Clamor para Lucero y sus castañuelas

Crítica de clásica / Temporada de la Zarzuela. Obras de Sorozábal, Chueca, Moreno Torroba, Giménez, Breton, Guridi, Barbieri, Serrano, Soutullo, etc. vid Yates. Voces: A. Arteta, J. Bros, C. Chausson, A.Ibarra, L.Tena. Coro del Teatro de la Zarzuela y Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: J. López Cobos. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 18-11-2016.

De izquierda a derecha, Ainhoa Arteta, Ana Ibarra, Carlos Chausson, José Bros, el maestro López Cobos y Lucero Tena
De izquierda a derecha, Ainhoa Arteta, Ana Ibarra, Carlos Chausson, José Bros, el maestro López Cobos y Lucero Tena

Daniel Bianco ha tenido muy claras sus ideas y este inicio de su primera temporada lo demuestra. Tres espectáculos sobresalientes de características muy diversas: la recuperación de unas «Golondrinas» teatralmente impactantes, la belleza plática de «Ifigenia en Tracia» y la alegría de la gala zarzuelera aquí comentada. El Teatro deseaba contar con López Cobos, pero éste no tenía fechas para una zarzuela completa este año y por ello se recurrió a una gala realizada con esmero. El maestro se lo ha debido de pasar en grande. Lo demostraba cantando –en silencio, no como Glenn Gould– cada una de las piezas, lo que revela algo que no todo el mundo conoce: su gran cariño por el género. Después de media docena de seguidos «Tristanes» día por día en Japón, le venía bien este desahogo y también al género, porque López Cobos aporta una trascendencia musical habitualmente inexistente sin perder ligereza y humor. Coro y orquesta sonaron con clase y mostraron versatilidad en lecturas bien contrastadas con las de Oliver Díaz en otra reciente gala. El público disfrutó enormemente con la frescura de Ainhoa Arteta, la intensidad de Ana Ibarra y la entrega de José Bros pero, sobre todo, con las tablas y el oficio de Carlos Chausson y el arte sin igual de Lucero Tena. Chausson cantó zarzuela hace años, pero «Caballero de Gracia me llaman» o la divertida parodia «Tened piedad, señor» de «Gloria y peluca» le eran prácticamente nuevas. Toda una lección de cómo abordar estas piezas cómicas. Un maestro en su cuerda y repertorio sin prácticamente parangón hoy. Lucero Tena se quejaba hace bien poco, entre amigos, de que se habían olvidado de ella y no la contrataban. Pues no saben lo que se pierden. Por sus manos parecen no pasar los años. ¡Qué dominio de las castañuelas! ¿Cómo se pueden sacar de ellas tantos matices? Un milagro que el público premió dejando brotar de sus gargantas un auténtico clamor mientras se ponía en pie. Hubo propinas de «El barberillo de Lavapiés» a cargo de los cuatro cantantes participantes, pero ella tuvo que terminar el acto con un solo. Todos los asistentes nos sentimos reconfortados de poder trasladar a la artista nuestro reconocimiento y de sentir lo bien que ello le venía a ella. Una velada de esas que en que se cumplen todos los objetivos planteados y aún más.