Teatro

Rodrigo García se ríe de las modas

Estrena en España su última «locura», «Evel Knievel contra Macbeth na terra do finado Humberto».

Con subtítulos en castellano, el montaje que García estrena en Valencia se desarrolla en español, inglés y francés
Con subtítulos en castellano, el montaje que García estrena en Valencia se desarrolla en español, inglés y francés

Estrena en España su última «locura», «Evel Knievel contra Macbeth na terra do finado Humberto».

Ultramán, gigantesco superhéroe de la televisión japonesa, y su hasta ahora enemigo Neronga, un monstruo de apariencia prehistórica que lanza rayos por sus cuernos, son los aliados de Evel Knievel en la cruenta guerra que éste ha de librar contra un Orson Welles que ha sido poseído por el personaje de Macbeth y que se ha hecho con el control de Salvador de Bahía, donde trata de reinstaurar la esclavitud. Por suerte, Knievel –motorista que se dedicaba a las acrobacias y que, a pesar de sus aparatosas caídas y lesiones, se convirtió en todo un icono de EE UU– cuenta también en esta épica batalla con la ayuda de algunos luchadores del extinto programa argentino Titanes en el ring, como son el armenio Martín Karadagián, la Momia Blanca, el «Ancho» Rubén Peucelle, Hippie Jimmy, el Pibe 10 y la Viudita Misteriosa. Con esta friki y divertida miscelánea de la cultura popular de los años 60 y 70 del siglo pasado, ha montado Rodrigo García «Evel Knievel contra Macbech na terra do finado Humberto», un inefable espectáculo que llega ahora a Valencia, tras su estreno en el Centro Dramático Nacional de Montpellier, y que recalará en mayo en los madrileños Teatros del Canal.

Reflexiones intimistas

«El punto de partida es un tanto delirante, es verdad –reconoce este polémico creador, cuyos trabajos siguen teniendo mayor repercusión fuera de nuestras fronteras que dentro de ellas–; pero es solo un pretexto para hablar de las cosas que me preocupan de la sociedad actual. Hay reflexiones intimistas, casi filosóficas, y hay también una mirada crítica, con mucho humor, a algunos asuntos como el mundo de los chefs y la nueva cocina. Es extraño en una sociedad como la nuestra, donde tanta gente cobra un salario tan bajo, que estos chefs y estos restaurantes a los que nunca podremos ir ocupen las portadas de los periódicos. También hablo un poco del diseño; hablo de este tipo llamado Philippe Starck. Me río un poco, en definitiva, de todo lo superficial y de todo lo que tiene que ver con las modas. Por lo general, eso está siempre en mis obras». Curiosamente, esa mirada crítica proviene de un creador que, por su estilo experimental o vanguardista, podría ser visto, a su vez, como el icono de una de esas modas. «Bueno, una cosa es el arte y otra cosa es esto del estilo de vida que nos imponen –aclara el dramaturgo–. Yo soy un artista contemporáneo, sí; pero porque mi trabajo se fundamente en la experimentación formal. Ahora bien, yo vivo en una aldea de Asturias; conozco bien la realidad. La gente con la que voy, y con la que veo el fútbol en el bar, trabaja en la construcción o en el campo. Es verdad que, por mi trabajo, estoy en relación también con una élite, con esa élite que llamamos el mundo de la cultura, no lo puedo negar; pero, bueno, me gusta también reírme de ello».

Interpretada solamente por Núria Lloansi, Inge Van Bruystegem y un niño, el espectáculo, que se representa en español, inglés y francés –con subtítulos en castellano– es según su director «el más evocador, nostálgico e intimista, y el menos violento» de todos sus trabajos hasta la fecha.