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Venezuela, 20 años a ninguna parte

Círculo de Tiza publica «Largo viaje inmóvil», un recorrido en el que Doménico Chiappe busca respuestas a la etapa chavista, a sus antecedentes y a su legado

  • El pueblo venezolano vitorea el paso del cortejo fúnebre que trasladaba el cuerpo de Hugo Chávez
    El pueblo venezolano vitorea el paso del cortejo fúnebre que trasladaba el cuerpo de Hugo Chávez

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2016. 23:16h

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18/5/2016

Lo dice el escritor nicaragüense Sergio Ramírez al comienzo de su prólogo: los índices sociales, las estadísticas, las cifras macro y micro económicas, la voz de un académico, un analista o un sociólogo son datos que tenemos cada día en los titulares de la Prensa y a partir de los cuales debemos comprender o imaginar la realidad del lugar en cuestión. En este caso, Venezuela. Sin embargo, «no es suficiente», escribe. Y es por ello que Doménico Chiappe quiso traspasar las estrechas puertas que abre esta «fría» información para contar lo que de verdad sucede en el que fuera el país de un Chávez que todavía hoy mantiene el poder de la ubicuidad. Lo que pasa en la calle aquí es la verdad. El día a día de una miss, un banquero, un editor, los indígenas, ministros, un cura, un músico, un boxeador... Trece personas escogidas por su profesión para reconstruir en 260 páginas un instante concreto de todo un país: «Largo viaje inmóvil» (de la editorial Círculo de Tiza, que ha trabajado una cuidada edición en la que intercala fotos de Óscar B. Castillo y que también dispone de libros de Umbral, Manuel Vicent y Caballero Bonald, entre otros). Un recorrido plural que va de 1995 a 2015 y en el que reescribe una serie de artículos publicados por Chiappe durante años en diferentes medios.

Aunque el origen de este «tour» tiene su punto de partida en el que probablemente sea el mayor punto de inflexión que ha vivido Venezuela en los últimos años: la muerte de Hugo Chávez. Las crónicas de este periodista durante los funerales –que describe como «la campaña electoral de Maduro»– sirven de eje sobre el que montar la obra y mostrar los contrastes entre la etapa del Comandante, así como el antes y el después. «Mientras aguarda para ver el cuerpo, la gente muestra un sentimiento de pérdida real y auténtico. Pero nadie llora», precisa el autor en sus páginas, describiendo las colas de horas que se formaban para despedir al difunto y sus reacciones ante un hito de su historia. Así, son tres crónicas de la despedida de éste las que componen el cuerpo principal de «Largo viaje inmóvil». El bullicio en torno al cuerpo se convierte en la mezcolanza perfecta de la que ir desgranando cada parte de la sociedad. Desde abajo. Carreras por ver el último paseo de una figura mítica –guste o no–, el rojo que lo inunda todo, políticos apiñados por salir en las fotos, caras de Chávez en todo tipo de superficies fruto de la mercadotecnia: camisetas, paredes, pines, gorras, pinturas... Rostro que, como es de suponer, no se deja de ver en todo el libro, pero sin ser el protagonista. Un aroma –«tufo», dirán algunos– imposible de eliminar.

Aun así, Doménico Chiappe no busca respuestas absolutas. Simplemente muestra su experiencia a pie de calle. Individualidades que van más allá de índices de inflación y barriles de petróleo y que buscan salir de oficialismos e instrumentalizaciones, de uno y otro lado del Atlántico. Contar Venezuela a través del pueblo, que se convierte involuntariamente en culpable de dar valor a una obra sentimental y crítica.

Legado de dictador

Más allá de la realidad, el periodista busca de dar fe del legado dejado por el dictador. Quince años –desde que se instauró la Asamblea Constituyente hasta que muere Chávez– que han llevado al país a dilapidar miles de millones extraídos del fondo de sus pozos de petróleo –se estiman alrededor de 800.000 millones de dólares– y a convertirse en la nación con mayor tasa de homicidios –también presentes en la publicación de Círculo de Tiza– del mundo. Un tiempo que Chiappe define como «la gran debacle» y en el que habla de tres lustros en los que todo aquel que haya nacido en este tiempo habrá hecho poco menos que perder el tiempo, y no por su culpa precisamente –cita dos generaciones incapaces de darle la vuelta a la situación–. Teniendo la única preparación de enfundarse el rojo como color nacional y a poner las manos para que el Estado racionalice los bienes.

Ésta es la forma en la que quiere plasmar las décadas de repliegue, que bien podrían haber titulado el libro «Largo viaje de retroceso». Aunque también es cierto que no sólo echa la culpa de ello al Comandante, sino que también mira a sus antecesores para extender el periodo de declive hasta cuarenta años antes. Una herencia de la que cuesta desprenderse: «No pensé nunca fue que la agonía del régimen iba a ser tan larga y dolorosa. Hubiera deseado que se inaugurara una transición al estilo español, que, si se colocara en una balanza, tuvo muchísimos más beneficios que desventajas», cierra.

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