Cultura

“¿Cuándo viene Samuel?”: Beckett para niños y mayores ★★★★☆

“¿Cuándo viene Samuel?” ocupa la Sala Max Aub del Matadero
“¿Cuándo viene Samuel?” ocupa la Sala Max Aub del Matadero FOTO: Teatro Español

Autor: Ultramarinos de Lucas, a partir de la obra de Samuel Beckett “Esperando a Godot”. Director: Juan Berzal. Intérpretes: Juan Berzal, Juam Monedero y Jorge Padín. Naves del Español en Matadero (Sala Max Aub), Madrid. Hasta el 21 de noviembre.

Desde luego, hace falta tener arrojo, descaro y diría incluso que temeridad para hacer una versión de “Esperando a Godot” dirigida a un público familiar. Solo una compañía tan experimentada en estas lides como Ultramarinos de Lucas –Premio Nacional de Artes Escénicas para la infancia y la juventud en 2015– podía salir bien parada del empeño. Y digo “bien parada” no tanto porque todos los niños lo pasen estupendamente. Es inevitable que algunos menores se aburran, como pude comprobar, ya que la obra de Beckett se caracteriza precisamente porque no pasa en ella absolutamente nada. Pero ese aburrimiento de los más pequeños contrastaba el día que yo vi la función con ataques de risa incontrolables entre algunos espectadores juveniles y otros entrados ya en años. Unos ataques perfectamente comprensibles porque, objetivamente, la adaptación es brillante.

El primer acierto es hacer que los dos protagonistas –que aquí no aparecen identificados explícitamente como Didi y Gogo– no estén esperando tanto a Samuel –un trasunto evidente de Godot– como la fiesta que les ha prometido ese tal Samuel. Esto hace que se dispare la expectación entre los más jóvenes, que obviamente no conocerán el texto original ni su desenlace y quieren saber cómo va a ser la fiesta y cuándo se va a celebrar. A lo largo de esa inútil espera, la compañía hace un despliegue de ingenio en la mixtura de lenguajes –gestual, plástico, textual…– para generar, con eficacia, sencillez y talento, algunos momentos de extraordinaria ternura, sin caer nunca en la sensiblería, y otros de una comicidad surrealista que serían dignos del propio Beckett. Son impagables algunas escenas como la de los zapatos en el columpio, la de uno de los personajes acunando al otro mientras le canta “Love me tender” o la del monólogo del profesor.

El escueto, y al mismo tiempo imponente, diseño del espacio y la luz; el simpático y vistoso vestuario y, por supuesto, el espléndido trabajo actoral de Juam Monedero, Jorge Padín y Juan Berzal se conjugan de manera perfecta para que uno salga de la sala con su sonrisa de pánfilo reafirmándose en una idea que en los últimos tiempos han querido desterrar los mediocres: el buen teatro, y el buen arte en general, descansa únicamente en la verdad de su poesía; en él no tendrán cabida nunca la impostura y la afectación.

Lo mejor

La adaptación del monólogo de Lucky, convertido aquí en la lección del profesor, no tiene precio.

Lo peor

Las dificultades inherentes a la naturaleza de la obra original hacen inevitable que los más pequeñajos se aburran.