Nadal está empeñado en ganar la Davis

Rafa igualó la semifinal al imponerse en dos sets (6-4 y 6-0) a un peleón Daniel Evans

Semifinal, Rafael Nadal - Daniel Evans
Nadal celebra un punto ante Daniel Evans FOTO: Kiko Huesca EFE

Nadal supo armarse de paciencia para resolver la enésima situación crítica de su vida en una pista de tenis. Estaba obligado a otra remontada, igual que 24 horas antes frente a Argentina. Y puso la primera piedra de una forma diferente a cómo lo hizo ante la albiceleste. Evans se hartó de buscar las cosquillas a Rafa, pero terminó rindiéndose ante el número uno del mundo. No fue la versión trituradora. Fue la paciente, la que nunca pierde el sitio y casi siempre termina encontrando las debilidades del rival. Nadal se impuso por 6-4 y 6-0 en 86 minutos.

Si te cruzas con Daniel Evans en los pasillos de la Caja Mágica piensas que es uno de los protagonistas de una película de Ken Loach. En la pista es muy peligroso. Y eso que el arranque de Rafa fue tan sólido como el que tuvo ante Schwartzman. En los dos primeros juegos logró 4 aces con su saque, como si fuera un cañonero. Pero Evans no se achantó. Fue atrevido, descarado, muy valiente. Se plantó en el fondo de la pista, muy cerca de la línea y se atrevió a tutear a Rafa. Salvó dos bolas de break en el cuarto juego y estuvo vivo hasta el octavo. Con cuatro iguales, el español puso una marcha más. Dio ese paso al frente al que son capaces de responder muy pocos. Aumenta las exigencias y el nivel de errores disminuye hasta acercarse a cero. Insoportable para el mejor Evans. Nadal se sintió cómodo con el saque y la remontada había comenzado antes de alcanzarse la primera hora del segundo individual. Fue en el décimo juego con tres restazos que le dieron tres nuevas bolas de break. A la quinta se llevó la manga. Cuando la situación es muy complicada a Rafa se le escapa algún «venga» en lugar del clásico «vamos». Hubo alguno así en el primer set y ninguno en el segundo porque el break llegó muy pronto. Evans se quedó sin argumentos para contener el inicio de la remontada de España.

El reto para Rafa llegó porque a Feliciano le vino grande el desafío individual ante Kyle Edmund. Duele escribir algo así del jugador del equipo español que más siente la competición. Pero en el que puede haber sido el último gran partido de su vida, no pudo ser el héroe en su casa.

Oficialmente, unas molestias físicas dejaron a Pablo Carreño en el banquillo. «No estaba al cien por cien para jugar», aseguró «Feli» sobre su compañero antes de medirse a Edmund. Más allá de los círculos oficiales, la suplencia del asturiano se estaba mascando nada más caer ante Pella y sus sinceras declaraciones después del partido –aquello de los nervios y la presión– fueron su tumba. Carreño se quedó fuera y el que regresó al grupo fue Roberto Bautista. Dos días después de tener que abandonar la concentración por la muerte de su padre, Bautista protagonizó un emotivo momento al aparecer en la formación de los himnos en la pista Manolo Santana de la Caja Mágica. En realidad ese fue el mejor momento de España en el primer partido. Lo que sucedió luego fue un quiero y no puedo por parte de Feliciano.

Cuando el español desenfundó su saque ya tenía enfrente un muro en forma de 0-3. En apenas siete minutos, Edmund conectó golpes ganadores y saques directos como si fuera lo más sencillo del mundo. Cinco aces en sus dos primeros servicios y una autoridad en los puntos que convirtieron a Feli en un muñeco. Cuando el toledano se asentó ya era demasiado tarde para escalar el 8.000 en que se había convertido el primer set. En menos de media hora, la eliminatoria había empezado torcida. El saque, el revés cortado y las subidas a la red no bastaban para que al pelirrojo británico le entraran las dudas. Bruguera y Feliciano decidieron no cambiar de planes y en el décimo juego «Feli» tuvo dos bolas de break. Volaron igual que llegaron. El saque y una derecha abocaron el segundo set al tie break. Edmund se mostró calmado en los momentos de máxima exigencia y había que comprobar si el español había llegado para quedarse. La respuesta fue negativa. Un error en un revés cortado, otro con el resto, un passing de Edmund, una doble falta... Feli y España se encomendaron a Rafa y la respuesta fue la habitual.