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Salomé: cuando el franquismo se vistió de porcelana

«Vivo cantando» dio la victoria en Eurovisión a una España que buscaba lavar su imagen a los ojos de Europa

  • Actuación de Salomé en el Festival de Eurovisión 1969 con el tema "Vivo cantando" / Efe
    Actuación de Salomé en el Festival de Eurovisión 1969 con el tema "Vivo cantando" / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

13 de agosto de 2019. 01:55h

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Concha García 13/8/2019

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29 de marzo. Teatro Real de Madrid. Unas caderas comienzan a contonearse haciendo que los flecos se muevan al ritmo de la música. ¿Flecos? No. Canutillos de porcelana. Salomé ganó el concurso de Eurovisión en 1969 con un diseño de Pertegaz que se ha quedado para el recuerdo como uno de los «looks» más originales de la historia del concurso. Aquel año, España fue anfitriona de una gala en la que, además, se alzó con el premio. Pero fue una victoria compartida: hubo empate con tres candidatos más, siendo los ganadores, además del «Vivo cantando» de Salomé, Reino Unido, con la cantante Lulu, Países Bajos, con Lenny Kuhr, y Francia, con Frida Boccara. Cuatro ganadoras que fueron testigo de una gala «a lo grande» muy celebrada en una España en tiempos de Franco.

Tanto la producción como la expectación por aquel evento fueron destacables. Se vivió una gran promoción cuyo principal objetivo era el de sanear la imagen de una dictadura que, en aquella época, vivía sus últimos momentos.

Las notas que hicieron historia con Salomé las compuso María José de Ceratto, mientras que Amadeo Gabino se ocupó de la escenografía y Los Valldemosa fueron quienes acompañaron a la cantante en el escenario. Ellos eran quienes pronunciaban aquel «¡hey!» al final de cada «vivo soñando» de Salomé que aún hoy pronuncia cualquier español de forma casi automática.

Todos los esfuerzos sirvieron para que España ganase Eurovisión en su propio país: se celebró en Madrid porque en 1968 fue Massiel quien se hizo con el certamen con «La la la», en Londres. Tal fue la dedicación por aquella cita que el cartel de la edición de 1969 fue diseñado por el mismísimo Dalí y, entre el público –contó con 500 personas–, figuraron personalidades como Carmen Polo de Franco, la esposa del entonces dictador.

De Serrat a Massiel

Para Salomé, la aventura eurovisiva no duró solo los dos minutos y medio de la canción, sino que comenzó casi un año antes. En un principio, iba a ser Joan Manuel Serrat quien representara a España en el certamen de 1968 en lugar de Massiel. Sin embargo, su candidatura se descartó cuando pidió cantar en catalán; entonces, el gobierno tenía como principal objetivo ganar el concurso. Ante esto, sonó el nombre de Salomé como posible sustituta hasta que, finalmente, eligieron a Massiel y dejaron a la anterior para el certamen que se celebraría en el Teatro Real al año siguiente.

Eurovisión era, en aquella época, un instrumento imprescindible más en lo político que en lo musical. Aunque es cierto que las canciones eran más poderosas que las que actualmente se presentan al concurso. Independientemente de la calidad musical que presenta España –llevamos varios años consecutivos en los que frecuentamos los últimos puestos–, sigue siendo, para muchos países, una herramienta geopolítica. En la ocasión de Salomé, gran ejemplo es el de Austria: declinó participar en la cita por tener una posición contraria al franquismo.

Además, jugó un gran papel la televisión en color. Mientras que en España no se podía ver el azul turquesa de la porcelana que vistió la cantante al emitirse en blanco y negro, en países como Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido y Noruega sí se retransmitió en color. Con esto, 100 millones de pesetas en presupuesto y alrededor de 15.000 claveles de adorno, Salomé se alzó, junto a sus tres compañeras, con el premio gracias, entre otras cosas, a los tres puntos que le dieron Mónaco, Bélgica y Alemania.

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