Schwartzman, rival de Nadal: la historia que le marcó de su bisabuelo y el Holocausto, la diferencia con Messi...

El argentino mide 1,70, un problema para su deporte, pero, pase lo que pase en su duelo de semifinales de Roland Garros, se va a colar en el “top 10”

“Tengo problemas peores que ser diez centímetros más bajo que todos los demás”, responde Diego Schwartzman, el rival de Nadal en las semifinales de Roland Garros (hoy viernes 9 de octubre a las 14:45), cuando le preguntaban hasta dónde cree que podría haber llegado si hubiera sido más alto. Hasta donde ha llegado en París es, de momento, a la penúltima ronda de un Grand Slam, después de superar al número tres del mundo, Dominic Thiem, en un partido inolvidable de más de cinco horas en la ronda anterior y un mes más tarde de vencer a Rafa por primera vez en su carrera, para acceder a la final de Roma. Está en el mejor momento de su carrera y eso le va a servir para, a su 28 años casi recién cumplidos, acceder al “top 10” por primera vez.

Su altura (le llaman “el Peque”) le ha marcado desde siempre. Un médico le dijo cuando tenía 13 años que no iba a pasar de los 170 centímetros, y no se equivocó. Su madre, Silvana, cuenta en el periódico “La Nación” cuál fue la consecuencia de eso: "Le decían que era buen jugador, pero que con esa altura no iba a poder llegar a la élite. Pero para mí sí iba a llegar. Yo soy muy naturista y no le quería hacer ningún tratamiento de crecimiento. Me daba miedo. Esa es la diferencia de Diego con Messi, por ejemplo. Soy enemiga de los tratamientos. Siempre estuve segura de que iba a llegar. Y él, en su interior, también. Diego no se hizo ningún tratamiento, nada. Si llegaba sería por sus condiciones. Y con mi marido le dijimos que iba a tener que esforzarse más que otros compañeros y eso fue lo que hizo”. El diario argentino también recuerda los orígenes del tenista, que tenía una familia acomodada con negocios de ropa y joyería que fue presa de las crisis de los 90. Un problema añadido para poder prosperar en el tenis. También recuerda la historia que marcó a Schwartzman, que él mismo narró hace años en la web de la ATP: “Tengo raíces judías y mi bisabuelo del lado de mi madre, que vivía en Polonia, fue llevado en un tren a un campo de concentración durante el Holocausto. El acoplamiento que conectaba dos de los vagones del tren se rompió. Parte del tren continuó y el otro se quedó atrás. Eso permitió que los atrapados adentro, incluido mi bisabuelo, corrieran por sus vidas sin ser descubiertos. Sólo pensar en eso me hace dar cuenta de cómo las vidas pueden cambiar en un instante”. Su bisabuelo saltó del tren y se salvó con otros dos amigos, que lo fueron para siempre. Viajaron a Argentina y allí comenzaron una nueva vida.

Schwartzman es un tenista peligroso. Lo sabe Nadal, que aunque le había ganado los nueve duelos precedentes, hasta el de Roma, solía pasar dificultades contra él. Su estatura hace que tenga que adelantarse mucho al bote de la pelota para que no suba demasiado, y eso propicia que juegue a un ritmo endiablado. Destaca su revés a dos manos y es un maestro de las dejadas, el golpe de moda en este Roland Garros. Tiene la admiración de todo el circuito. “Merece estar en el top 10 y merece ganar ese tipo de partidos más que muchos jugadores porque trabaja duro, es una persona súper agradable, un tipo muy amable. Todos aman a Diego. Estoy muy feliz por él. Estoy orgulloso de él. Te deseo lo mejor. Definitivamente merece estar donde está. Tuvo mucho éxito en canchas de arcilla, pero a lo largo de los años también mejoró su juego en canchas duras. Ahora es un jugador polivalente”, afirma el número uno, Novak Djokovic.