¿Qué fue de Rodchenkov?, el responsable del dopaje ruso que se enfrentó a Putin

Muertes en extrañas circunstancias, un Oscar y un laboratorio convertido en bar, las huellas del documental que denunció el programa de «dopaje estatal» de Rusia

Grigory y Bryan, en una escena del documental
Grigory y Bryan, en una escena del documentalNTF

Ícaro «la verdad es la nueva sustancia prohibida», dirigido por Bryan Fogel y protagonizado por Grigory Rodchenkov, ganaba el Oscar a mejor documental hace tres años, después de volar por los aires la fe en los sistemas de control de la AMA (Agencia Mundial Antidopaje). Todavía hoy siguen manifestándose las consecuencias de lo que la película denunció en 2017, como la reciente exclusión de Rusia de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Esta medida ya se tomó en Río sobre las disciplinas de atletismo y en todas las pruebas de los Juegos de Invierno de Pyeongchang. Aún así, algunos deportistas rusos, tras superar las exigencias pertinentes, podrían participar bajo la bandera olímpica.

La película de Netflix nace en 2014 para satisfacer la gran inquietud de Bryan Fogel, director, escritor y corredor de las pruebas ciclistas amateur más duras del mundo. En principio, él solo quería comprobar si es posible engañar a los controles antidopaje, a raíz del escándalo de Lance Armstrong en 2013, pero acabó encontrándose con la mayor operación de dopaje de la historia del deporte. Para conocer los límites de su condición física se pone en contacto con varios científicos de los laboratorios de antidopaje más importantes del mundo, que finalmente le conducen a Grigory Rodchenkov, por aquel entonces, Director del Centro Antidopaje de Moscú, cargo que ocupó entre 2006 y 2015.

El documental, cuyo rodaje comenzó en 2014, iba según lo previsto. Rodchenkov se muestra llamativamente comprometido con el proyecto de Bryan y le da las indicaciones oportunas para potenciar su rendimiento con sustancias prohibidas y ocultarlo en los controles. Todo cambia cuando un reportaje de la televisión alemana, titulado «Cómo Rusia fabrica a sus campeones», en el que se denuncia un programa de dopaje a escala estatal.

Desde aquel momento, Bryan Fogel se convierte en el confesor y hasta casi en el asesor legal de Rodchenkov, vigilado en todo momento por las instituciones rusas y la AMA, que vio totalmente perjudicada su credibilidad. El documental da un giro radical y se convierte en el portavoz de la verdad del sistema de dopaje liderado por Rodchenkov desde su laboratorio a partir de 2011. El objetivo: exhibir a Rusia como gran potencia mundial, en los Juegos de Invierno que ellos albergaban en Sochi en 2014. En dicha sede, durante las olimpiadas, se instaló un laboratorio, hoy convertido en un bar, en el que se manipulaban los botes con las muestras de los deportistas rusos.

Grigory, tras denunciar su propia obra y ser cesado de su cargo en Moscú en 2015, se siente amenazado y busca refugio en Estados Unidos, donde entra en un programa de protección de testigos. Sus confesiones incriminaban desde al servicio secreto ruso hasta al mismo Putin y toda la cúpula gubernamental rusa. Desde Moscú se defendieron sacando a la luz el historial psiquiátrico de Grigory, ingresado en 2011 por un intento de suicidio. Se le diagnóstico «desorden de la personalidad». Además, el químico había tenido problemas legales por vender fármacos no permitidos a deportistas de élite.

En la última entrevista que concedió, bajo un pasamontañas y unas gafas de sol a la BBC, Grigory asegura que «si yo no hubiera escapado de Rusia, ahora mismo estaría en una tumba». Él nunca creyó que su compañero y exdirector de la agencia de antidopaje rusa, Nikita Kamaev, falleciese por un repentino infarto en 2016. Doce días antes también fue hallado muerto Vyacheslav Sinev, jefe de la misma agencia entre 2008 y 2010.

Pero Ícaro y el terremoto que provocó después no habrían visto la luz sin la intervención de Bryan Fogel. El ganador del Óscar en 2017 da ahora conferencias afirmando que «mi película ha ayudado a entender la situación política actual». Esta postura es apoyada por Rodchenkov, que ve una clara relación entre el incremento de la popularidad de Putin, tras las 33 medallas logradas en Sochi, y las agresiones a Ucrania justo después de la cita olímpica.