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¿Qué me pongo? Un Monet

La obra "Meules", vendida por 98,84 millones, supone un récord histórico entre las obras impresionistas

  • Reproducción de la obra "Meules"
    Reproducción de la obra "Meules"

Tiempo de lectura 2 min.

16 de mayo de 2019. 00:27h

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Javier Ors 15/5/2019

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Esto de las subastas neoyorquinas de arte es como una factoría de estrellas al mejor postor. Aquí al remate de martillo se van renovando celebridades. Los subastadores son las estrellas del rock de las grandes fortunas, unos nuevos Andy Warhol, que van adjudicando por ahí minutos de fama, administrando popularidades entre los nombres destinados a perdurar, señalando si Picasso está al alza este invierno o si la primavera que viene lo que se va a llevar en esas otras pasarelas que son las casas de subastas es Bacon, David Hockney o Jeff Koons. Ahora, el turno le ha tocado a Monet. Muchas veces la rebeldía consiste en un pequeño gesto y no en asaltar la Bastilla. El pintor decidió sacar el caballete al campo y cambiar las penumbras artificiales del estudio por el sol y la luz asilvestrada de la naturaleza, que resultaba más desafiante y retadora para atrapar, de inmortalizar en el instinto de la pincelada. Aquello cambió la historia del arte. El tipo, obsesionado por el momento decisivo, igual que Cartier-Bresson en la fotografía, firmó un conjunto de series diversas guiado por esta idea o propósito. Una de ellas la dedicó a los almiares, ya saben, esos cúmulos de mies que los campesinos levantan en los sembrados y que los turistas fotografían tanto. Uno de esos lienzos (forman un conjunto que rondan la veintena, exactamente diecisiete), titulado «Meules», ejecutado por Monet entre 1890 y 1891, se ha vendido por 110.7 millones de dólares (en realidad han sido 97, pero añadiendo impuestos y otras facturas de semejante tipo, la cifra alcanza ese montante). Al cambio son unos modestos 98,9 millones de euros. La cifra le ha permitido al impresionista entrar en el exclusivo conjunto de artistas que han superado los cien kilos, que es una lista pareja a la de los milmillonarios. La subasta le ha permitido a Monet superar sus propios récords, como si se tratara de un velocista o un atleta similar, y renovar tirón popular y leyenda gracias a este cheque en blanco. La obra, que a partir de ahora residirá en un domicilio particular, ha despertado el impulso carnívoro del coleccionismo, al que siempre le han molado un montón los creadores con nombre hecho. Sobre todo si es francés, o sea, impresionista. Esos mismos a los que los jeques y otros reyezuelos de la pasta no darían un maldito duro cuando solo eran pasantes en el arte, unos advenedizos con la cabeza invadida de genialidades. La obra alcanzó los 55 millonazos tasados en inicio en pocos segundos, que esta peña que va a las subastas no es gente melindrosa con la plata. La competición por ver quién tiene la billetera más grande terminó en la raya del récord. Y todavía queda Bacon. Para hoy. Otro que también flipa mucho a esta comparsa. A ver...

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