El periodista Henrique Cymerman
El periodista Henrique Cymerman FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Arabia Saudí avanzó que la normalización de relaciones pasa por solventar el conflicto con los palestinos.

El problema no es sólo Israel: hay dos Palestinas divididas, en una guerra civil latente entre Cisjordania y Gaza, junto a un problema de liderazgo muy grave. La paz entre Jerusalén y Ramallah pasa por Riad y El Cairo. Arabia Saudí es la autoridad moral del mundo árabe, y la normalización de relaciones empujará a muchos países musulmanes al mismo camino. Netanyahu quiere callar al mundo entero llegando a una paz con los saudíes en los próximos años.

En lo personal, ¿cómo cambiaron las relaciones entre israelíes y árabes?

Es un cambio de percepción brutal: los israelíes encontraron a árabes muy preparados y con visión de futuro. En 2024, los Emiratos lanzarán una nave espacial a la luna con ayuda tecnología israelí. En el Día de la Independencia de Israel del año pasado, los emiratíes quisieron participar en el desfile de la fuerza aérea, aunque se truncó por la escalada militar en Gaza. Ellos admiran profundamente a los israelíes, los conciben como un pueblo único del que hay mucho que aprender. Eso sí, van a tiempos distintos: los israelíes viven a un ritmo acelerado, y los árabes funcionan con el reloj pausado del desierto.