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Martín Chirino: la contradicción que materializó el viento

Por primera vez de manera póstuma se presenta tanto un libro de las memorias del escultor como una exposición de su obra en la Galería Marlborough de Barcelona

  • El escultor falleció el pasado 11 de marzo
    El escultor falleció el pasado 11 de marzo /

    Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 4 min.

14 de mayo de 2019. 12:58h

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Concha García 14/5/2019

“Antes de Chirino a nadie se le había ocurrido esculpir el viento”, afirmó en una ocasión el escritor Serge Fauchereau. La originalidad era la marca de agua de este escultor canario que falleció el 11 de marzo de este año pero cuyo legado aún sigue disfrutándose. Estableció una unión entre África y las Islas Canarias y recuperó la historia de los aborígenes que para muchos eran fantasmagóricos. Martín Chirino, a través del hierro, produjo una obra escultórica repleta de una personalidad que fue tallando a través de sus vivencias y aspiraciones artísticas. Y es esta memoria la que ahora se traslada al público en dos formas de arte: libro y exposición.

Por un lado, de la mano de la editorial Galaxia Gutenberg, el periodista y escritor Antonio Puente reúne en “La memoria esculpida” los diálogos que mantuvo con el escultor durante tres años y en el que Chirino se abrió ya no solo de forma artística, sino también humana. En esta obra, el escultor mantiene conversaciones con Puente sobre la evolución que tuvo su pensamiento en cuanto a su forma de hacer arte y a la vida en general.

Por otro lado, en la Galería Marlborough de Barcelona se estrenará este jueves “Mover el horizonte”, la primera exposición póstuma de Chirino y en cuya preparación él mismo participó antes de fallecer. En esta muestra se podrá ver hasta el 15 de junio la obra del artista canario así como algunas piezas inéditas y de las últimas que hizo en su vida. Ejemplo de estas últimas: el violonchelo. Según recuerda su hija, Marta Chirino, el artista preparaba una exposición sobre la música, “algo que le apasionaba”, de manera que “hizo un esfuerzo para que esta escultura la pudiese mostrar el 1 de marzo, el día de su cumpleaños”.

Memoria dialogada

Al principio, recuerda Puente, no tenía claro cómo iba a ser el formato del libro que ahora presenta. “Empecé tomando nota, con una idea de memoria dialogada, y a medida que avanzaba se convirtió en una conversación”, explica el periodista. Y este proyecto se ha seguido hasta terminarlo pues, para el escultor, no se trataba solo de un texto, sino que iba a ser el libro que le iba a definir. “Estas páginas contienen la sabiduría, sofisticación y conocimiento de Chirino como hombre y como artista”, apunta María Cifuentes, editora de Galaxia Gutenberg.

El retrato de un escultor que se definía por materializar el viento, inspirado por los remolinos que se creaban en las playas de Las Palmas cuando el viento levantaba la arena. Para Puente, Chirino era “un gran solucionador de contradicciones”, afirmando que “su obra sin éstas no se entendería”. Él apostaba por el localismo y la universalidad, se definía como un trotamundos apegado al taller, un estoico apasionado o un cosmopolita errante. Contradicciones. Originalidad. Hierro y viento. Todo resumido en un arte que, entre la Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino, el apoyo del Ayuntamiento de Gran Canaria y el de su propia familia -todos ellos poseen ahora parte de su obra- sigue extendiéndose por los museos de forma póstuma.

Chirino recorrió mundo. Y lo sigue haciendo teniendo en cuenta que su obra está presente, además de en Madrid y Barcelona, en museos de Nueva York, Caracas, Santiago de Chile o Pennsylvania, entre otros. Durante su vida realizó un trayecto que le hizo convertirse en el escultor que hoy se recuerda y que en el libro, explica Puente, se puede observar dividido en tres etapas.

En primer lugar, septiembre de 1955. “Con lo puesto, Chirino, Manolo Millares y Manuel Padorno se irían a Madrid”, comenta el periodista, “ese fue su triunfo que culminó con una exposición en la capital en 1958”. La segunda etapa, apunta, es “a finales de los 60 y principios de los 70, cuando se instaló y consiguió conquistar Nueva York”. Por último, la vida del escultor canario que se plasma en las páginas de “La memoria esculpida” se distinguiría en los años 80: como artista consolidado, comenzó su época de gestor.

Chirino ha sido presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, fundador y director del Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas de Gran Canaria (CAAM), así como también creó la fundación con su propio nombre. Su arte abstracto y sus esculturas con aparente carencia de significado pero con una gran riqueza simbólica intrínseca, continúan hoy siendo motivo de estudio, exposición y trabajo para muchas personas. Como él dijo en una ocasión: “Sin pasión no hay vida”. Y lo suyo fue pasión por el arte.

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